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No sólo hizo Hitchcock suspense, también películas de amor. Como muestra van dos de sus obras (maestras) con esta temática: Atrapa a un ladrón (1955); y, Matrimonio original (1941)
ATRAPA A UN LADRÓN (1955). Esta película es sin duda entretenida y con el aliciente de ver en escena a la bellísima Grace Kelly y a un maduro, pero siempre resultón Cary Grant. Obra de amor con algo de intriga criminal.
La cinta ha pasado a la historia, entre otras, porque una de sus escenas se rodó justamente en la mismísima carretera donde la Kelly moriría en accidente automovilístico veintisiete años más tarde como princesa del Mónaco. Toda la acción tiene lugar en la Costa Azul francesa, que sería el hogar de la actriz a partir de su boda con el príncipe Rainiero.
Peli que nos introduce en las suntuosas ciudades de Cannes y Niza, donde cientos de millonarios venidos de todas partes del mundo, disfrutan de las playas, las pomposas fiestas y el juego en los casinos.
Es un verano en el cual se ha sucedido un rosario de robos que trae de cabeza a la policía local. El ladrón, aprovechando la oscuridad de la noche, entra en los hoteles y residencias apropiándose de las valiosas joyas de los visitantes ricachones.

Lo que resulta es que esta forma de operar recuerda a otro afamado ladrón de quince años atrás en el mismo lugar, de nombre John Robie “el Gato” (Grant), quien era muy diestro en este tipo de robos, y que nunca fue desenmascarado.
El tal Robie escondió su fortuna al principio de a II GM y fue un héroe de la resistencia francesa, por lo que la policía y autoridades pasaron página y lo dejaron en paz, siempre que no volviera a delinquir. Robie vive en su lujosa mansión y niega vinculación con estos robos, aunque es sospechoso.
Robie es todo un caballero que además hace gala de un exquisito humor no exento de ironía, a la vez que tiene gran atractivo físico. Es con estos ardides que conoce y enamora a una caprichosa heredera (Kelly), y ve la oportunidad de desenmascarar al verdadero y misterioso ladrón, utilizando como cebo las fabulosas joyas de la madre de la joven (Jessie Royce Landis).

Encantadora y agradable comedia de Hitchcock, dado que los más significados momentos y el brillo de la cinta acontecen al hilo de los intercambios y diálogos amorosos entre Grant y Kelly.
El guion de Michael Hayes es adaptación de la novela “To catch a thief” del escritor californiano David Dodge. El libreto está pensado para los actores protagonistas, dejando al margen el tono de intriga o incertidumbre que habría sido de desear. Poco suspense y excelentes coloquios, mitad amorosos mitad mordaces, entre el rico ladrón y la rica heredera.
No está mal la música de Lyn Murray sensacional la magnífica fotografía de Robert Burks, que le hizo merecedor a un Oscar. Magnífico el vestuario y los preciosos modelos que luce la Kelly; junto con buena puesta en escena y exteriores de gran interés de la Riviera francesa.
Del reparto cabe decir que Grace Kelly volvió a ponerse a disposición de Hitchcock, para gran alborozo del maestro, el cual estaba enamorado de ella, amén de ser un valor en su cine (recuerdo La ventana indiscreta, 1954).
Otro icono del cine Hitch es Cary Grant, que se quería retirar pero que el persuasivo director convenció para fichar en este proyecto, entre otras con el anzuelo de la Kelly. Grant, que en la película ya tenía 50 años, posteriormente se mantendría activo once años más.

Las interpretaciones de la Kelly y de Grant en esta película son estupendas, con química entre ambos, sabiendo hacer sus roles de forma maravillosa, con una Kelly más bonita que nunca y un Grant en plena forma.
Los secundarios John Williams y Royce Landis están fantásticos, el primero como un estirado agente de seguros y la segunda en su papel de madre metomentodo tan adorable como mordaz. Brigitte Auber muy bien como la joven soñadora, y Charles Vanel con buen nivel.
Comedia en ebullición que destaca por su aluvión de parlamentos de una brillantez embriagadora, y los personajes sobrevolando por encima de las situaciones de peligro y extrema emoción.
MATRIMONIO ORIGINAL (1941). Guion sólido, estupenda música de Roy Webb, fotografía muy buena de Harry Stradling Sr. (B&W), planos generales, de situación, planificación teatral, diálogos ocurrentes y divertidos. Así es el filme número veintiséis de Hitchcock y el tercero de su etapa americana.
Para la época, el filme dibuja un matrimonio atípico que se dice bonitas palabras, se levantan juntos, desayunan con besos, se quieren; y a veces se enfadan. O sea, se manejaban con reglas que eran poco convencionales.
El guion de Norman Krasnam adapta un relato propio. Aunque no es suspense, sin embargo, la trama se zambulle en otra clase de intriga: el suspense romántico que conlleva la pregunta: “¿Qué pasará con la pareja protagonista?”
En Hitchcock el amor forma parte del suspense tanto como el asesinato, el chantaje o la traición. Y en esta cinta, Hitch rueda su “única comedia romántica”, con las mismas herramientas que sus obras de suspense. Dosifica al espectador información que los personajes no saben, colocando secretos y sembrando dudas.

Comedia gozosa y alocada
La película es muy divertida, sobre el matrimonio compuesto por el Sr. y la Sra. Simth, que alternan el amor con las desavenencias, discrepancias y pactos para enmendar la cosa. La regla de la pareja es respetarse y no mentirse: matrimonio “ideal”.
Los personajes, la pareja Ann (Lombard) y David Smith (Montgomery) están casados desde hace tres años y llevan una vida acomodada de clase media.
A lo largo del tiempo, entre ellos hay vínculos consolidados, y ambos ejercen sus respectivos papeles, que constituyen los hilos de la mayor parte de cuanto ocurre en la historia.
En ocasiones, cuando la confrontación es máxima y la cosa necesita solucionarse para restablecer el equilibrio, han acordado la estrategia de encerrarse en casa hasta solucionar el litigio y hacer las paces.
Pero tras esta vida en común, el mutuo respeto, la franqueza, los “acuerdos” y el acaramelado envoltorio, va a surgir la duda.

En una de las últimas discusiones la cosa va a llegar más lejos de la cuenta. Al final de la bronca y una vez de nuevo en paz, Ann le pregunta a David si se volvería a casar con ella en caso de empezar de nuevo.
Ella lo tiene claro, pero él, en su afán de ser sincero tal como han convenido, le responde que no se casaría, que un hombre pierde mucha libertad con el matrimonio. Esto abrirá la caja de los truenos con la separación de ambos, como ahora diré.
Quieren las circunstancias que, por una de esas cabriolas de la vida, un señor del pueblo de Ann va al despacho de abogados donde trabaja de David y le confiesa que, por un asunto de papeleo, su matrimonio no lo es a efectos oficiales: no hay matrimonio legal.
Tan sorprendido como alborozado, David intenta ocultárselo a ella, pero cuando Ann descubre la verdad, no se lo perdona y decide volver a la soltería, ganarse la vida y ser independiente.
Continúa la historia con que ella lo echa de casa e incluso empieza a salir con otros hombres para pasmo y desesperación del “ex–marido”.
Hitch muestra una mujer que intenta rehacer su vida, y su esposo yendo tras ella, celoso, queriéndola obligar a que vuelva con él. La actitud de David oscila entre la caballerosidad y cierto ridículo que resulta divertido.
David no sabe qué hacer para volver a conquistarla y parece un desgraciado. Sin embargo, ella, en su salsa, se aprovecha de la evidente torpeza de él y se mueve con soltura y picardía.
Todo se torna más complejo cuando toman conciencia de que su situación marital es ilícita, una farsa flotando por una falla legal. Y este es el precipitador del desenlace de este largometraje cómico y también sarcástico dirigido magistralmente por Alfred Hitchcock.

Estilo screwball (sobre este subgénero ver: Screwball I y Screwbal II)
La consecuencia a esta pregunta es una simpática y muy bien dirigida comedia al estilo screwball. Una pareja, un matrimonio que luego resulta ser que no lo es. Ella impetuosa, ocurrente y errática; él obstinado y enfrentado a los desvaríos de su querida y bonita esposa. Se odian, pero se aman.
Moviéndose alrededor de un error burocrático como vehículo para la historia, principio básico de la screwball-comedy, el caso es una pareja con sentimientos encontrados: primero juntos, luego separados, y acabando el cuento feliz de nuevo.
Pero Hitch refleja que ya no hay matrimonio, han estado viviendo “técnicamente” en concubinato. El magisterio del director desvela el asunto del “no matrimonio” al espectador, pero los protagonistas se enteran por separado.
Contrasta la indiferencia con la que David acoge la noticia, y la extrema importancia que tiene para Ann volver a estar casada (más por cuanto David le dijo que no se casaría).
El desdén de David por el problema burocrático es interpretado por Ann como desinterés por ella y será entonces cuando Ann decida que no quiere casarse con un hombre poco seguro y firme.
Y para jorobar, se le ocurre seducir al socio de David, Jeff (Gene Raymond) en el bufete. Ese triángulo hace a una tensión a tres bandas, a la que se suma la irrupción de los padres de Jeff, que no saben muy bien cómo interpretar la cosa.

Reparto y conclusión
Gran parte del peso de la película recae en la labor de los actores. Robert Montgomery logra una brillante labor de comedia. Carole Lombard, bella y distinguida demuestra su extraordinaria capacidad para el género.
Hitchcock maneja el suspense romántico (burlona crítica al concepto de matrimonio), remite a las relaciones de encuentro y desencuentro de las jóvenes parejas, y la máxima hitchcockiana: “rodar las escenas de amor como las escenas de asesinato, y las escenas de asesinato como escenas de amor”.
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