Juan de Mesa.- Corren vientos en El Puerto, y siempre hay una veleta dispuesta a sostenerlos. Esa que gira según le conviene, que esquiva las rachas que se le presentan y nunca pierde la ocasión de orientarse a su antojo, moviendo sus hilos con destreza.

Una veleta que no escatima en gigabytes cada vez que algo sucede en el consistorio portuense. Entonces corre al pinar de San Antón, donde intenta despachar y arreglar fuera lo que nunca consigue dentro, cual charlatán de feria.



Ya lo conocemos, y se le da bien. Nunca prestó atención a las redes —decía—; siempre quiso restarles importancia y acusar a otros de utilizarlas con fines personales. Pero ha dejado claro que es el número uno en amplificar vendavales ajenos.

Ese es Javier Botella: el edil que cambia de camiseta —chaqueta no usa— cada vez que le viene en gana. Hoy es de izquierdas, mañana de centro y pasado mañana capaz de seducir a la derecha con tal de rascar donde no hay.

Hoy se disfraza de cura, mañana de torero, pasado limpia el espigón para contentar a los suyos: esos a los que reparte migajas para parecer bueno, honrado y eficiente.

La última corriente que le queda se llama Unidos 100x100. Tras cargarse la directiva de Unión Portuense por orgullo y vestirse de nuevo —por tercera vez— con otro traje de trabajo, su escrúpulo político lo empuja a un nuevo abismo donde, sin duda, no le faltarán tempestades.