Los presidentes de los EE. UU. han sufrido históricamente multitud de atentados contra sus vidas, algunos con éxito. El cine no es ajeno a esta realidad y a dado a luz filmes, por lo común de ficción, sobre esta temática.

Vemos hoy títulos como: Objetivo: Washington D.C. (2019), de D. Buckley; Asalto al poder (2013), de R. Emmerich; En el punto de mira (2008), de P. Travis; Air Force One (1997), de W. Petersen; y En la línea de fuego (1993), de W. Petersen.

OBJETIVO: WASHINGTON D.C. (2019). El infalible agente Mike Banning, con cicatrices, moratones y otras lesiones y males producto de su agitada vida de agente del Servicio Secreto, vela por la integridad del Presidente de los EE. UU., la persona más amenazada del planeta Tierra.

Fuego por doquier, música cañera para ir subiendo las pulsaciones de David Buckley, planos cortos, buena fotografía de Jules O'Loughlin, cámara lenta para paladear los golpes, buen ritmo, montaje preciso, disparos imposibles y todo un duelo en la cumbre, al final.

Ric Roman Waugh, debuta en esta saga con éxito, una cinta en que Gerard Butler comanda de nuevo la perfecta salvaguarda del Presidente del Imperio americano. Lo hace muy bien por la envergadura del actor, su rostro llena pantalla, experiencia en el combate y habilidades con las armas. Nadie mejor.

Cine de acción made in USA y Waugh siguiendo un libreto escrito a trío por Creighton Rothenberger, Katrin Benedikt y Robert Mark Kamen ensalzando la leyenda del macho heroico; un guion algo más trabado que en otras entregas.

La cosa es que una vez huido (o escapado) por los pelos de una Casa Blanca plan trampa mortal, y Londres asediado por los muy malos, de nuevo en faena, muchos peligros acechan al indestructible y ahora algo más obeso Banning.

La cosa es así. Cuando la felicidad y los cánticos angelicales rodeaban su vida, en unas memorables y meritorias escenas, una legión de drones kamikaze se lanzan en picado a por el Presidente que tranquilamente está pescando rodeado por cientos de policías y agentes.

El protagonista a su lado en la misma embarcación. La cosa se resuelve más mal que bien para Banning, pues resulta que los “manda” piensan que es él es el autor del atentado, quedando convertido en villano a que quieren fulminar.

El reparto está encabezado por un estupendo Gerard Butler que da el tipo con este personaje. Morgan Freeman pone la cara de nuevo como Presidente USA y está convincente. Piper Peralbo pasa el corte como bonita esposa. Lance Reddick y Jada Pinkett Smith, él y ella, cumplen en sus roles de Director de los Servicios Secretos y de oficial al mando del FBI.

Excelente Danny Huston como capo de la privatización mercenaria para la defensa norteamericana. Muy eficiente un nostálgico, antisistema y de pulsión pirómana, Nick Nolte, como el desaparecido padre del agente Banning.

La franquicia del guardaespaldas Banning cambia y ahora nuestro héroe, como fugitivo (inocente, pero esto sólo lo sabe el público), se las ha de ver con los suyos y, cómo no, con los rusos, como rememorando la estela de la Guerra Fría.

La conclusión es que las cosas, en vez de solucionarse de forma inteligente y sabia, no hacen más que generar nuevos conflictos con fondo de disparos y explosiones, lo cual que engendra más violencia.

Al final de la película, el Presidente agradece al protagonista que “nunca se rindiera”, pues eso le salvó la vida. Y esta reflexión, esta sentencia del seguir adelante sin acobardarse, recuerda los versos del poeta argentino Almafuerte, “¡Piu avanti!”: “No te des por vencido, ni aun vencido, / no te sientas esclavo, ni aun esclavo”. O los de José Agustín Goytisolo en “Palabras para Julia”: “Nunca te entregues ni te apartes / junto al camino, nunca digas / no puedo más y aquí me quedo.” Así, bien mirada, la cinta tiene su encanto.

 

ASALTO AL PODER (2013). John Cale (Channing Tatum), un policía del Capitolio ve cómo rechazan su petición de entrar en el Servicio Secreto para proteger al Presidente de los EE. UU. (Jamie Foxx). Un día en que lleva a su hija a una visita por la Casa Blanca, coincide que un comando paramilitar armado asalta el edificio. Con el gobierno pendiente de un hilo, Cale hace lo imposible para salvar al Presidente, al país y a su propia hija.

Dirección mediocre de Roland Emmerich con un guion de poco recorrido y demencial de James Vanderbilt. Insufrible música y fotografía del montón de Anna Foerster

Los dos protagonistas son grises: Channing Tatum parece un héroe de acción, pero solo lo parece, el resto es tedioso. Jamie Foxx ni siquiera parece remotamente el Presidente americano. Algunos actores buenos como Richard Jenkins o James Woods están poco aprovechados.

Especie de reformulación del poder político de Estados Unidos plan action hero —híbrido de Barack Obama y un héroe de blaxploitation— la peli de Emmerich no hay que tomarla en serio y su final deviene propaganda basura y monumento a la artillería mala.

Thriller que no encuentra el momento de poner fin a tanto dislate que llega a rozar lo naif y el absurdo, como la quijotesca persecución de los sicarios tras el coche presidencial por medio de los jardines de la Casa Blanca a disparo limpio, frente al vehículo blindado, plan dibujos animados.

En algún momento me pellizqué a ver si me había dormido y estaba soñando. Pero no, era la peli de Emmerich y el policía y el presidente seguían yendo de la mano. Muy tierno.

 

EN EL PUNTO DE MIRA (2008). Cuando vi esta película en su estreno, me llamó profundamente la atención pues el supuesto magnicidio del presidente USA se produce en Salamanca, la ciudad universitaria donde cursé mi carrera y la menos apropiada para algo así.

Película dirigida por Pete Travis y escrita por Barry L. Levy se centra en un intento de asesinato contra el presidente de los Estados Unidos, en la Docta Salmántica, visto desde las perspectivas de diferentes personajes. Tiene un buen reparto: Dennis Quaid, Matthew Fox, Forest Whitaker, William Hurt y Sigourney Weaver, nada menos.

Se ha querido comparar esta cinta con Rashomon (1950) de Kurosawa. Sin embargo, esta película es bastante inferior a la suma de sus partes. En el clásico de Kurosawa, las múltiples perspectivas se combinan para revelar algo profundo sobre la subjetividad humana, mientras que aquí parecen meramente un truco llamativo.

La obra no puede resistir la tentación del cliché, lo que la hace mucho más predecible de lo que aparentemente pretendía. Y si entre el público ves a una persona de evidente origen de Oriente Medio, ya puedes adivinar que es uno de los terroristas.

O sea, al llevar al espectador por varios caminos engañosos antes de revelar finalmente la Gran Verdad, el filme no deja de ser un thriller, género donde las "redes de intriga" y las "cosas que no son lo que parecen" son algo común. Regular.

 

AIR FORCE ONE (El avión del presidente) (1997). Dirigida por Wolfrang Petersen, con libreto de Andrew Marlowe, guion tópico, previsible y bastante fuera de realidad. Tiene una buena música de Jerry Goldsmith y correcta fotografía de Michael Ballhaus.

Lo más llamativo es el reparto, con Harrison Ford como cabeza de cartel, un papel tipo Indiana Jones pero en Presidente USA que Ford interpreta como es su costumbre. Y le secundan actrices y actores profesionales como Gary Oldman o Glenn Close entre otros; todos bien.

El gran problema de esta película es un guion cortito, falto de imaginación, de planteamiento pobre y con un grado de tensión insuficiente, quedando la historia ramplona, sin fuelle, frente a un desenlace previsible.

Del hollywoodiense final es mejor no hablar por su total falta de credibilidad y su fantástica terminación, en el peor sentido del término.

El carisma de Harrison Ford salvó a esta película de una debacle en taquilla; incluso accedió al terreno Oscar: increíble. Filme mediocre que no merece más palabras.

 

EN LA LÍNEA DE FUEGO (1993). Los thrillers son tan buenos como sus villanos, y en esta cinta tiene uno excelente: un tipo astuto y repugnante que se infiltra insidiosamente en la psique de un veterano agente del Servicio Secreto llamado Horrigan (Clint Eastwood).

El malo disfruta manipulando psicológicamente a sus oponentes y hace llamadas telefónicas amenazando con asesinar al presidente. Elige a Horrigan porque sabe que este agente aún se siente culpable por no haber podido salvar la vida de John F. Kennedy 30 años atrás.

El aspirante a asesino se llama Mitch, interpretado bien por un John Malkovich como hombre inteligente y retorcido que usa disfraces, identificaciones falsas y modales aduladores.

Ocurre que Horrigan tiene las manos atadas. El presidente se presenta a la reelección y su jefe de gabinete (Fred Dalton Thompson) no quiere que parezca un cobarde. Así que, después de que Horrigan dé un par de falsas alarmas, lo apartan de la seguridad de la Casa Blanca y restringen las normas para seguirle la pista a Mitch.

Esta obra es similar a las entregas de Harry el Sucio de Eastwood, en que un asesino psicópata juega con el policía. La película incluso incluye a la típica compañera de Eastwood, una agente interpretada por Rene Russo dura y capaz, y que se puede enamorar.

Thriller inteligente, tenso y bien realizado. El director es Wolfgang Petersen, logra desarrollar la trama con precisión, al tiempo que crea personajes sorprendentemente entrañables.

Russo, en el papel de Lilly, la agente, encuentra una interesante variación en el rol de compañera y amante. Su relación con Horrigan comienza con el pie izquierdo, por el machismo de él. Pero su respeto mutuo crece, y hay un momento en el que admiten que se sienten atraídos el uno por el otro.

La trama avanza con los giros y vueltas del guion de Jeff Maguire. Horrigan aprovecha las pistas que le proporciona Mitch, usa su intuición y experiencia, infringe las normas y, finalmente, se ve obligado a poner a prueba la disposición de recibir una bala en lugar del presidente.

Eastwood es perfecto para el papel, como un hombre de larga experiencia y sentimientos profundos. Le acompaña una interpretación inspirada de Malkovich, quien, callado y muy inteligente, urde un astuto plan para acercarse al presidente con una ingeniosa arma. El clímax es emocionante, no solo por la acción, también por su impecable factura.