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Miloš Forman es un director checo-estadounidense conocido sobre todo por sus películas Amadeus (1984) y Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), pero en sus comienzos, en su Checoslovaquia de los sesenta, fue un furibundo anticomunista.
A dos películas suyas en esta línea me refiero: ¡Al fuego bomberos! (1967); y, Pedro, el negro (1964). Ambas muy recomendables.
¡AL FUEGO, BOMBEROS! (1967). El tema del filme surgió por casualidad cuando los guionistas y Miloš Forman, asistieron al baile de bomberos local en el pueblo checo de Vrchlabí. Esta experiencia determinó tomar el baile de la fiesta, como eje de una película.
La película dio oportunidad a los pobladores de hacerse cargo de la mayoría de los papeles. La parodia fue prohibida porque se dijo, se burlaba de la clase trabajadora. Esta prohibición se levantó cuando el reformista Alexander Dub?ek se convierte en jefe del Partido Comunista, 1968.
Finalmente, la película fue sacada del país y nominada a los premios Óscar e hizo que M. Forman emigrara a los Estados Unidos.
Comedia satírica y agridulce
Comedia agridulce de Forman, que, con un pretexto argumental mínimo, trazó una acendrada radiografía de la sociedad de su país, cuando este era comunista.
Con unos pocos rasgos, la película recoge de modo lúcido, festivo y amargo, las miserias y las grandezas. Pues la causa primera del baile en el filme es rendir homenaje al exjefe de bomberos del lugar, un hombre de 86 años.
Está también la mezquindad de aprovechar la “nocturnidad” y la picaresca para apropiarse con alevosía de los regalos y objetos que se iban a rifar en la fiesta. Pues en el baile hay una tómbola cuyos premios son robados.

Tiene la peli un estilo narrativo ágil, que usa la música con enorme inteligencia. Todo el metraje está cargado de un humor mordaz y el caos que sucede se maneja genialmente, in crescendo, desde el concurso de belleza, el baile, la orquesta, todos los sucedidos resultan naturales y graciosos.
El momento más chocante es el concurso de belleza, en el cual los maduros bomberos examinan a una serie de muchachas del pueblo intimidadas por los señores trajeados de bomberos que pueden ser sus padres o abuelos.
Los organizadores no saben si para el concurso de belleza hay que mirar las piernas, o los pechos o quizá a la cara… ni a qué chica anotar para el concurso y a cuál no, la cosa pinta complicada.
La situación llega al punto álgido cuando uno de los bomberos intenta explicarles cómo caminar y las pobres chicas empiezan a dar vueltas, muy cortadas, creándose una situación absurda y grotesca.
Formidable apoyo de la fotografía de Miroslav Ondrícek, que resalta en particular en las escenas de fuego y en el memorable y triste plano final.
El resultado es un filme costumbrista y coral poblado por personajes extravagantes y situaciones irrazonables y jocosas. Forman no busca crear gags, sino hacer crítica del caos y el absurdo del baile.

En el tramo final la situación se descontrola del todo: se produce un incendio que los bomberos no pueden atajar. Intentan en vano que la gente devuelva lo que ha robado de la tómbola y finalmente se quedan los bomberos solos con el pobre Presidente de bomberos.
Esa solitaria y entrañable figura patética que no es consciente de lo que sucede y a quien han olvidado durante todo el baile, a pesar de que era en su honor. Además, cuando le van a hacer entrega de una pequeña hacha de bombero simbólica, resulta que la han robado también.
La censura
Aunque el filme no es abiertamente político, las autoridades no tardaron en prohibirlo al ver en él una alegoría cáustica justamente al sistema político.
Sin duda se vieron reflejados en ese cuerpo de bomberos incompetente y caótico incapaz de llevar adelante una celebración, tampoco su trabajo cuando aparece un incendio. Lo curioso es que no hay nada explícito en la película, más que lo que se ve.
Los censores hicieron una acusación inapropiada que, en lo manifiesto, no tenía relación con lo político, tampoco el tema, PERO sí el sentido, claro.

La afrenta de Forman al comunismo checo
Realmente Forman creó una película crítica del comunismo, delante de las narices de los censores del Partido Comunista, con mucha inteligencia y sagacidad.
La hilaridad que emanaba sorteó los radares de los dirigentes, al menos temporalmente. O sea, fue la ineficiencia de la burocracia comunista la que dio el visto bueno a la película.
Forman, burlonamente, mirando a la cámara, con la cara seria reafirmó que «no se trata de bomberos, que los bomberos en la película son simplemente símbolos de toda la sociedad y el director solo quiere que el espectador se divierta».
Este filme es una farsa de la sociedad comunista. Lo que le da efectividad es que el director no fuerza las críticas grandiosas. En cambio, permite que brille el ridículo que viene a través de la eventual inoperancia (de los bomberos) para alcanzar los resultados deseados.
Desde el comienzo de la película, todo lo que puede salir mal sale mal: una pancarta se incendia, alguien se cae de una escalera y luego otro roba un pastel. La película presenta personas que roban comestibles, cosas básicas.
Todos en esta película sospechan de los demás. Además, los bomberos usan uniformes que se parecen a los militares. La sutileza es la gran arma de Forman.
El punto elevado de locura es cuando un bombero razona: «todos los que compraron un boleto de rifa, pero que no robaron son estúpidos por no robar».

Cerrando
Obra que tiene un gran interés cinematográfico e histórico; una comedia bufa de aquel comunismo que era de todo menos gracioso.
A Miloš le reprocharon haberse ido al hollywoodiense mundo del dinero, a lo que él replicó que prefería estar de ese lado donde los intereses eran claros y compartidos, que sumiso a una dictadura que no conocía la lógica.
Forman (1932-2018) había presenciado cómo sus padres, un profesor judío y una madre protestante, fueron arrestados y muertos en los campos nazis. Finalmente compensó su angustia convirtiéndose en un director inteligente y transgresor.
En Encadenados
PEDRO, EL NEGRO (1964). La película es la historia cotidiana de Pedro (sensacional Ladislav Jakim), un aprendiz de 16 años que trabaja en verano como dependiente en una tienda, vigilando para evitar hurtos.
Esta tarea de vigilar a los clientes es una representación del clima de sospecha del régimen comunista y Forman se apresta a mostrarnos que la vigilancia degrada al vigilado y al vigilante.
Aunque el jovenzuelo se siente principalmente llamado por la diversión, su triste destino y su padre, hacen que tenga que ir al supermercado y aguantar al jefe (Frantisek Kosina), soportar los reproches de su padre (magnífico el actor amateur Jan Vostrcil) y la resignación de la madre (Bozena Matuskova).
Justamente, Pedro se mete en líos después de echarle el ojo a un cliente sospechoso (Antonin Pokorny) y haber sido demasiado tímido como para dirigirse a él.
En casa, su pedante padre prosigue con sus sermones (el padre es símbolo del Estado socialista) y para colmo de males, su novia se desvive por un amigo suyo (Majka Gilarova).

La película está basada en una novela de Jaroslav Papousek (amigo de Forman), pero el director introduce acertadamente las actuaciones de su reparto y los diálogos, que, más que literarios, parecen auténticos.
El muchacho intenta acercarse a una chica, Míla (Jaroslava Razova), en un baile local, pero su inseguridad lo paraliza. El cuento se construye a partir de episodios casi anecdóticos que revelan un profundo malestar generacional.
Como en otras de sus películas, Forman convierte la vida normal en un espejo que refleja las tensiones sociales de una sociedad rígida y desconectada de la juventud. Ello, con una estética naturalista y gran magisterio para ser su primera película.
Obra fundacional del Nuevo Cine Checoslovaco
Estamos ante una de las películas que definió el tono del nuevo movimiento cinematográfico checo de los sesenta, caracterizado por el realismo cotidiano, un humor tímido y crítica social con una juventud atrapada por el comunismo.
O sea, cine de sesgo humanista y sarcástico, sensibilidad hacia los marginados y gran talento para capturar la verdad emocional en situaciones triviales. Una filmación tan natural que incluso puede parecer improvisada, pero que está cuidadosamente construida, que muestra un mundo rígido y burocratizado.

Argumento y la torpeza como resistencia
La historia sigue a Pedro, un adolescente que empieza a trabajar como aprendiz en una tienda, para vigilar a los compradores y detectar posibles ladrones. Pero Pedro es tímido, inseguro y torpe.
En la obra no vemos grandes conflictos, pero sí un cúmulo de pequeñas humillaciones y silencios incómodos, que revelan la presión social sobre los adolescentes.
Forman arremete implacablemente sobre el régimen checoslovaco comandado por el Partido Comunista bajo el liderazgo de Antonín Novotný: Secretario del PC checo y Presidente de la República.
Temas principales
Entre las temáticas recurrentes de la obra tenemos el “choque generacional”, aspecto este que Forman retrata mordazmente evidenciando la distancia entre adultos autoritarios y jóvenes desorientados.
Critica el clima paranoide, de sospecha y de control del régimen comunista. Otro asunto es la “incomodidad”, la película está plagada de silencios, miradas perdidas o conversaciones bizantinas que a nada llevan.
También, el “escaso interés” de los jóvenes por el trabajo alienante, poco creativo y mal remunerado. Película, del Nuevo Cine Checoslovaco, que buscaba romper con el didactismo y el normativismo del cine oficial.
Un cine que se aleja de los grandes relatos heroicos que solía promover el régimen, para centrarse en lo pequeño: en los jóvenes y las anécdotas que suceden en un baile, la presión paterna, etc. En estas pequeñas cosas, reside la fuerza del filme.

Naturalismo y precisión
La película tiene una serie de logros que la hace aproximarse, incluso, a cierto estilo documental. Es llamativa la presencia de actores no profesionales, intérpretes sin experiencia que aportan autenticidad.
En referencia a los actores, Ladislav Jakim encarna a Pedro, con una actuación contenida y verosímil. En cambio, los actores que interpretan a los adultos (Frantisek Kosina, Jan Vostrcil o Bozena Matuskova), adoptan un tono de guasa social sin caer en la burla.
Tiene una fotografía sencilla en apariencia de Jan Nermecek (B&N), cuidadosamente diseñada para capturar la incomodidad de los personajes. Acompaña la música de Jiri SLitr.
De otro lado, el humor es más bien observacional, no busca la carcajada, sino la sonrisa amarga. Un humor basado en la impericia y en la incapacidad para comunicarse.

Reparto y otros aspectos técnicos
Con la ayuda de “no actores” y la poética cámara de Nemecek, Forman captura la autenticidad de los días de verano en un pueblo checo de los 60, antes de la Primavera de Praga.
Con relación a estos actores aficionados, Forman declaró: “Trabajé con todos mis ‘no actores’ sin enseñarles nunca el texto, lo completaban ellos mismos y daban en el clavo”.
Conclusiones
Esta obra es en apariencia modesta, pero encierra una profundidad extraordinaria.
Película profundamente política, revela la alienación cotidiana del socialismo burocrático.











