La Motorada no se mide en palabras, se mide en calles llenas, mesas ocupadas y cajas trabajando sin parar. Durante varios días, El Puerto ha vuelto a vivir una escena reconocible en cada rincón del centro: bares a reventar, terrazas sin hueco y consumo constante. Traducido: miles de euros en caja y un impacto económico inmediato que vuelve a colocar al evento como uno de los grandes motores de la ciudad.



El presidente de la Asociación de Hosteleros y Empresarios del Casco Histórico, José Antonio Paguillo Palacios, lo resume sin rodeos: la valoración es “muy positiva”. A falta de cifras definitivas, lo que se ha visto en la calle habla por sí solo. Visitantes alojados en El Puerto y su entorno que han gastado en comida, bebida y compras, con una horquilla que, según la experiencia de estos días, puede situarse “en torno a los 700 u 800 euros por persona”.

Pero el impacto no se queda en la barra. La Motorada ha obligado a muchos negocios a reforzar plantillas, en algunos casos “duplicando el número de trabajadores”, y ha activado toda una cadena que va más allá del bar: proveedores, distribuidores, comercios locales. “Es una rueda”, explica Paguillo. Y esa rueda significa que el dinero no se queda en un punto, sino que se mueve y termina llegando a muchas familias portuenses.

Terrazas llenas en el centro durante la Motorada en El Puerto.

En la calle Luna, el gerente de Entre Amigos, David Sánchez, lo ha vivido por primera vez desde dentro y con un balance claro: “normalidad y sin incidentes”. Buen ambiente, clientes con ganas de disfrutar y una sensación de control en la zona gracias a la presencia policial. “Para nosotros ha sido un fin de semana muy positivo”, resume.

Una línea similar marca el responsable de La Herrería, Francisco Gómez, que habla de jornadas “hasta arriba de gente” y sin problemas destacables. El perfil que se ha repetido, insiste, es el de visitantes que vienen a consumir, disfrutar y hacerlo de forma cívica, lejos de la imagen que a veces se proyecta desde fuera.

Disfrutando de la Motorada.

Porque sí, la Motorada también genera ruido, aglomeraciones y molestias. Negarlo sería falso. Pero quedarse solo en eso es mirar una parte muy pequeña del cuadro. El peso económico del evento es innegable y no se limita a unos pocos negocios: se extiende de forma directa e indirecta por buena parte de la ciudad.

De hecho, muchos de esos ingresos terminan impactando —de una forma u otra— en el propio tejido vecinal: empleo temporal, actividad comercial, consumo local. Esa es la otra cara que rara vez se pone sobre la mesa cuando llega el debate.

La Motorada vuelve así a situar a El Puerto ante su propio equilibrio: convivencia y actividad económica. Un debate que se repite cada año, pero con una evidencia que también se repite: cuando la ciudad se llena, la economía se mueve. Y eso, más allá del ruido, tiene un peso difícil de ignorar.