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Ha sido volver a la “normalidad”, esto es, a las calles, pinares, playas y hemos tardado apenas un par de días para llenarlo todo de mascarillas, guantes, bolsas de plástico, botellas… Más de lo mismo pero ahora con el daño colateral producido por la Covid-19 y el añadido de los epis desechables. No es que haya llegado la primavera a El Puerto y crezcan como brotes de flores en el campo, es que han vueltos los cerdos de siempre pero  esta vez  a la enésima potencia. Y es que el deplorable episodio contemplado en las dunas de San Antón, con gran derroche de incivismo y de material de protección arrojado, ha causado profunda pena entre la ciudadanía. De nuevo, tras el confinamiento, volvemos al grave problema que padece la ciudad.

Si el Ayuntamiento de Roma ha aprobado una ordenanza que establece multas de entre 25 y 500 euros a quienes arrojen en la vía pública las mascarillas o los guantes usados para evitar el contagio del coronavirus, es urgente que aquí se copie tal medida. “En estos meses de emergencia sanitaria del coronavirus nuestros operadores ecologistas han denunciado en numerosas ocasiones la recogida de guantes y mascarillas usadas, arrojadas al suelo por personas maleducadas”, ha lamentado la alcaldesa, Virginia Raggi. Realmente tuvo que resultar muy fuerte cuando los operarios del servicio de limpieza de playas y pinares se toparon con semejante espectáculo en un espacio protegido… Aquí toca hacer lo mismo porque si salta el levante lo que levantará no son precisamente hojas de árboles sino los desechos de los irresponsables que constituyen un potencial riesgo sanitario y daño al medio ambiente. No se quiere pensar que ocurrirá ahora que se ha abierto la veda del baño en las playas del litoral portuense…

La gente habla mucho de que todo sea como antes, de la naturalidad, del apaciguamiento y de cómo se deben tomar medidas para ello. No. Volver a la normalidad no es la opción correcta para el futuro. Tenemos que volver a algo que sea mejor que antes de la aparición de ese microorganismo que nos ha mostrado en toda la cara lo inmunda que es la normalidad.

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