Que España siempre ha sido un país singular es de sobra conocido, pero el ensañamiento en las redes, no por parte de todas las personas, pues aún queda en este país gente normal, no tiene desperdicio y pone de manifiesto el mayor de los vicios del español: la envidia.
Curiosamente, por adoctrinamiento, los tíos de la vara, que son muchos, ante determinados casos hacen lo que hace la gente normal: esperan a las resoluciones judiciales, ponen en cuarentena las noticias y, además, si están adoctrinados, niegan la evidencia y sacan la vara en defensa de sus líderes, en liza con los otros adoctrinados que vapulean a sus más queridos próceres.
La gente normal lamenta los hechos, aplaude cuando se hace justicia y se mantiene, de forma prudente, expectante.
En los últimos tiempos, de cuarenta años a esta parte, la corrupción se ha asentado en nuestra sociedad, manchándolo todo. Como es natural, los políticos, sean del signo que sean, son como la miel para los amigos del dinero fácil. Y es que, si alguien quiere chanchullos, no se hace amigo del peón de albañil, del dueño de un almacén ni del cajero de un banco.
La corrupción requiere de un elemento esencial: el sinvergüenza que medra a la caza del dinero fácil. Como es natural, no lo dice a pleno pulmón, sino que actúa desde atrás, busca la foto, la amistad y la cercanía con quien tiene la opción de abrirle puertas, lo cual no quiere decir que se las abra.
Aun así, es más probable ver a un sinvergüenza al lado de un político, haciéndose una foto, que junto a un camarero, ya que busca lo que busca.
Pero, como decía, no todos los políticos son corruptos, aunque, dada su profesión, por llamarla de alguna manera, son carne de cañón para que se los lapide. El tío de la vara lo sabe y tiene medios para, sin información alguna, pedir cabezas sin fundamento.
El problema ahora es el pasotismo, y el mayor ejemplo lo estamos viviendo en los últimos tiempos, cuando ya no dimite nadie. Está todo tan manido que nadie se molesta en salvaguardar ni su honor ni su tranquilidad, pues son tantos los vapuleadores que la situación ya aburre y cansa.
Y lo mejor de todo es que la mayoría de quienes acusan, movidos por el adoctrinamiento y la envidia, quizá no son sinvergüenzas o corruptos por la sencilla razón de que la vida no les ha dado esa oportunidad.
Porque estoy seguro de que, a la mayoría de quienes se llenan la boca de mierda acusando a unos y a otros, a los del PP o a los del PSOE, ya sean advenedizos de partidos sin poder alguno o simples peones adoctrinados, lo único que les falta para ser sinvergüenzas o corruptos, para ser quienes se lo llevan calentito por hacer la vista gorda o para dar el pelotazo, es una oportunidad que ni tienen ni van a tener.
Aun así, en España sigue habiendo mucha gente normal y muchos políticos, tanto de una banda como de la otra, que son simplemente normales. Algunos son un poco bocachanclas, pero eso no es malo.











