
La marcha de José Manuel Caballero de Unión Portuense y su incorporación al proyecto de Germán Beardo ha provocado una reacción bastante previsible en parte de la oposición. Se habla de captar voluntades, de cargos, de debilitamiento de otros proyectos políticos y de la necesidad de sumar fuerzas para intentar disputar algún día el poder al PP. Todo eso puede discutirse. Pero quizá el debate verdaderamente importante esté en otro sitio.
Mientras buena parte de la izquierda portuense sigue mirando hacia Germán Beardo para explicar su debilidad, apenas se habla de una cuestión bastante más incómoda: la ausencia de renovación en sus propios liderazgos.
Durante los últimos años se ha instalado entre parte del electorado progresista una sensación de derrotismo permanente. Beardo gobierna con comodidad, el PP mantiene una posición dominante y la oposición continúa sin encontrar una fórmula capaz de disputarle realmente la ciudad. La pregunta no debería ser únicamente por qué gana el PP, sino por qué no aparece una alternativa capaz de generar una ilusión nueva.
Por parte del PSOE, Ángel María González comenzó su trayectoria en Juventudes Socialistas en 2008, llegó al Ayuntamiento como concejal en 2013 y hoy dirige el partido como secretario general y portavoz municipal. Lleva prácticamente toda su vida adulta dentro de la estructura socialista.

El secretario general y portavoz municipal del PSOE Ángel González. / EA
Y su liderazgo tampoco ha estado precisamente exento de problemas. En 2024 dimitieron como concejales Carmen Ojeda y Víctor Raposo en medio de discrepancias con la dirección. En 2025 volvió a aflorar una profunda división interna y Mónica Jiménez terminó abandonando el PSOE, aunque mantuvo su acta, hablando públicamente de divisiones y conflictos de poder. Hubo crisis, dimisiones y salidas. Lo que no apareció fue un liderazgo alternativo capaz de tomar el relevo.
Por su parte, Javier Botella ha convertido el cambio de chaqueta en método político. Llegó a Unión Portuense procedente de Levantemos El Puerto, asumió el liderazgo en 2019 y ahora pilota el salto a 100x100 Unidos Portuenses. Cambian las siglas, cambia el discurso, cambian las posiciones y cambia hasta la definición de municipalismo cuando conviene. Lo único que nunca cambia es quién aparece en el centro de la foto. [Javier Botella dinamita Unión Portuense]

El concejal y portavoz de Unión Portuense/100x100 Unidos Portuenses, Javier Botella. /EA
El concejal y portavoz del Grupo Municipal Mixto-Izquierda Unida, José Luis Bueno, habla con frecuencia del “beardismo” para describir el fenómeno político construido alrededor del actual alcalde. Su discurso ha situado reiteradamente el foco en las formas del PP y en su maquinaria política y mediática. En 2025 llegó a acusar a los populares de sacar “toda su artillería mediática” contra él. [Jose Luis Bueno: Cuando la izquierda aplaude a VOX]
Puede tener argumentos para hacerlo, pero convertir al “beardismo” en explicación de casi todo deja pendiente una cuestión: qué está haciendo mal la propia izquierda para no conseguir sustituirlo. Bueno continúa siendo la principal referencia municipal de Izquierda Unida después de más de una década ocupando responsabilidades políticas, una etapa que ha coincidido con uno de los peores momentos históricos de la formación en El Puerto.
Son tres trayectorias diferentes que terminan planteando una misma pregunta: ¿dónde está el relevo?

El concejal y portavoz de IU, Jose Luis Bueno. / EA
Perder también obliga a renovarse
Conviene aclarar algo: llevar muchos años en política no es, por sí mismo, un problema. Germán Beardo también acumula una larga trayectoria pública. La diferencia es que ha ganado elecciones y ha consolidado mayorías. Cuando un liderazgo obtiene respaldo electoral, la necesidad de relevo no se plantea en los mismos términos.
El problema aparece cuando se encadenan derrotas y proyectos fracasados, no se consigue crecer y, aun así, las mismas caras continúan intentando resolver una y otra vez el mismo problema. En política, perder también debería obligar a revisar liderazgos, equipos y estrategias.
Todavía faltan meses para que queden configuradas definitivamente las candidaturas de 2027. Sería prematuro afirmar que los tres volverán a encabezar sus respectivos espacios, aunque todo apunta a ello. Puede haber movimientos o incorporaciones. Pero, a día de hoy, ninguno de esos relevos resulta visible.
Renovarse cuando se pierde no consiste en cambiar un logotipo, modificar una ejecutiva o introducir nombres nuevos en puestos secundarios. Significa conseguir que personas nuevas con peso real entren en política, abrir las organizaciones a la sociedad y construir un proyecto que no parezca simplemente una nueva edición de lo anterior.
La izquierda puede seguir denunciando el “beardismo”, la fidelidad del electorado popular, las formas del PP o los movimientos de Beardo. Algunas críticas podrán tener fundamento. Pero ninguna sustituye a la autocrítica, que empieza por mirarse al espejo antes de señalar siempre al de enfrente.
Porque si dentro de unos meses vuelven a presentarse las mismas caras para resolver los mismos problemas que llevan años denunciando, resultará complicado vender aquello como una alternativa nueva.
El problema no es solamente que Beardo sea fuerte. Es que, a día de hoy, prácticamente no tiene oposición enfrente. La izquierda continúa sin ofrecer un relevo suficientemente nuevo, atractivo y sólido como para hacerle sombra y, si uno mira hacia Vox, su reciente crisis interna, marcada por la dimisión del secretario de su grupo municipal, tampoco ayuda a presentar un proyecto serio de ciudad capaz de disputarle realmente el terreno.
Cambian las caras, cambian las siglas y cambian los discursos, pero la conclusión sigue siendo la misma: en El Puerto hay gobierno. Oposición, no.














