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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

El término Screwball se refiere a un subgénero que tomó su nombre del béisbol, ya que había en los EE.UU. un jugador llamado Fred Goldsmith que conseguía da un efecto raro o “bola de tornillo”, un lanzamiento que rompía la dirección prevista de la bola sorpresivamente, lanzamiento que se llamó “screwball”. Entonces los críticos de cine empezaron a usar ese concepto para referirse a un tipo concreto de comedias con dos protagonistas muy diferentes entre sí, por lo común un hombre y una mujer, que aparentemente se repelen, a la vez que pasan toda la película juntos, soportándose, odiándose, pasando por todo tipo de situaciones disparatadas, para llegar a un desenlace feliz donde los enfrentamientos entre ellos se transforman de manera inaudita en amor. Curioso ¿verdad?

Fue en los años de la Gran Depresión americana cuando se popularizó mucho este subgénero cinematográfico screwball comedy (comedia loca o alocada). En aquellos momentos tan difíciles para la economía norteamericana, los espectadores querían ver películas con un alto contenido de crítica y sátira hacia las clases sociales altas, que al mismo tiempo fuesen esperanzadoras, y que sirvieran a modo de catarsis o vía de escape a tanta crisis y necesidad como se vivía. El estilo screwball comedy se inicia a principios de los años treinta y continuaría su éxito hasta finales de los cuarenta. En estas cintas el personaje femenino suele ser fuerte y mantiene una relación con su contraparte varón que centra la historia: diálogos rápidos y ocurrentes, situaciones grotescas, episodios chispeantes, enfrentamientos a la vez que noviazgo y matrimonio, y una intención clara de ser divertidas. Además, una gran cantidad de estas screwball comedies refieren a conflictos entre clases sociales, como la oscareada Sucedió una noche de la que hablaré ahora, considerada la primera genuina screwball comedy. En fin, que la screwball comedy fue todo un subgénero cinematográfico notorio y duradero. Aún en el cine contemporáneo pueden observarse elementos de esta modalidad.

También hay que saber que el formato screwball resultó de los esfuerzos de las compañías cinematográficas, de evitar la censura, de forma que estas comedias podían incorporar en la trama contenidos algo subidos de tono como la sexualidad antes del matrimonio e incluso el adulterio, lo cual era impensable para la época si no estaba teñido de humor y argucias para camuflar la cosa.

Referiré tres grandes títulos de este subgénero muy hollywoodiense: Sucedió una noche (1934), una película encantadora con un gran reparto. Vivir para gozar (1938), divertidísima comedia de Cuckor. Y finalmente, quizá la mejor de las tres: Arsénico por compasión (1944).

SUCEDIÓ UNA NOCHE (1934). Ellie Andrews (Claudette Colbert) es una bella joven, hija de un millonario, caprichosa y consentida, que logra huir de la tutoría de su padre saltando del yate donde estaba poco menos que encerrada por su padre para evitar su boda con un hombre de dudosa reputación. En el viaje de huida a Nueva York, en el autobús, conoce azarosamente a un simpático y atractivo joven periodista llamado Peter Warne (Clark Gable), que busca una buena historia que contar para ganarse unos dólares. Las circunstancias unirán a Ellie y a Peter en un accidentado y divertido viaje.

Comedia inteligente, sutil y de gran nivel dirigida por el genial Frank Capra. Es la primera scrawball comedy según los entendidos y una simpática cinta que destila un fino humor, divertida, llena de ritmo y que mantienen todo su frescor a pesar de haber sido realizada en 1934. En fin, un film muy bueno en su género que ganó nada más y nada menos que 5 Oscar: Mejor película, mejor Director (Capra), actor (Clark Gable), actriz (Claudette Colbert) y mejor guion adaptado del relato breve “Night Bus” (1933), de Samuel H. Adams, publicado en “Cosmopolitan” (Robert Riskin).

Frank Capra lleva a cabo uno de sus más sutiles trabajos, al dejar un de lado el sentimentalismo que tal vez lo caracterizó en otras ocasiones, para dar paso a una sutil comicidad con toques pícaros, que burla la censura de la época con detalles como colocar una cortina en la habitación que comparten Gable y Colbet sin estar casados. Las comedias actuales deberían tomar nota de cómo hacer humor, sin caer en la chabacanería, desplegando un guion incisivo y grácil, inteligente y divertido, con elegancia y atrayente romanticismo.

Pequeña-gran obra maestra, tanto más por cuanto ya no se hacen comedias de este corte. Con Capra hay que doblar la rodilla, y reír, reír sanamente, que es como hay que reír.

 

VIVIR PARA GOZAR (1938) Esta película del gran George Cukor es adaptación de una obra de Brodway de Philip Barry en la que un hombre de ideas avanzadas para su época, Johnny Case (Cary Grant), conoce y se enamora de Julia Seton (Doris Nolan), la hija de un potentado burgués. El joven Case desea vivir la vida ahora que está en plena juventud, lo que tropieza frontalmente con las costumbres de la alta sociedad de Nueva York que pretende que nada más casarse se ponga a trabajar en la oficina de un Banco propiedad del suegro y abandone sus fantasías de libertad. La relación entre los novios se ve empañada por esta incompatibilidad de ideas en la que destaca con brillantez la hermana de la novia, la vivaz y rupturista Linda (Katherine Hepburn), quien comprende al pretendinte, se alía y también se enamora del joven soñador.

Dirección memorable, no otra cosa se puede esperar de un George Cukor genial que comanda la nave con maestría, arropado por un sensacional guion de Sidney Buchman, con diálogos gloriosos y una gran carga de crítica social, lo que no evita la ternura.

Esta película es una genuina screwball comedy, aunque tiene también tiene un tinte dramático. Cukor enfoca la trama inicialmente como una comedia, para conducirnos por el terreno del melodrama. Pero a la postre, lo que pretende es hacernos reír. Pensemos que en el año de su estreno, este subgénero de comedia ya había sido muy explotado. Entonces la forma de Cukor consiste en reenfocar el tópico screwball, coger sus característicos personajes y situaciones, y súbitamente aplacar el alocado humor y ponerlos a reflexionar sobre aspectos delicados de la vida.

Ni que decir tiene que las interpretaciones de todos, actores y actrices, es maravillosa, destacando las de Cary Grant y Katherine Hepburn que es, sin duda, una de las más grandes actrices del cine de todos los tiempos. Y no hay que olvidar los papeles de Lew Ayres (genial como el cínico pero sensible hermano de las protagonistas) y las de Jean Dixon y Edward Everett Horton (como los Potter, amigos de Johnny Case).

La película no es muy original en su planteamiento vista hoy, pero para la época fue muy reividicativa y un canto a la libertad de quienes desean hacer su vida y eludir el tentativo mundo del dinero y del sueño americano encarnado en Julia, la novia de Grant, y en el futuro que el rico suegro diseña, dueño de empresas, bancos y otras menudencias.

Parece mentira que en el año 1938 se rodara un film tan rupturista y anticonvencional, en el que una especie de híbrido “hippy-bohemio” (adelantado a la época) se enfrenta a la potente maquinaria del poder, intentando convencer a su prometida de que le siga en su “loca” carrera de marcharse de viaje y abandonarlo todo. Y en toda esta trama, sólo la hermana de la novia, la maravillosa Hepburn (también el hermano de esta) sintonizan con esta filosofía y este afán de sueños, de libertad y de disfrute de la existencia, sin ambición por lujos ni oropeles.

Es una película para disfrutar con buen cine, con cine que ahora es difícil ver, lamentablemente.

 

ARSÉNICO POR COMPASIÓN (1944). Y voy de nuevo con el insigne Capra en una película que es la mejor del género screwball comedy o comedia de enredos del director estadounidense de origen siciliano.

Es interesante, sobre todo en este film, que entendamos que la comedia screwball también tiene sus equivalencias con el cine negro. Capra es capaz de dar a luz una cinta dinámica y muy divertida, con diálogos brillantesy unos actores de primera que mantienen la atención todo el tiempo con una elegancia y una brillantez insólitas.

El guion lo escribieron Julius J. Epstein y Philip G. Epstein, adaptación de la obra teatral de Joseph Kesselring, Arsenic and Old Lace, escrita en 1939. En la trama unas bondadosas viejecitas piadosas alivian el sufrimiento de las personas mayores que acogen en su casa de manera muy particular, y explican el “mal hábito” que tienen de liquidar a los hombres solteros que se encuentran solos. Lo hacen dándoles de beber vino de bayas mezclado con arsénico, estricnina y “una pizca de cianuro”.

Un crítico teatral que acaba de casarse decide visitar a sus ancianas tías antes de marcharse de luna de miel. Durante la visita descubrirá que las encantadoras viejecitas tienen una manera singular de practicar la caridad. 

La historia es surrealista, con el sobrino recién casado descubriendo que sus tías son muy peligrosas e incluso criminales. Un homenaje a la locura que encierra toda la gama de patologías posible: psicopatía, demencia senil o doble personalidad, y donde el más cuerdo es un individuo de lo más extravagante. Extraordinaria puesta en escena y deslumbrante fotografía en blanco y negro a cargo del célebre Sol Polito, amén de una banda sonora muy incitante a cargo de otro destacado en estas lizas, Max Steiner.

En el reparto Cary Grant está magnífico, genial. Priscilla Lane muy guapa, actriz de lujo y versátil en el papel de recién casada. El cirujano borracho y loco no puede estar mejor encarnado en ese enorme actor que fue Peter Lorre. Raymond Massey maravilloso como hermano psicópata. Josephine Hull y Jean Adair hacen un trabajo auténticamente bueno como las tías asesinas.

Una de las curiosidades y de los méritos de la película es que se desarrolla en apenas una habitación, con una mezcla de variopintos personajes en las situaciones más chocarreras y sorprendentes que imaginar se pueda.

Si tratamos de soslayar mucha de la comedia mugrienta de los ochenta y de los noventa que ya sin remisión nos hemos tragado, esta película se revela como una enorme hazaña del género.

 

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