Cada vez que esta frase llega a mi mente, no puedo dejar de pensar, con cierto ritmo, en el Dúo Dinámico, sus chalequitos rojos y su meneíto convulso y pacífico. Eran tiempos nostálgicos, en los que el final del verano ponía fin a amistades de chiringuito, tardes de dominó con los pies hundidos en la arena… el adiós entre besos y falsas promesas de viajes imposibles a tierras lejanas, y la ilusión de los uniformes nuevos y el olor a lápiz recién comprado, aderezado por las gomas Milan 430 en tonos pastel.
El final del verano olía a olas silenciosas y recuerdos, sabía a tardes cortas y más frescas, era la imagen de las casetas del Puito desmontadas por tramos, era… el principio del reencuentro con la rutina y los amigos.
Cada cual tendrá sus recuerdos, sus olores y sus sabores. A su mente llegarán besos furtivos o cogorzas en la Calita, y una sonrisa alegre y desenfadada nos transportará a otros tiempos.
Hoy, el final del verano se mezcla con el amargo comentario de algún que otro iluminado y amargado olvidadizo, que transmite a quienes no pudieron vivir aquellos años, y que se dejan arrastrar por la agonía patética de una angustia solitaria y pacíficamente politizada, el amargo vivir de los veranos en El Puerto.
Sin embargo, para mí, el final del verano sigue siendo nostálgico y agradable… me sigue oliendo a Patrona y a rumor de olas apagadas. Me sabe a frescas tardes de un otoño que se acerca imparable. Me deja recuerdos bulliciosos y acalorados de paseos masificados, con cervezas que saben a bulla y gritos… Pero… ¿cómo apreciar una cerveza fresquita de otoño en la Skol, charlando con Pepe, si no sabes lo que es pedir desde la tercera fila?
Todo es cíclico. Todo sabe mejor cuando vives los momentos desde distintos ángulos, porque, si de algo estoy seguro, es de que la rutina mata y angustia.
Se me va el verano, los nuevos amigos, los viejos amigos, que volveré a ver. Se me va el verano y volverán los paseos por las playas escuchando aquel mar que perdí de vista.
Se me va el verano y, antes de que me dé cuenta, las hojas caídas me recordarán que pasan los años y que, al final del verano, alguien partirá. Y yo no olvidaré lo vivido, recordaré todo, seguro de que algún amargado dirá… «por fin», sin saber que, antes de que se dé cuenta, El Puerto volverá a llenarse, para su desgracia, antes de lo que imagina.
Porque El Puerto, nuestro Puerto, está de moda… como siempre.













