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El director David Frankel parece dedicado a las películas del “diablo viste de Prada”. Películas que hablan del vertiginoso mundo de la moda en Nueva York, la cumbre del éxito representada en la revista Runway, y el mundo del poder económico y también artístico de sus personajes.

La primera entrega fue un éxito, y aún hoy, veinte años después, gusta volver a verla pues sus ingredientes van muy bien. Personajes icónicos, diálogos y frases para el recuerdo, una mezcla de géneros para todos, un guion facilón y biempensante, y una pasión por el estilismo que va más allá de la pantalla. Sin ser obra maestra, la cosa funciona.

En la segunda parte se han mantenido los elementos identitarios, aunque huyendo del texto original, para crear una historia nueva que, pese a revelarse autorreferencial en algunos momentos, huye de copiar apostando por la fusión inteligente de elementos que juegan con el pasado y con la modernidad, al unísono.

Me refiero hoy a la última entrega de la saga; El diablo se viste de Prada 2 (2026), de D. Frankel; y comento la primera parte: El diablo se viste de Prada (2006), del mismo Frankel.

EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 (2026). Historia sobre la lucha de Miranda Priestly contra Emily Charlton. Su exasistente se ha convertido rival por los ingresos provenientes de la publicidad, mediando la decadencia de los medios impresos y una Miranda que ya se acerca por edad a la jubilación.

Argumento eficaz de la posible adquisición de la revista Runway, auténtica protagonista del lance y clave de la función. Se le añaden los clásicos hits en las comedias emblemáticas: comicidad bien resuelta; diálogos chispeantes y oportunos; un romance agradable; cameos importantes que no desvelo; pistas y que nos llevan a la primera película; el lenguaje del vestuario; y así…

Y la baza principal, o sea, un reparto de los muy buenos que ya demostró su valía en la primera parte y que repite al completo prácticamente. En cabeza una Meryl Streep/Miranda Priestley soberana, que aquí aparca su férreo carácter y dejar ver su fragilidad; seguida del vistoso Stanley Tucci y Anne Hathaway, con un personaje más adulto y maduro, contrapunto de la capitana. Emily Blunt también cumple en su vis más cómica. E incluso resalta el personaje de Kenneth Branagh.

Todo ello conforma la fusión óptima para una comedia plan Hollywood. El filme viene a concluir siendo una feel-good movie con mucho que decir, muy divertida, ligera, sutil y diversos aciertos visuales.

Es necesario valorar esta producción por su trabajo y consecución de objetivos. El diablo viste de Prada 2 lleva con colmo de ambas cosas y es justo reconocer su empeño.

 

EL DIABLO SE VISTE DE PRADA (2006). En el vertiginoso mundo de la moda de Nueva York, la cúspide está en la revista Runway, dirigida por Miranda Priestly (Streep), una mujer fuerte. Trabajar como ayudante es un puesto importante y de futuro para Andy Sachs (Hathaway), con el inconveniente de que es una muchacha un tanto desaliñada para el grupo de periodistas de la revista, todas guapas y elegantes.

No tarda Andy en comprender que para triunfar en ese negocio necesita más que iniciativa y preparación. La prueba es Prada, vestida de pies a cabeza a la última, el personaje de Meryl Streep, que se inspira en Anna Wintour, directora de Vogue en los Estados Unidos.

La joven Andy Sachs consigue un trabajo como asistente del asistente de Miranda, Emily (Emily Blunt), quien le tiene pánico a Miranda. La joven Andy tiene un novio con quien vive, algo un tanto irregular. Él es Nate (Adrian Grenier), con barba de tres días.

Dirigida por David Frankel, adapta el superventas de 2003 de Lauren Weisberger, sobre el mundo de la moda y la jerarquía en las empresas, es una obra inteligente, divertida, que se ve con agrado y con una gran puesta en escena.

Emily, la primera asistente, vive para el día en que viajará a París con Miranda para la Semana de la Moda de Primavera. Pero entonces se resfría y se convierte en "un foco de contagio viral". Para entonces, la joven Andy, que ya ha impresionado a Miranda y además se viste mejor, reemplaza a Emily en el viaje a París.

Basada en la exitosa novela de Lauren Weisberg, la cinta captura a la perfección el tono del libro, una novela que estuvo seis meses en la lista de los libros más vendidos del New York Times y que se ha publicado en 27 países.

Meryl Streep está realmente serena e imperiosa como Miranda, y Anne Hathaway es una belleza que resulta convincente como mujer de negocios. También muy bien Stanley Tucci como Nigel, el director de moda de la revista, que es amable y observador, a la par que es un esclavo de su carrera.

Pero creo que la película debería haber invertido los papeles interpretados por Adrian Grenier y Simon Baker. Grenier no parece el antiguo novio, sino el astuto escritor neoyorquino, y Baker parece la personificación de la sinceridad del típico vaquero, lo cual tiene sentido ya que es australiano (el Medio Oeste del hemisferio sur?).

En fin, comedia que se ve con agrado, aunque es difícil creer la moralina de la historia ni por un segundo. Obra inteligente y divertida, no está hecha sólo para satisfacción de personas de cierta edad sino para la gente del siglo XXI. Cine entretenido y bien trajeado, uno de esos ejemplares de película muy vista y a la vez única.