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El actor Manolo Solo (nombre real Manuel Jesús Fernández Serrano), murió el pasado 30 de julio a los 62 años víctima de un cáncer. Nació en Algeciras (Cádiz), siendo una de las caras más icónicas del cine español.

Manolo Solo perdió a su padre siendo un niño de 14 años y creció desde entonces muy vinculado a su madre. Su vocación de actor le venía justamente de su padre, ya que con 5 años le ponía películas como Capitanes intrépidos (1937), uno de los grandes clásicos del cine, de Víctor Fleming, que marcó al joven Manuel.

Contaba en una entrevista con Días de Cine que fue a raíz de ver aquella película con su padre, que decidió cuál sería su destino. Por eso, fue muy duro para él perderlo tan prematuramente.

Junto a su madre.

Sus progenitores eran maestros, así que estudió Ciencias de la Educación en Sevilla, donde también cursó estudios en el Instituto del Teatro, trabajando como actor por las salas y por las calles. Fue también bajista y guitarrista y su sueño fue ser una estrella del rock.

Llegó a colaborar con grupos como los sevillanos Maga, componiendo la banda sonora del documental Mirarse el ombligo (2010), montando y desmontando un grupo llamado “Camarero Champán” o, de forma puntual, en otras bandas como “Los Kevin Bacons”.

No hace mucho, Solo decidió formar su un proyecto como los Manolo Solo & Also Starring, un homenaje al séptimo arte en un puñado de temas que han sonado diversas películas de la historia del cine y canciones que abordan la cinefilia.

Persona muy querida, su muerte ha causado conmoción y sorpresa en el mundo del cine y también entre los espectadores. Porque Solo fue uno de los mejores de su generación, que no dejó de trabajar hasta prácticamente su final.

Especialmente conmocionado ha sido su círculo más cercano en Sevilla, donde se crio y vivió durante tres décadas, hasta que se trasladó a Madrid.

Ganó el Goya al mejor actor de reparto en 2017 por Tarde para la ira, de Raúl Arévalo, y eso que sólo aparecía en pantalla siete minutos como “El Triana”, un personaje de los bajos fondos, un toxicómano marginal al que Solo aportó una voz al borde de la afonía total. Aunque aparece muy brevemente, protagoniza una secuencia memorable.

Aunque fue sobre todo actor de reparto, Solo también hizo papeles de protagonista, como en Cerrar los ojos, de Víctor Erice, en el que interpretaba a un director sin películas, en un filme de gran repercusión internacional al ser la vuelta de Erice.

Recientemente había participado en la miniserie Anatomía de un instante, basada en la obra de Javier Cercas sobre el golpe de Estado del 23F de 1981, interpretando magistralmente al general Gutiérrez Mellado (abajo la comento).

Últimamente protagonizó también la maravillosa película Una quinta portuguesa, de Avelina Prat, haciendo de triste profesor universitario abandonado por su pareja. En el último festival de Cannes tuvo buena acogida Aquí, de Tiago Guedes, basada en la obra de J. M. Coetzee, una cinta que aún no ha llegado a las salas de cine.

Además de su Goya/2017, estuvo nominado por su trabajo en B (2015), película de David Ilundain, donde interpretaba al juez Ruz, que instruyó el caso Bárcenas; igualmente por su papel en El buen patrón, de Fernando León de Aranoa.

En el teatro participó en producciones como las obras documentales Ruz Bárcenas (2013) y El rey (2015), dirigidas por Alberto San Juan y llevadas luego a la gran pantalla.

Trabajó con reconocidos directores como Carme Portaceli (Mrs. Dalloway), Miguel del Arco (El inspector), Juan Diego Botto (La última noche de la peste) o Roger Gual (Smoking Room: Premio de la Unión de Actores al mejor actor secundario de teatro). Entre sus series, Los misterios de LauraAmar en tiempos revueltosAída, 30 monedas Celeste.

Otros de sus trabajos fueron en Celda 211El laberinto del faunoLa flaqueza del bolcheviqueLa isla mínimaBiutiful7 Vírgenes... y hasta como doblador de Dragon Ball Z. En muchas ocasiones le pedían papeles de villanos, malvados, crueles, psicópatas, lo que a veces achacaba a su cara con bolsas bajo los ojos.

Tenía pendiente de estreno la película La desconocida, de Gabe Ibáñez, en la que compartía protagonismo con Candela Peña, Pol López, Ana Rujas y Kira Miró.

Trabajó Manolo en más de cincuenta películas, debutando con El vivo retrato (1986), de Mario Menéndez, y desde entonces no paró de trabajar.

Trabajó con grandes directores/as como Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu, Fernando León de Aranoa, Alberto Rodríguez, Daniel Monzón, Sigfrid Monleón (El cónsul de Sodoma), José Luis Cuerda (Tiempo después), Óscar Aibar (El gran Vázquez) o Isabel Coixet (Elisa y Marcela), entre otros.

También participó en decenas de series de televisión, películas y cortometrajes, además de obras teatrales como Mrs. Dalloway, Smocking Room, Las guerras correctas de G. Ochoa, El inspector, Ruz/Bárcenas, Los cuerpos perdidos, Días mejores, Romeo y Julieta, Los últimos días de la peste, Bodas de sangre o Las de Caín.

Y desempeñó una importante carrera como doblador y director de doblaje. Un trabajo menos desconocido que le permitió interpretar a personajes míticos como Beerus en Bola de Dragón Z, o clásicos como Lo que piensan las mujeres, de Ernst Lubitsch (donde doblaba a Burgess Meredith).

Siempre fue un profesional exigente, un actor cimero, puntero: Descansa en paz.

Algunas de sus películas en esta sección

Menciono aquí, de la más actual y orden descendente, títulos que he ido comentando en estas entregas de El Vaporcito con el cine y que las puedes leer en un clic, acceso rápido.

Una quinta portuguesa (2025), nuestro actor hace un papelón como un hombre cualquiera, un hombre bueno buscando un nuevo horizonte.

A la cara (2025), es una película rigurosa sobre la crueldad y el acoso en las redes sociales donde Solo hace un meritorio rol como como personaje rígido y de mucha tristeza, donde ofrece recovecos interesantes que diseccionar, entre otros, la crisis de los padres de hoy con hijos en plena adolescencia.

Cerrar los ojos (2023), con varios diálogos a dos de Manolo Solo y Mario Pardo, de Solo y Ana Torrent, de Solo y Soledad Villamil, momentos culmen de la obra.

Girasoles silvestres (2022). Su personaje, Roberto, ayuda a mostrar otra faceta del recorrido emocional de Julia en la búsqueda de estabilidad en figuras adultas, que terminan de sostenerla.

El buen patrón (2021), Solo genial como antiguo empleado y mano derecha del jefe, un hombre servil cuyos lados más interesantes sabe Solo sacar a flote con gran pericia.

Llenos de gracia (2022), donde hace del párroco, que brinda momentos muy graciosos, un trabajo breve pero que destaca en la cinta.

Sevillanas en Brooklyn (2021). Solo, imparte una nueva lección de versatilidad con los diálogos justos.

Celda 2011 (2009), donde interpreta a la máxima autoridad administrativa de la cárcel donde se desencadena el motín.

Películas para comentar

Ahora me refiero a dos películas en las que nuestro actor tiene su protagonismo. Me refiero a Anatomía de un instante (Serie TV) (2025), de A. Rodríguez; y, El guardián invisible (2017), de F. González Molina.

ANATOMÍA DE UN INSTANTE (2025). Miniserie de TV que parte del golpe de Estado del 23F, en la España de 1981, que disecciona uno de los momentos cruciales de la reciente historia patria: la transición democrática.

Es cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entra en el Congreso pistola en mano. Solamente tres hombres se mantuvieron sentados en sus asientos mientras el resto se agachaba para ponerse a salvo. Estos tres hombres fueron: Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Gutiérrez Mellado.

Alberto Rodríguez adapta la novela homónima de Javier Cercas, en una seria obra de nuestra ficción y thriller político de sello cañí. Se teoriza sobre aquella jornada de militares con metralleta en mano en el epicentro político de nuestro país.

Solo como el General Gutiérrez Mellado.

Pero a lo que vamos, en esta serie tenemos el ejemplo de un legado que habla de la grandeza de Manolo Solo como el general Gutiérrez Mellado, en uno de los trabajos interpretativos más acertados en las recientes series españolas.

De una figura semidesconocida, tenaz y rocoso en su aparente fragilidad, el militar que acompañó a Suárez en la construcción de la Transición, el fallecido actor algecireño levantó un creíble retrato. Entre la compasión, lo entrañable y lo heroico.

Por cierto, como Suárez, otro actor de Algeciras, el internacional Álvaro Morte. Ambos paisanos recrean con credibilidad el dúo que deconstruyó los estertores de una dictadura para que fueran la base de un sistema acorde con los tiempos nuevos que nos llevaban a Europa.

 

EL GUARDIÁN INVISIBLE (2017). El guardián invisible es una película del celebrado Fernando González Molina, que no defrauda en este filme pulcro y artesano, con el tinte del cine policial americano, pero a la vez muy español, dada la temática, el entorno cultural y la idiosincrasia de los personajes.

Ritmo excelente, tensión in crescendo y un suspense y misterio que se mantiene hasta el final. Fernando González confiesa que "siempre había querido rodar un thriller empático" y que esta fue la ocasión ideal. A la vez, define su película como "un thriller muy emocional", que busca centrarse en el drama personal de la protagonista.

Estamos en Navarra, en los márgenes del río Baztán. Aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en circunstancias que relacionan ese crimen con otro ocurrido un mes atrás; el cadáver está pulcramente peinado y tiene una pieza de la pastelería local en la zona del pubis.

La inspectora Amaia Salazar (Marta Etura) formada en los EE. UU., en Virginia, con el FBI, es enviada por la policía foral navarra, desde Pamplona a Elizondo, para que investigue el caso junto con un equipo bajo su mando. Amaia es del pueblo, del cual guarda recuerdos amargos.

La inspectora Amaia Salazar, una vez comienza a dirigir la investigación, se da cuenta de que se trata de un asesino en serie con un particular modus operandi. La investigación se mezcla con los fantasmas y el pasado de Amaia, sus hermanas, cuñados y su querida tía. Pueblo “profundo” donde abundan las supersticiones, la magia y la brujería.

González Molina maneja las formas y maneras de construir un thriller bien narrado. La historia es fruto de una adaptación brillante y fiel que el guionista Luiso Berdejo hace de la novela homónima de Dolores Redondo.

Cuenta una historia que se mueve entre la profesionalidad de la protagonista, la oficial de policía encargada de resolver los casos de asesinato, y su esfera personal, que será importante y sorprendente, al igual que el desenlace de la indagación.

Tanto González Molina como Berdejo no defraudan, construyendo un buen retrato de los personajes y de su pasado, del entorno navarro en el que se desarrolla el entramado inquietante de muchachas asesinadas una tras otra, y comandando las pesquisas una agente sagaz y experimentada.

Destaca el elemento mágico de la cultura de la zona, encarnado en la protagonista Amaia, su capacidad incluso extrasensorial, su intuición y su perspicacia psicológica que la hace sensitiva al mal y que finalmente, debe acudir a sus orígenes para averiguar el quid que explicará los crímenes.

Hay que unir a esto una banda sonora de gran empaque de Fernando Velázquez, que te introduce en los adentros del valle empujando a la intriga y al misterio, lo cual acompaña y ayuda a que el espectador se mantenga en vilo todo el metraje.

Es excelente la acrisolada fotografía oscura rodada al límite del día, como precisa la historia, de Flavio Martínez Labiano, un maestro de la luz. La resultante es una película profesional que sabe lo que quiere y sabe a dónde va, sin olvidar el sello comercial que la cinta pretende.

En cuanto al reparto, la película pivota sobre el personaje que interpreta de manera inmensa Marta Etura, en un papel complejo en el cual hay de todo: experta inspectora de policía que nos conduce a un mundo hipnótico guiada por su valentía y su intuición; mujer perseguida por su drama personal y miedos de infancia, que incluyen una madre demente.

Con la ayuda de un inspector americano de color, llega a la convicción de que la solución del caso está en ella misma, en el autoconocimiento (“conócete a ti mismo”).

El resto es todo un homenaje a los actores de reparto, pues tiene, tanto la novela como el filme, personajes muy variados encarnados por figuras muy interesantes de la interpretación.

Manolo Solo es el Dr. Basterra, que sirve como puente entre la investigación policial y la evidencia forense, ayudando a Amaia a interpretar hallazgos y a comprender mejor el patrón del asesino; su rol, aunque breve, contribuye a la atmósfera de rigor y tensión que caracteriza la película. Un personaje que aporta información científica clave para avanzar en el caso. Solo tiene una presencia discreta pero eficaz, como es habitual en él, y las veces de elemento sólido dentro del engranaje narrativo. Amén de Elvira Mínguez (hermana); Juan Carlos Librado (´Nene´).

La película goza de unos exteriores asilvestrados y hermosos, y panorámicas, rurales pintorescas. Fue rodada durante nueve semanas entre Madrid y el Valle del Baztán, en localidades como Lesaka y Elizondo, que es el lugar donde transcurre la novela.

De manera que no sólo es un policial, confluyen, además, aspectos psicológicos y un retrato socio-antropológico interesante.