
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
El gran desastre de la Depresión económica norteamericana de 1929 hizo que una gran cantidad de indigentes se vieran forzadas a errar por el país, viviendo de la mendicidad o de trabajos temporeros en cultivos variados. En las afueras de las ciudades proliferaron las shantytowns o poblados de chabolas.
Otra imagen habitual de aquellos años fueron las colas de desempleados en busca de trabajo y el reguero de vagabundos pidiendo comida a lo largo de las líneas de ferrocarril.

En estas líneas me refiero a tres películas donde se explica el papel jugado por el tren, como manera de ganar algún dinero, con asentamientos aledaños a las vías de pobres a la espera de “algo”, y el férreo control y la dura lucha de los maquinistas y ferroviarios contra los errabundos que montaban en sus trenes sin pagar, aupados en los techos de los vagones e incluso en los bajos de estos.
Uno de los más impresionantes retratos de la depresión económica que asoló Estados Unidos en los comienzos de los años 1930 lo podemos encontrar en el mítico filme de John Ford: Las uvas de la ira (1940), basada en la novela homónima de John Steinbeck.
En esta obra se refleja el sufrimiento y la frustración de miles de personas encarnadas como la familia de Tom Joad (Henry Fonda), expulsados de sus tierras, que deben emprender un larguísimo viaje con la esperanza de encontrar una oportunidad en la tierra prometida de California. Ver aquí
AGUA PARA ELEFANTES (2006): Circo, tren y crack del 29. La primera película que referiré en estos comentarios es Agua para elefantes (2011), de Francis Lawrence (adaptación de la novela homónima de Sara Gruen, 2006). La película narra la historia de Jacob Jankowski y se sitúa temporalmente tras el crack de la bolsa, en una época complicada, un tiempo fatídico de no hace tanto…
Jacob es un joven estudiante de veterinaria de origen polaco, que ha tenido que abandonar sus estudios tras la muerte en accidente de sus padres.
Huérfano y pobre, Jacob se entrega al vagabundeo, hasta que finalmente monta en un tren de polizón, para comenzar a trabajar al poco en el circo de los hermanos Benzini como veterinario de todo tipo de animales, principalmente de los elefantes. El joven se enamora de Marlena, la amazona casada con August, el dueño del circo, un hombre tan carismático como retorcido.

Lawrence retrata una “gran depresión ferroviaria” con un colorido fascinante que camufla la pobreza real de la época. Sin embargo, la obra sirve al propósito de contemplar con nostalgia y cariño una época pasada, simbolizada en este caso por la vida circense.
Entre medias, el amor cruza y tinta la película de afecto y también de odio y violencia. Un reparto donde destacan la bella Reese Witherspoon, Robert Pattison y un brillante Christoph Waltaz como marido y sujeto peligroso; sin olvidar al siempre brillante Hal Holbrook.
La cinta es un melodrama que se ve bien, un filme fresco en el que la ambientación de circo, el amor en ciernes o los decorados ya nos recuerda a otras obras hollywoodienses. Además, Pattison y Witherspoon brillan bajo el dorado foco de la cámara de Rodrigo Prieto, y esto hay que valorarlo.

Esta película tiene una puesta en escena impecable, minuciosa en su representación del mayor espectáculo del mundo, bien documentada y desarrollada en el contexto histórico donde sucede su acción.
Película con una plástica esmerada, entretenida y con algunos detalles chocantes como, por ejemplo, la abundancia de medios del circo o los gorditos y lustrosos caballos en una época en que la pobreza y la miseria eran omnipresentes.
TOMATES VERDES FRITOS (1991): Sur estadounidense profundo. Dirigida por Jon Avnet de manera ágil y elocuente, con un guion de Fannie Flagg y Carol Sobieski, es adaptación de la conocida novela homónima de la misma Flagg.
Me quiero detener y subrayar una mínima parte del filme, referido a uno de los muchos recuerdos de infancia y juventud que la anciana Ninny le va contando a Evelyn, una mujer obesa y acomplejada que la visita asiduamente en su Residencia de mayores.
Ninny aprenderá mucho de los relatos que la interesante mujer mayor le cuenta sobre su vida pasada llena de acontecimientos interesantes, a la vez que aguerridos y aleccionadores.
La señora narra historias ambientadas en los críticos años treinta sobre ella y otra fémina. Dos mujeres que pasan por todo tipo de obstáculos juntas. Y hay un episodio en el cual Ninny refiere el lado caritativo y comprometido, centrado en ayudar a miles de personas pobres que malviven en chozas o al aire libre, al costado de las vías del tren, a la espera quién sabe de qué milagro.

Uno de esos milagros se produce cada vez que las jóvenes, aprovechando la noche y haciendo uso de una gran osadía, asaltan trenes para repartir comida entre los desheredados; lo hacen montando a la carrera en el tren, se introducen en un vagón de alimentos y vituallas, y cuando van pasando por la zona donde habita la mendicidad fruto del crack, abren los enormes portones del vagón y van lanzando hacia el exterior una ingente cantidad de víveres, pertrechos y suministros de primera necesidad.
Es la forma de sembrar el oscuro y boscoso paisaje de un maná que los pobres allí apostados se aprestan a recoger con una avidez y gratitud reflejada en sus rostros macilentos.
Cuando se ha producido el furtivo reparto y prácticamente acabada la mercancía, las jóvenes saltan del vagón en marcha, no sin riesgo, y vuelven a su casa con la íntima satisfacción de haber mitigado al menos en parte la desdicha imperante y el hambre atrasada de tantas familias.

Estos y otros sucesos de la película son fruto de un pasado que se desvela retrospectivamente, intercalándose dentro de otra historia contemporánea, la de Ninny Threadgoode, la entrañable anciana.
La historia la cuenta Ninny a Evelyn Couch. Este y otros relatos acabarán influyendo en Evelyn, que poco a poco se va convirtiendo en una mujer más resuelta y madura, y con una nueva forma de ver la vida.
Interesantes interpretaciones de Jessica Tandy, actriz ya longeva en el filme, que interpreta maravillosamente el rol de Niny; Kathy Bates está genial como la amorosa Evelyn.
EL EMPERADOR DEL NORTE (1973): Vagabundos contra ferroviarios. Por último, quiero referir en estas líneas una realidad que ocurría en aquella época de parón económico, relacionado con los menesterosos que se movían en el tren embarcando clandestinamente, recorriendo la geografía norteamericana para buscar una vida mejor.
Despreciados por la sociedad, rechazados y sin hogar, se constituyeron en una raza aparte, un clan de nómadas que burlaban la ley oficial, a la vez que hacían valer sus propias normas entre ellos.
Para ilustrar este fenómeno está la gran película: El emperador del norte (1973), de Robert Aldrich, tensión in crescendo y un enfrentamiento entre titanes protagonistas, a la sazón personajes antiheroicos guiados por un afán de supervivencia y el poder brutal como ley.

Desde los primeros planos, Aldrich describe a uno de los principales personajes del filme, Shack (Ernest Borgnine), un empleado del tren, mostrando en unas escenas inhumanas cómo el personaje se deshace de un vagabundo que ha a un vagón.
Desde ese punto ya tenemos una buena definición del ferroviario: un hombre brutal, cruel y enemigo de los pordioseros que pretenden viajar gratis en “su” tren, el Nº 19, y no duda en combatirlos a muerte.
Aldrich recrea un drama en aquella época de miseria en que los errabundos se desplazaban de un estado a otro ocultos en trenes que iban y venían. Uno de los personajes principales es el denominado Emperador del Norte, un menesteroso astuto y conocedor del terreno, protagonizado magistralmente por Lee Marvin.
Compitiendo para arrebatarle la fama de tan ilustre apodo, otros dos indigentes encarnados por un Keith Carradine genial y Charles Tyner. Marvin le exclama a Carradine: “Yo soy el señor de las vías. El tren es mi hotel y nadie se sube en él. No acepto socios, soy el rey de los vagabundos. El emperador del norte. Tú puedes llegar a ser un hombre, puedo enseñarte, tendrás que aprender a obedecer y a que los golpes no te duelan”. Pero el Emperador no tardará en apear al díscolo Carradine, el inexperto errante, fuera del tren.

Basada en un relato de Jack London, la historia se desarrolla en el estado de Oregón en 1933, cuando las pobres gentes viajaban en los trenes de mercancías.
El terrible y fiero ferroviario Shak que odia a los polizontes, es interpretado por Borgine en uno de los papeles más importantes de su filmografía.
Camino a Portland los personajes habrán de jugarse la vida a lomos de un tremendo tren a toda velocidad, escondidos en los últimos vagones e incluso en los bajos de la diabólica máquina.
Un duelo interpretativo de primera magnitud entre Marvin y Borgine que no se olvida, pues encarna la violencia, la crueldad y el instinto de conservación de dos personas fuertes en posiciones de poder antagónicas.
Película social en la que Aldrich enfrenta a la clase más humilde imaginable (los mendigos itinerantes) y el poderoso revisor representando el Staff, que en el fondo es igual de desgraciado que sus enemigos mendigos, él en el rol de guardián que agrede inmisericordemente con cadenas o martillos a quienes osan subirse a “su” tren, pues el revisor sanguinario considera suya la maquinaria que gobierna.
También la cinta es un cántico a la libertad e incluso a la liberación, al romanticismo, en esa ansia de volar por encima del mal feroz y subsistir a las más impensables calamidades que el mundo puede deparar a un hombre: la pobreza, la persecución y el acorralamiento.

Ritmo endemoniado, siempre están pasando cosas, sin muchos diálogos pues la potencia del relato está en la acción, que dice más que las palabras.
La puesta en escena es magnífica, rodada en escenarios naturales de Oregón, unos paisajes tan salvajes como los protagonistas, fotografiados por Joseph Biroc de forma espléndida, las montañas, bosques, ríos y puentes que tallan a fuego a estos antihéroes en encarnizada lucha.
Cine de tren y violencia en época de enorme dificultad, con escenas espléndidamente rodadas, bien montadas y secuenciadas que crean un clima emocional tan palpitante que provoca angustia.
Película sobre los desheredados, obra sobre cómo subsistir en un mundo hostil, que concluye con un duelo en la cumbre, cuando el espectador desea ya que acabe tanto suplicio, maldad y encarnizamiento. Obra injustamente olvidada y poco reconocida.
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