Vox tiene un problema en El Puerto. Y no es únicamente Germán Beardo. El problema está también dentro: en el rumbo que ha tomado el partido desde que Fito Carreto pasó a segunda línea, en el liderazgo de José Antonio Gomila y en una estrategia de acoso y derribo permanente contra el alcalde que, por momentos, cuesta interpretar únicamente en términos políticos. Porque hay días en los que parece incluso movida por algo bastante más personal.

La primera grieta visible apareció este verano. Fernando Asdrúbal Mira Fornell, secretario del Grupo Municipal Vox desde mayo de 2024, presentó voluntariamente su cese. La documentación municipal consultada por El Puerto Actualidad adelantó su salida, después de meses de discrepancias internas sobre el rumbo del grupo.



Pero el problema no acabaría ahí. Fuentes de total solvencia consultadas por este periódico aseguran que las tensiones entre Mauricio Mauri y Gomila han sido mucho más serias de lo que se ha visto desde fuera, con fuertes discusiones y varios amagos de Mauri de marcharse.

En uno de ellos, según estas fuentes, la salida llegó a verse tan próxima que ya se manejaba su sustitución por Marián Orti, número cuatro de la candidatura de Vox en 2023. Mauri finalmente se quedó, aunque las mismas fuentes describen una relación muy deteriorada con Gomila y a un concejal cada vez más por libre.

Fito Carreto.

Después de Fito, Vox perdió el rumbo

El punto de inflexión llegó en octubre de 2025. Fito Carreto dejó la portavocía por motivos de salud y Gomila tomó el mando. Carreto tampoco fue blando con Beardo, pero fuentes internas le atribuyen precisamente aquello que hoy parece faltar: coordinación, equilibrio y capacidad para mantener unido al grupo.

Con Gomila cambió algo más que el portavoz. La oposición al PP terminó convirtiéndose prácticamente en la razón de ser del Vox portuense. Y el nuevo líder tampoco parece haber conseguido aquello que necesita cualquier candidato que aspire a crecer: carisma, liderazgo y capacidad de arrastre más allá de los ya convencidos.

Más preocupante aún: parte de quienes ya estaban convencidos empieza a desconectarse. Simpatizantes veteranos consultados por este periódico aseguran que ya no se reconocen en el Vox local. Siguen identificándose con la formación nacional, pero consideran que Gomila ha construido algo muy diferente. Algunos ironizan incluso con que parece por momentos más alineado con José Luis Bueno e Izquierda Unida que con Santiago Abascal.

José Antonio Gomila, concejal y portavoz de Vox en El Puerto, junto a un autobús urbano en un montaje elaborado para este artículo.

El autobús gratuito es uno de los ejemplos. Vox rechaza la gratuidad universal y propone reservarla para jóvenes, estudiantes, mayores y rentas bajas. Parte de su propia base se pregunta algo bastante sencillo: si quien gana más también paga impuestos, ¿por qué no debería beneficiarse igualmente del servicio?

Ahí está quizá el problema: Vox presenta propuestas, pero la guerra diaria contra Beardo acaba devorándolas. Gomila no parece estar ampliando el espacio electoral de Vox; corre incluso el riesgo de desconectar a quienes ya estaban dentro.

Y tampoco ayuda que parezca tener mucho más claro cómo defender la casa irregular en la que vive que la ciudad que pretende gobernar. Este verano ha dedicado bastante energía a la polémica sobre la situación urbanística de la vivienda en la que reside en un ámbito ARG-T, ante la que Vox respondió hablando de “máquina del fango”, atacando a este medio y amenazándolo con acciones legales que, por ahora, seguimos esperando.

Mucho músculo y ruido para defenderse. Bastante menos para explicar qué modelo de ciudad propone.

Fito Carreto, José Antonio Gomila y Mauricio Mauri, en un pleno municipal. / EA

Cuatro años mirando el gobierno desde fuera

Quizá 2023 explique parte de tanta intensidad. Vox tenía expectativas de entrar en un Gobierno con el PP. Pero Beardo consiguió mayoría absoluta y Gomila y los suyos se comieron otros cuatro años de oposición. Y da la impresión de que aquello todavía escuece.

Una cosa es fiscalizar y otra convertir prácticamente cada asunto en un nuevo frente personal contra Beardo. A estas alturas empieza a parecer menos una estrategia para gobernar y más una cuenta pendiente.

Este miércoles habrá además una prueba curiosa. El Puerto se concentra el 2 de septiembre en defensa de Ceuta. Habrá que ver si Gomila cambia por unas horas la guerra contra Beardo por una de las grandes banderas de Vox o si las chanclas de agosto resultan tan difíciles de abandonar como las de Pedro Sánchez.

Porque a este ritmo, Abascal va a tener que llamar a El Puerto para preguntar quién dirige Vox. Algunos días cuesta distinguirlo de la oposición de José Luis Bueno. Y lo peor para Gomila es que hasta parte de los suyos se hacen ya la misma pregunta.