“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

El baloncesto ha sido desde hace décadas un deporte que en nuestro país tiene gran afición y excelentes equipos y jugadores.

Cuando se ha llevado al cine nos hemos encontrado con dramas de superación personal, comedias familiares e incluso aclamados documentales. Las canchas han servido como escenario para explorar la disciplina, la competitividad o los lazos personales a través de historias reales o ficticias.

En estas entregas de El Vaporcito con el cine he tenido ocasión de comentar películas sobre este deporte como The Way Back (2020); o AIR (2023), de excelente acogida en su momento.

Hoy me referiré al interesante estreno: El sueño americano (2026), de A. Marciano; y, Coach Carter (2005), de Th. Carter.

EL SUEÑO AMERICANO (2026). Jérémy es un joven que trabaja en un videoclub en Amiens, y Bouna, es limpiador en el aeropuerto de Orly. No tienen contactos, tampoco dinero y su nivel de inglés es muy bajo. Nada hacía esperar que estos dos jóvenes acabarían como agentes renombrados en la NBA norteamericana.

Pero estos dos seres marginados, motivados por su pasión incondicional al baloncesto y por su inconmovible amistad, superan todas las trabas y dificultades para alcanzar su sueño: un gran sueño americano.

La historia de años de dificultades los llevó a su primera oportunidad importante: el nuevo contrato de Nicolas Batum con los Portland Trail Blazers en 2012, por 46 millones de dólares durante cuatro años.

Una Feel Good Movie

La expresión inglesa “feel Good movie”, se emplea para referirse a las películas que incitan al optimismo o a la felicidad. Pues bien, en este verano tenemos nuestra feel good movie en esta historia sencilla, que tiene las relaciones afectivas y la buena onda como motor.

Cuenta para ello, como para que podamos empatizar, con una serie de personajes que aseguran el final luminoso y esperanzador que encierra una lección de vida. Además, los protagonistas son personas cercanas con las que el espectador puede identificarse y sintonizar.

La película saca algunas sonrisas y manda mensajes positivos sobre la amistad, la perseverancia, la resiliencia y el trabajo duro. De modo que es una de esas películas para todos los públicos que agrada, de las que uno sale con buen sabor de boca de la sala de cine. Además, la historia que cuenta parte de hechos y personajes reales. Está, pues, anclada en la realidad.

Tenemos la dirección del francés Anthony Marciano, que tiene una forma humana de componer a unos personajes entrañables, afectuosos y buenas personas. Seres de carne y hueso que derrochan simpatía. Es fácil empatizar con ellos e incluso identificarse con lo que les ocurre.

Causa del buen rollo son sus referentes reales: Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana, dos soñadores que pelearon con uñas y dientes para convertirse en los agentes franceses más influyentes de la NBA después de una larga carrera tratando de hacer su negocio viable. Para lo cual se endeudaron y pusieron en riesgo sus relaciones personales.

Un largo camino con penalidades

Jérémy y Bouna se conocen en una cancha de baloncesto. Ambos son jugadores retirados y tienen una pasión común por el deporte de la cesta, así que pronto empiezan a pensar cómo poner eso al servicio de sus carreras.

La idea es convertirse en agentes deportivos. Captan y promueven a jugadores de básquet jóvenes en Francia. Aunque no son conocidos, aportan dos factores importantes: un trato cercano con los jugadores, el mismo idioma y el deseo y la vocación por lo que hacen.

Al principio quieren asociarse a figuras asentadas y ya profesionales, pero se dan cuenta de que en la profesión hay mucha gente sin escrúpulos. Emprenden entonces el camino más largo: fichan y entrenan jugadores con buena predisposición y habilidades, pues son avezados ojeadores.

Para más, aprenden inglés para conseguir apoyos en Norteamérica, se mueven cuanto pueden sin descanso en ese complejo mundo e invierten en su negocio, a pesar de las dificultades y los números rojos.

Las deudas llegan a estrangularlos, pero siempre encuentran la manera de seguir adelante, no rendirse, no tiran la toalla, son incombustibles y refractarios al desaliento, siempre en pos de alcanzar sus objetivos.

Estamos ante una película que no edulcora la realidad, al contrario, expone a las claras los enormes problemas y el esfuerzo que supone la labor de estos baloncestistas. Aunque por momentos Marciano trate el cometido con sentido del humor.

Incluso en las fases más dramáticas, la construcción de los personajes es muy buena, tal que la obra consigue mantener un tono agradable y entretenido. Ayuda intuir en todo momento que el final será amable y, además emocionante a más no poder.

Es cierto que el clímax es efímero, pero satisfactorio a la vez, enlazando todo ello con imágenes reales tanto de la pareja protagonista como de algunos de sus fichajes estrella (muy bueno el punto de las camisas vaqueras).

Guion y reparto

Si la película funciona así de bien es gracias, fundamentalmente, a la escritura de guion del propio Marciano, inspirada en la historia real de los agentes deportivos que he mencionado, y a los dos cómicos franceses de culto que los interpretan: Raphaël Quenard y Jean-Pascal Zadi que hacen sendos trabajos sensacionales, conjuntados y con química entre ambos.

Además de esta química en pantalla, sus personajes están trazados con esmero para ser complementarios. Uno es cuadriculado y obstinado; el otro es creativo e intuitivo. Juntos forman un tándem ideal, así que estamos ante una buddy movie deportiva en la que el todo es más que la suma de las partes.

Aunque es una película de superación personal porque ambos tienen por delante una carrera de obstáculos, una empresa en la que no paran de derribar barreras (idiomáticas, protocolarias, financieras, etc.), la cinta no es una película facilona, que busque la lágrima fácil, ni se ampara en estereotipos ajados.

Marciano juega bien con los momentos de micro suspense, con las fechas que vencen, con unos protagonistas cuyos pulsos emocionales van a buena marcha y son intensos, pero sin forzar la máquina ni crear sensaciones límite desagradables.

Cerrando

Película que arranca con Jérémy trabajando en un videoclub en Amiens y Bouna limpiando en el aeropuerto de París-Orly.

Su objetivo es ambicioso y no arredran, a pesar de no tener dinero, sin contactos y con un inglés básico, pero la decisión es firme: convertirse en agentes de jugadores franceses para la NBA.

La trama profundiza en la amistad inquebrantable de ambos protagonistas y en el esfuerzo titánico para triunfar al frente de COMSPORT: Agencia Internacional de Representación de Baloncesto en Élite, fundada en París.

Más extenso en revista de cine ENCADENADOS

 

COACH CARTER (2005). Basada en la historia del entrenador de baloncesto Ken Carter quien, en el Instituto de Richmond de California, priorizaba las notas académicas sobre el deporte. A pesar de que su equipo llevaba una excelente racha de 14 victorias consecutivas, tomó una decisión con respecto a algunos de sus jugadores, que le hizo famoso a nivel nacional.

Jackson argumenta en contra del mensaje anti-intelectual que sugiere que el éxito para los jóvenes negros se busca mejor en el mundo del rap y en el deporte que en las aulas.

Así pues, esta cinta trata sobre este modelo a seguir. Ken Carter (Samuel L. Jackson), comenzó como una estrella del deporte como preparador y luego tuvo éxito en el ejército y como pequeño empresario.

La cosa es que le piden que asuma el cargo de entrenador de baloncesto, un puesto voluntario no remunerado; el entrenador anterior le dice: "No logro que vengan a la escuela". Ken Carter cree que puede solucionar eso.

Dirigida por Thomas Carter, sin parentesco con el entrenador, sigue patrones de género; no es solo una película deportiva con partidos importantes y escenas clave, sino también una película sobre un entrenador, con discursos inspiradores en el vestuario y difíciles decisiones morales.

Había lugares donde el interés del público por la educación secundaria parece centrarse por completo en los deportes, donde los entrenadores son más importantes que los profesores, donde las puntuaciones son más importantes que las calificaciones.

El entrenador Carter quiere cambiar esto. Entra en un gimnasio dominado por estudiantes deportistas ruidosos, arrogantes e irrespetuosos, y se impone con la fuerza de su actitud. Establece reglas. Exige que los estudiantes firmen un contrato, comprometiéndose a mantener un promedio de notas decente, como condición para estar en el equipo.

Se enfrenta a los problemas habituales de personal; un jugador estrella llamado Kenyon Stone (Ron Brown) tiene una novia embarazada llamada Kyra, y ella ve una amenaza para su futuro en la determinación de Carter de que sus jugadores entren a la universidad.

La decisión más drástica de Ken Carter, que acaparó la atención mediática en 1999, fue clausurar el gimnasio, dar por perdidos los partidos y poner en peligro las posibilidades de título del equipo después de que algunos de sus jugadores se negaran a cumplir con los términos del contrato.

La comunidad, claro, se indignó de que un entrenador antepusiera las calificaciones a la victoria; para ellos, el futuro de los estudiantes deportistas reside en la NBA, no en la educación.

Dadas las escasas probabilidades de llegar a la NBA (demostrada de forma dramática en el excelente documental "Hoop Dreams”, 1994), este razonamiento es como considerar la lotería un mejor medio que trabajar para ganarse la vida.

Jackson tiene los típicos discursos grandilocuentes que se les asignan a todos los entrenadores en todas las películas deportivas, y los interpreta a la perfección. Su pasión hace que escenas familiares parezcan nuevas.

"Veo un sistema diseñado para que fracasen", les dice a sus jugadores, señalando que los jóvenes negros tienen un 80% más de probabilidades de ir a prisión que de ir a la universidad.

Los créditos finales de la película indican que seis de los miembros del equipo sí fueron a la universidad, cinco de ellos con becas. Se ganaron vidas, no partidos.