“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Fui a ver el último estreno de Spielberg, El día de la revelación porque me interesa el tema “extraterrestres”; me interesa desde hace mucho, cuando en radio y TV (menos) escuchaba a veces los programas del Dr. Fernando Jiménez del Oso, psiquiatra y pionero de la ufología en España.

Mi interés tiene también en una experiencia personal. En julio de 1979, junto con dos compañeros más, estando en El Escorial en un Congreso, tras la cena, desde el gran ventanal de nuestra residencia avistamos, a corta distancia, OVNIS que fueron más de cinco, con una insólita luminotecnia (no cegadora), una rapidez de desplazamiento en zigzag insólita y cero emisiones sonoras, lo que no daba lugar a dudas: eran objetos voladores no identificados y no era tecnología humana. Todos lo vimos con estupor y al día siguiente la prensa se hizo eco de estos avistamientos.

De otro lado, últimamente he leído que hay operaciones de transparencia lideradas por Estados Unidos, con la liberación de más de 160 informes históricos y nuevas entregas de datos por parte del Pentágono, el FBI y la NASA que contienen fotografías infrarrojas, vídeos y reportes de avistamientos desde 1947, de objetos inclasificables.

En nuestra sierra de Cádiz se avistaban estas naves hace más de treinta años y, además, en España se han liberado 80 expedientes (1.900 páginas), con informes de avistamientos. Siempre he pensado que, para bien o para mal, la presencia de otros seres venidos de mundos intergalácticos significaría un acontecimiento único para la humanidad, la ciencia, e incluso para la teología y la propia religión.

No es rara, pues, mi afición a las películas sobre esta temática, de lo cual he ido dando cuenta en estas páginas en las entregas: OVNIS y extraterrestres, Extraterrestres y conspiranoia, o, Epopeyas espaciales. En estos artículos ya comenté dos títulos de Spielberg al respecto: E.T. el extraterrestre (1982) y Encuentros en la Tercera Fase (1977).

Hoy comento otras dos películas de Spielberg: el estreno: El día de la revelación (2026); y, La guerra de los mundos (2005).

EL DÍA DE LA REVELACIÓN (2026). El tema extraterrestre tiene una larga historia en la cinematografía de Spielberg. Esta historia de éxitos y este interés por los lo ha llevado a su nuevo thriller de ciencia ficción que ahora comento.

Spielberg ofrece en esta obra una visión imaginativa de cómo sería la humanidad si descubriera que no está sola en el universo, e igualmente, sobre los denodados esfuerzos de algunos por mantener esa información oculta. Película que trata más sobre nosotros que sobre seres intergalácticos.

Hay una trepidante escena inicial, que parece sacada alguna de las películas de Indiana Jones, donde Daniel Kellner (O’Connor) tiene que rescatar a su novia Jane (Hewson) de un grupo de matones agentes del gobierno.

El asunto es que Daniel, un exconvicto experto en ciberseguridad, forma parte de un grupo de informantes de la turbia agencia WARDEX que consiguieron pruebas en pendrive, de un encubrimiento masivo de 80 años atrás, que, de ser revelado, supondría un punto de inflexión para la humanidad y la civilización, sobre la presencia en la tierra de alienígenas.

El jefe de WARDEX, Noah Scanlon (Firth), quiere evitar que salga a la luz esa información, debido a las consecuencias potencialmente devastadoras, desestabilizadoras y de enorme crisis que tendría la noticia para los ciudadanos.

Mientras, en Kansas City, la meteoróloga de televisión Margaret Fairchild (Blunt) sueña con ser presentadora de noticias, en tanto presenta la previsión del tiempo. Pero tras la extraña visita de un ave “cardenal” que entra volando por su ventana, de repente empieza a hablar en un idioma extraño, asustando a su novio Jackson (Russell) y a sus compañeros de trabajo. Además, habla inopinadamente en coreano con un invitado del plató, o sea, tiene don de lenguas.

Daniel y Jane huyen, con la ayuda de Hugo (Colman Domingo), aliado de este, para mantenerse fuera del radar de control de los “malos”.

De otra parte, Margaret se siente extrañamente atraída por Daniel, al que nunca ha visto antes. Su conexión —y sus misteriosos pasados ??compartidos— se van revelando a lo largo de la película, y Daniel y Margaret se encuentran y trabajan juntos como piezas clave para un objetivo común: desvelar un misterio de dimensiones increíbles: no estamos solos.

En el filme hay mucha intriga extraterrestre, pero la trama humana funciona aún mejor, gracias a un reparto inspirado. La actriz Emily Blunt está fantástica en un papel que será crucial en su carrera, encarnando a Margaret, una mujer con muchos misterios en su interior, capaz de hablar lenguas extrañas o llegar a comprender a las personas en un nivel muy profundo.

Es una máquina de empatía, el contrapunto perfecto de Scanlon, cuyo personaje encarna muy bien Colin Firth, caracterizado por su crueldad y una moralidad mal entendida.

Josh O'Connor interpreta al héroe, un informático de primer nivel, que destaca especialmente en los momentos de gran carga emocional junto a Blunt y Eve, su novia, una exnovicia que le acompaña. El personaje de esta exmonja, Hewson, y O'Connor protagonizan una escena profunda de la película, en la que se debate en qué manera la existencia de extraterrestres afectaría la fe religiosa de la gente en Dios.

Porque las implicaciones religiosas es una de otras muchas ideas sustanciales en las que Spielberg profundiza junto al guionista David Koepp ("Jurassic Park"). Tiene además secuencias de acción apoteósicas, desde una persecución automovilística en una granja, hasta una escalofriante colisión de trenes con los protagonistas agarrados por los pelos a la locomotora.

A ello hay que añadir la impecable banda sonora del nonagenario John Williams, que la compuso a petición de Spielberg, y la brillante fotografía de Janusz Kaminski.

De los elementos de ciencia ficción alienígena de Spielberg, algunos son más logrados que otros: un "dispositivo" cósmico que funciona de manera diferente según quien lo posea, es uno de los aspectos más desconcertantes, y otras cosas quedan sin explicación, puede que a propósito por el astuto Spielberg.

En fin, el clímax fascinante es uno de los mejores de la legendaria carrera de Spielberg, lo cual es mucho decir. El pasado y el presente se entrelazan de una manera tan cautivadora que el cineasta lleva su premisa a una conclusión lógica, honesta y conmovedora.

Hasta que aparezcan extraterrestres de verdad, estamos frente un relato extraordinario, fruto del increíble talento de Steven como narrador.

 

LA GUERRA DE LOS MUNDOS (2005). Película emocionante y llena de acción de Spielberg, adapta la novela de H.G. Wells de 1898, de mano de los guionistas Josh Friedman y David Keopp, que trasladan la historia al presente, situando la ciencia ficción aleccionadora de Wells en una época en la que la invasión alienígena se sospecha por primera vez que es terrible.

Pero no lo es de cualquier forma, es un exterminio despiadado por parte de seres tecnológicamente superiores que codician los recursos de nuestro planeta.

Su ataque es mundial, pero se ve a través de los ojos de una familia estadounidense: Ray (Cruise), un padre divorciado y desaliñado, y sus dos hijos (Dakota Fanning y Justin Chatwin), que lo visitan en Nueva Jersey durante el fin de semana.

Ray Ferrier es un estibador y un padre irregular. Estando con sus hijos de visita, estalla una tremenda e inesperada tormenta eléctrica. Al poco, Ray es testigo de un acontecimiento que cambiará su vida y la de los suyos: una enorme máquina de tres patas emerge del suelo y lo arrasa todo.

De repente, extrañas tormentas magnéticas provocan apagones en todo el mundo y de las calles temblorosas brotan enormes máquinas que se han activado tras accidentes eléctricos.

Estos monstruos metálicos, que evocan el texto de Wells, son un clásico de la ciencia ficción. Trípodes enormes que escupen tentáculos de terror y rocían rayos de muerte, causando una devastación catastrófica sin previo aviso ni negociación.

Ray huye con los niños, con la esperanza de reunirse con su exesposa en Boston. Pero las hordas de refugiados no tienen dónde esconderse. Los edificios quedan reducidos a escombros. En campo abierto, los soldados disparan ineficazmente contra el enemigo. En el agua, un ferry sobrecargado es un blanco fácil.

Tal hecatombe se ve magnificada por la sólida interpretación de Tom Cruise, como un valiente protector, y Dakota Fanning, como el rostro de la angustia y el asombro de una niña. Pero también se ve realzada por la dirección implacable y dinámica de Spielberg y unos efectos especiales de gran calidad.

El entrañable cineasta de películas con extraterrestres amistosos (Encuentros en la tercera faseE.T.), nos ofrece en esta cinta una versión muy diferente, seres despiadados que vienen a apropiarse de la Tierra.

Aunque sabíamos que Spielberg era muy bueno para las películas de acción, en esta alcanza una elevada nota. Esta anti- ET está tan bien lograda que hace que lo que empieza como un espectáculo grandioso y una aventura impresionante, se convierta en una dura prueba y una pesadilla.

Cadáveres hinchados flotan río abajo. Humanos aterrorizados se atacan entre sí. Sondas metálicas retorciéndose se introducen incluso en sótanos infestados de ratas. Esto va más allá de una película de acción: es una historia oscura, espeluznante y profundamente perturbadora.

En este contexto, la aparición de Tim Robbins como un superviviente medio cuerdo es algo cercano al alivio cómico. Y el final, aunque fiel a Wells, parece repentino y simplista.

Pero llegar hasta aquí es un logro asombroso, y su lección es tan relevante ahora como lo fue cuando Wells, temiendo una guerra mundial, impulsó la creación de la Sociedad de Naciones, o cuando la versión radiofónica de Orson Welles de 1938 reflejó las ansiedades previas a la guerra desencadenando el pánico social.

Agresiva, sórdida, ruidosa y agobiante, más que un mero cuento de ciencia ficción, esta obra nos muestra que, en un universo peligroso, debemos ser un solo mundo, una sola humanidad.