Vox tiene un problema en El Puerto. Y no es únicamente Germán Beardo. El problema está también en el rumbo que ha tomado el partido desde que Fito Carreto pasó a segunda línea, en el liderazgo de José Antonio Gomila y en una estrategia de acoso y derribo permanente contra el alcalde que, por momentos, cuesta interpretar únicamente en términos políticos. Porque hay días en los que parece incluso movida por algo bastante más personal.

La información publicada hoy por El Puerto Actualidad revela que Vox ya busca alternativas a Gomila de cara a 2027, en plena crisis interna, con dudas sobre su continuidad como cabeza de cartel y movimientos dentro del partido pensando ya en la próxima candidatura.



Ese estilo de oposición puede generar ruido, titulares y confrontación. Otra cosa muy distinta es que sirva para construir una alternativa de gobierno.

Gomila no parece haber conseguido todavía aquello que necesita cualquier candidato que aspire a crecer: carisma, liderazgo y capacidad de arrastre más allá de los ya convencidos.

Pero el problema no es solo suyo. Es también de estrategia. Vox presenta propuestas, sí, pero la guerra diaria contra Beardo acaba devorándolas. El votante puede saber perfectamente contra quién está Gomila y tener bastantes más dificultades para explicar qué ciudad pretende construir.

José Antonio Gomila, concejal y portavoz de Vox en El Puerto, junto a un autobús urbano en un montaje elaborado para este artículo. / EA

El autobús gratuito sirve como ejemplo. Vox rechaza la gratuidad universal y propone reservarla para determinados colectivos, entre ellos las rentas más bajas. Una propuesta que suena bastante más a las políticas de ayudas selectivas de José Luis Bueno e Izquierda Unida que al discurso habitual de Vox. Parte de su propia base se pregunta algo bastante sencillo: si quien gana más también paga impuestos, ¿por qué no debería beneficiarse igualmente del servicio?

Algunos lo resumen con una frase bastante incómoda para el propio partido: “Ese no es el Vox nacional”.

Y quizá ahí esté la clave. Parte de quienes siguen identificándose con Vox a nivel nacional empiezan a no reconocerse en el Vox local. No necesariamente porque hayan cambiado de ideas, sino porque no ven en el grupo municipal un proyecto suficientemente reconocible más allá del enfrentamiento con el PP.

Fito Carreto y José Antonio Gomila durante un pleno. / EA

Mucha defensa propia y poco proyecto

Tampoco ayuda que Gomila parezca tener mucho más claro cómo defender la casa irregular en la que vive que la ciudad que pretende gobernar.

Este verano ha dedicado bastante energía a la polémica sobre la situación urbanística de la vivienda en la que reside, ubicada en un conocido ámbito ARG-T de El Puerto.

Ante las informaciones publicadas por El Puerto Actualidad, Gomila no tardó en colocar las siglas de Vox delante de su problema particular: la formación habló de “máquina del fango”, cargó contra este medio y anunció acciones legales que, por ahora, seguimos esperando.

Mientras tanto, este periódico continúa recabando y contrastando nueva información sobre este asunto, además de otro relacionado con un conflicto de naturaleza bancaria.

En definitiva: mucho ruido para defenderse. Bastante menos para explicar qué modelo de ciudad propone.

El concejal de Vox, Mauricio Mauri, durante un pleno municipal. / EA

Cuatro años mirando el gobierno desde fuera

Quizá 2023 explique parte de tanta intensidad. Vox tenía altas expectativas de entrar en un Gobierno con el PP. Pero Germán Beardo consiguió mayoría absoluta y Gomila y los suyos se comieron cuatro años de oposición. Y da la impresión de que aquello todavía escuece.

Una cosa es fiscalizar al Gobierno municipal y otra convertir prácticamente cada asunto en un nuevo frente personal contra Beardo. A estas alturas, la estrategia empieza a parecer menos diseñada para gobernar algún día y más para saldar una cuenta pendiente.

Mañana miércoles habrá además una prueba curiosa. El Puerto se concentra en defensa de Ceuta, una cuestión que encaja de lleno con algunas de las grandes banderas políticas de Vox. Habrá que ver si Gomila cambia por unas horas la guerra contra Beardo por una de esas banderas o si las chanclas de agosto resultan tan difíciles de abandonar como las de Pedro Sánchez.

A este ritmo, Abascal va a tener que llamar a El Puerto para preguntar quién dirige Vox. Hay días en los que cuesta distinguir la oposición de Gomila de la de José Luis Bueno. Y cuando hasta parte de los tuyos empieza a pensarlo, quizá el problema ya no esté fuera, sino dentro.