Javier Botella tiene un problema bastante serio con la hemeroteca: no puede discutir con ella. Puede hacerlo en Facebook o Instagram, grabar vídeos para TikTok, enzarzarse con unos y otros en grupos locales, llamar públicamente “cobarde” y “traidor” a José Manuel Caballero o despotricar hasta convertir cualquier polémica municipal en un pequeño espectáculo personal. Pero la hemeroteca tiene la fea costumbre de quedarse quieta, guardar silencio y esperar. Y esperando lleva años.
En 2015 Botella formaba parte de Levantemos El Puerto como concejal, dentro de un espacio político vinculado a Podemos. Antes apareció como apoderado de Unidos Podemos, militó contra los parkings —para años más tarde posicionarse a favor— y acabó abandonando aquel proyecto. En febrero de 2019 aterrizó al frente de Unión Portuense y descubrió entonces las bondades del municipalismo puro y la independencia de estructuras superiores. Nueva chaqueta. Y a correr.

Javier Botella, ya en 2015, con Levantemos El Puerto, en sus primeros pasos políticos. / EA
Durante años vendió aquel discurso como si el municipalismo hubiera sido revelado en una tabla de piedra en uno de sus habituales paseos por el pinar, móvil en mano en modo selfie. Unión Portuense era El Puerto, solo El Puerto y nada más que El Puerto. Hasta que apareció 100x100 Unidos, Juan Franco y una estructura provincial. Entonces el dogma resultó ser bastante menos dogma de lo que parecía.
Cambiar de opinión es legítimo. Lo hipócrita empieza cuando uno convierte en principio irrenunciable lo que mañana abandonará sin demasiados remordimientos. Botella lleva años perfeccionando ese ejercicio del engaño político, confiando además en que sus fieles traguen con el juego trilero de vender como municipalista y autónomo un proyecto provincial ligado a La Línea y a Juan Franco.

Javier Botella presentándose en 2019 como líder de Unión Portuense. / EA
Unión Portuense queda ahora dentro de 100x100 Unidos Portuenses y, a su vez, de un proyecto provincial. Hubo candidatura autonómica, petición de voto y presencia de Francisco Belaustegui -concejal de Unión Portuense, como número cuatro por Cádiz. El municipalismo puro terminó descubriendo que podía viajar perfectamente hasta Sevilla si el billete resultaba conveniente.
José Manuel Caballero, fundador de Unión Portuense, lo ha resumido con bastante menos literatura: “Botella, tras unirse al 100x100 La Línea, ya no defiende El Puerto como proyecto sino que se incorpora a un partido con ambición provincial”. Puede pensarse que Caballero se equivoca. Lo difícil es negar que la contradicción existe.

Representantes de Unión Portuense, con Javier Botella al frente, y El Puerto 100x100, durante el encuentro en el que ambas formaciones formalizaron este año 2026 el denominado “Pacto de las Canteras”, dentro del proyecto provincial 100x100 Unidos en Cádiz. / EA
Pero el problema de Botella va más allá de las siglas. También es una cuestión de formas, ego y afán de protagonismo. Su comunicación pública se ha convertido demasiadas veces en vídeos, rifirrafes y acusaciones apresuradas que después necesitan matices o directamente desmentidos.

Las formas de Javier Botella en redes sociales. En una de sus habituales discusiones públicas llegó a calificar a José Manuel Caballero de “cobarde” y “traidor”, al tiempo que arremetía contra El Puerto Actualidad y otros perfiles locales.
Ocurrió con la polémica por la parada cardíaca en El Buzo, cuando difundió una supuesta falta de material sanitario que después fue rebatida públicamente, y también cuando insinuó otras motivaciones tras una sanción policial en la pasada Feria de El Puerto. A eso yo lo llamo bocachanclismo político: hablar antes de terminar de comprobar y confiar en que el vídeo corra más rápido que las explicaciones. Sin olvidar que fue denunciado por la Policía Local en 2016 por miccionar en la vía pública, concretamente frente al Asilo de Ancianos, junto al recinto ferial de Las Banderas, cuando era concejal de Economía en el Ayuntamiento.
Tampoco ayuda demasiado el famoso talante. Aquí ni siquiera hace falta señalarle: él mismo reconoció en 2018 en una entrevista a Diario de Cádiz, que “para ser alcalde hay que tener mucho más talante del que yo tengo”. Doce años después de sus inicios en la política, sigue en primera línea y, por el camino, incluso ha terminado expulsado de algún que otro pleno municipal tras ser amonestado en varias ocasiones por sus malas formas, insultos y gesticulaciones exageradas. No parece precisamente la mejor carta de presentación para quien aspira a ejercer de alcalde.
Queda por saber si tanta chaqueta responde a una evolución ideológica o a algo bastante más terrenal: seguir buscando acomodo político cuando en El Puerto su personaje, su falta de educación y sus contradicciones son ya sobradamente conocidos.

Javier Botella, en 2018, en Levantemos El Puerto (Podemos). / EA
Porque ese puede ser el verdadero problema de Javier Botella: que parece creer siempre en el proyecto político en el que Javier Botella ocupa un lugar destacado. Levantemos. Unión Portuense. 100x100 Unidos Portuenses. Cuartas municipales. Tercer proyecto y doce años de carrera política en la que pasó de ser el chaval del chándal cuando comenzó en los círculos de Podemos, al traje y corbata, la Semana Santa e incluso apoyar la tauromaquia en su último programa electoral, y no poner ya reparo alguno a pactar con el PP de Beardo si fuera necesario con tal de volver a tocar poder. Tal como hace su jefe, Juan Franco, en la Diputación de Cádiz.
Puede llamarse evolución. Yo lo llamo una capacidad extraordinaria para encontrar principios nuevos justo cuando los anteriores empiezan a estorbar.
Y por muchas chaquetas que saque del armario, la hemeroteca sigue allí. Esperando. Con todas las anteriores colgadas… y, esta vez, dejando también a Caballero por el camino. Puede seguir cambiando de chaqueta. El problema es que, a estas alturas, en El Puerto ya todos saben quién va dentro.













