
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Después de bastantes jornadas con una cartelera de cine un poquito falta de estrenos buenos, en este final de mayo, entrando en un junio caluroso y playero, nuestras salas portuenses y gaditanas han estrenado algunas obras interesantes.
A dos de ellas dedico esta entrega: El drama (2026), de K. Borgli; y, A la cara (2025), de J.Marco.
EL DRAMA (2026). Charlie (Pattinson) es un conservador de museo a punto de casarse, un moderno que no tardará en estar angustiado hasta el tuétano. Aunque Charlie, pálido y taciturno, con el pelo cayéndole sobre la cara y mirando a través de sus gafas melancólicamente, ya se muestra nervioso desde la primera escena.
En un encuentro casual dentro de una cafetería, Charlie finge haber leído la novela en la que Emma (Zendaya), sentada junto a la ventana, está absorta. Charlie utiliza este truco para iniciar una conversación y conocer a la mujer.
Emma, ??interpretada por Zendaya, parece una persona alegre y optimista, con una personalidad encantadora, sonriente y equilibrada. Para Charlie y para el espectador, es la chica ideal. Charlie y Emma se convierten en pareja. Su relación queda plasmada en montajes rápidos (sexo apasionado y alegría); y se comprometen a casarse.
La cinta da un salto y una semana antes del gran evento, cuando están probando el menú de la boda, bebiendo demasiado vino, junto al padrino de Charlie, el extrovertido Mike (Mamoudou Athie), y la esposa de este, la mordaz Rachel (Alana Haim), que es la dama de honor.

La cosa es que los cuatro empiezan a jugar a un juego: ¿Qué es lo peor que has hecho en tu vida? Uno de ellos cuenta algo espantoso: Rachel llegó a encerrar en un armario a un discapacitado y lo dejó una noche entera, algo bastante grave. Los chicos cuentan las suyas.
Emma confiesa que cuando tenía 15 años, sufriendo acoso escolar, pensó en cometer un tiroteo en la escuela. Tenía el arma (un fusil de asalto de su padre) y lo había planificado todo. Pero por circunstancias (entre otras practicó con la escopeta, lo que le provocó sordera en un oído), no lo hizo. Mas cuando acaba de contarlo todos en la mesa quedan atónitos. Especialmente Charlie, a quien lo invade el miedo de que su prometida sea una psicópata.
Esta es la idea de la película, que resulta a la vez espinosa y no del todo convincente. Incluso cuando el filme nos muestra la adolescencia de Emma, ??interpretada por Jordyn Curet, retratada como una joven infeliz y traumatizada, una adolescente de color solitaria y acosada, fantaseando con la idea de cometer un crimen horrible.
Esta situación, como digo, es central en esta película ingeniosa, algo divertida y de gran tensión, del director noruego Kristoffer Borgli; una sátira europea sobre la burguesía estadounidense que busca incomodar y angustiar al espectador.

Charlie, muy bien interpretado por Robert Pattinson, un joven historiador de arte británico, algo desaliñado y con gafas, que reside en Estados Unidos. Tras conocer a Emma, muy bien por Zendaya, deslumbrado por su belleza, comienza una gloriosa historia de amor.
Pero Borgli muestra algo siniestro en el cuento de Emma e impone una especie de terror psicológico a los clichés de la comedia romántica. Diseño de sonido extraño, ruidos ambientales inquietantes, primeros planos amenazantes y figuras de viento disonantes en la banda sonora de Daniel Pemberton.
El asunto es que Emma, espera que todos pasen por alto su revelación precipitada o que acepten que ahora es perfectamente normal. Pero todos están conmocionados, como en shock. No pueden olvidar lo que han oído. Charlie presiente que su relación comienza a desmoronarse y de repente se encuentra en una espiral descendente de impotencia y dudas sobre sí mismo, poco antes del día más feliz de su vida.
Así pues, la película es una mezcla de dos fenómenos estadounidenses: la comedia de bodas de Hollywood y el tiroteo en un instituto. Parte de su ingenio reside en esta ambigüedad genérica entre sátira o thriller. E incluso, su condición de absurdo macabro y de humor negro, que depende de que aceptemos la recuperación total de Emma.
Charlie empieza a preguntarse si la tendencia latente de Emma a la violencia podría resurgir. Y la película plantea la idea de que probablemente haya miles de personas así entre nosotros: los que estuvieron a punto de cometer un asesinato en secreto, pero que no lo llevaron a cabo y volvieron a la normalidad.

También, una parte de la película es una sátira mordaz de los rituales previos a la boda, como el primer baile para el que Charlie y Emma ensayan diligentemente, con una ridícula y severa entrenadora.
Suceden cosas inquietantes (como cuando Emma ve a su DJ fumando heroína), se expresa mucha angustia (hay muchos vómitos en pantalla), e incluso hay un debate ético (¿Es peor planear un tiroteo que encerrar a un niño en un armario?).
Zendaya está deslumbrante como mujer sensata, mientras que Charlie, el personaje de Pattinson, pierde los estribos por completo. Sin embargo, su actuación cobra mayor relevancia a medida que avanza la película, ya que le da cada vez parece tener más motivos para desmoronarse.
Nos damos cuenta de su estado de descontrol cuando intenta seducir agresivamente a su asistente del museo, Misha (Hailey Benton Gates), lo que prepara el terreno para el gran estallido de la secuencia de la boda que, tras todas las vacilaciones de la película, resulta ser un clímax que cumple con las expectativas.
Pero, más allá de lo dicho, la película tiene variadas virtudes. Borgli logra crear una atmósfera de tensión constante. El humor cínico y sombrío de la película amplifica la tensión. Además, cuenta con una excelente realización en cuanto a música, sonido y montaje, y el estado de zozobra se intensifica “in crescendo”.
A LA CARA (2025). Recuerdo el cortometraje que ganó un Goya en 2021, en plena pandemia. Y es este corto el que se ha estirado para convertirse en un largometraje con los mismos protagonistas: Manolo Solo y Sonia Almarcha.
Igualmente, Javier Marco y Belén Sánchez Arévalo son director y coguionistas, de nuevo nos cuentan, también de forma inteligente, la misma historia expandiendo lo que rodaron en apenas quince minutos, un relato sobre los acosos en la red y sus consecuencias.
Pero pasar del cuarto de hora a hora y media obliga a poner concreción a lo que, en su formato breve de corto, se movía en cierta abstracción.
Pedro (Solo) trabaja en el mantenimiento de un club de golf, está su exesposa y su hija. Lina (Almarcha) es una presentadora TV y vive una situación familiar más complicada. Él ha escrito mensajes de odio contra ella en las redes sociales.
Lina, cada vez más ajena al mundo que la rodea, enrocada en una decisión que la aleja de su marido acaba instalándose en una habitación que alquila Pedro en su amplia casa.

Los polos opuestos no se atraen, pero en ambos personajes anidan sentimientos de culpa distintos que los acercan más que alejarlos, convirtiéndose una en el espejo del otro y viceversa. Entre dudas y certezas, discurre un drama turbado y contenido.
Cuando Pedro, hombre de mediana edad y triste vida, recibe la visita de la famosa periodista, ya lleva tiempo acosándola en las redes. De ese encuentro a la cara surge un intercambio de opiniones que nada tiene que ver con la perversión de los mensajes escritos desde el anonimato y la distancia.
Desnudar esas prácticas de acoso daba a la versión del cortometraje una pertinencia oportuna. Sus dos actores principales, Solo y Sonia Almarcha estaban convincentes y en la tensión de ese breve (des)encuentro la película merecía el Goya.
En esta nueva recreación, con el cambio de escala, los guionistas han explicitado lo que pertenecía al mundo de lo sugerido. Han dado a los personajes un contexto y han forzado un alargamiento de aquel encuentro breve en un “estirón” que deja lo verosímil en situación delicada.

Como la nueva situación planteada ofrece dudas razonables al sentido común, la contención deja paso a la hipérbole; el matiz a lo explícito y el tema central a una subtrama que al avanzar el nuevo relato deviene inconsistente.
Como que estira alguna situación más de la cuenta. A pesar de eso y más, consigue mantener un clima lo suficientemente tenso, a partir de la relación entre dos personajes rotos.
Casi nada ha cambiado Javier Marco con respecto al planteamiento inicial, pero todo resulta diferente, extraño, como rebajado. Con esta cinta ocurre que, con respecto a sus semillas germinales, las largas duraciones aportan poco y añaden ganga.
No obstante, por momentos, la cinta, con un Manolo Solo, que parece abonado a personajes de cara de palo y mucha tristeza, como dice Savater, ofrece recovecos interesantes que diseccionan la crisis de los padres de hoy con hijos en plena adolescencia.











