
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Escribía hace poco en estas páginas sobre una película que tiene bastante que ver con estas que me dispongo a comentar: Aquí un amigo (2024), donde el protagonista trabaja en una agencia de alquiler de personas en la cual interpreta papeles diferentes (de amigo, acompañante, etc.), una película satírica que hace por entender la falsedad que vemos en este mundo, pleno de engaños, imposturas y trampas, que pueden acabar pasando por verdades, pero que no lo son.
Con esta temática traigo hoy dos películas sobre la artificialidad: Rental family (Familia de alquiler) (2025), de Hikari; y El show de Truman (1998), de P. Weir.
RENTAL FAMILY (FAMILIA DE ALQUILER) (2025). La historia está ambientada en el actual Tokio. El protagonista es un actor estadounidense de treinta y tantos, alto y corpulento. Es Phillip Vanderploeug, un nativo de Minnesota (Brendan Fraser) que imaginó que su fama como protagonista de un anuncio japonés de pasta de dientes, podría ayudarle a encontrar trabajo como actor en el país asiático.
Lleva ya siete años en Japón haciendo pruebas y audiciones sin mucho éxito. Pero su agente le llama para ofrecerle el papel de "americano malo" en un funeral. De entrada, quiere rechazarlo, pero le ofrecen remuneración sustanciosa. No tarda Philip en verse envuelto en un negocio como intérprete para temas sensibles y emotivos, una agencia donde interpreta sucesivos roles.
La tal empresa de alquiler de familiares está dirigida por Shinji Tada (Takehiro Hira de "Sh?gun") y ofrece actores o dobles para ayudar a los clientes en todo tipo asuntos de familia. De hecho, es un fenómeno en Japón. Una empleada de Shinji, Aiko Nakajima (Mari Yamamoto de "Tokyo Vice"), pasa la mayor parte del tiempo fingiendo ser la amante de maridos infieles, que se disculpan ante sus esposas. Otros "actores" pueden hacerse pasar por esposas, esposos, padres o hermanos de alguien, por horas.

La premisa de Rental Family es frecuente en Japón: reemplazar a un familiar cercano por una tarifa y por tiempo limitado. La empresa de alquiler familiar Hagemashi-tai, con sede en la ciudad de Noda, anuncia sus servicios para «padres, madres, esposos, esposas, etc., así como para amigos, conocidos, superiores, colegas, subordinados y representantes en las citas».
Tras su primera actuación como doliente en el falso funeral de un cliente, a Philip le toca ser el nuevo esposo de una mujer soltera, papel que representa para que la novia pueda independizarse sin deshonrar a sus padres. O sea, tras casarse (falsamente, pero a los efectos verdaderamente), la joven puede marcharse de su casa e iniciar una relación con una novia que tiene; de otro modo habría sido impensable cara a la familia.
En fin, que Phillip se casa como novio, actúa de plañidero en funerales escenificados o se convierte en compañero de juegos temporal.
No tarda nuestro protagonista en sentirse a gusto en su nuevo trabajo. Con propuestas como hacer de amigo de un hombre para jugar videojuegos y pasear; o hacer de padre que aparece al cabo del tiempo, para una inteligente niña de ocho años (Shino Shinozaki), cuya madre soltera, Mia Kawasaki (Shannon Gorman), cree que su hija debe tener a su padre para que le ayude a superar la prueba de acceso a una escuela de élite: el padre que ha vuelve.

Paralelamente, la hija de un gran actor japonés, Kiku Hasegawa (Akira Emoto), le pide a Philip que se haga pasar por un periodista de cine que lo entrevista en una retrospectiva de su carrera. Y aunque Kiku se huele algo raro, busca una ayuda para escapar de la prisión en que se ha convertido su majestuoso hogar.
Conforme pasan las semanas la natural bondad innata de Philip lo lleva a preocuparse demasiado por Mia y Kiku. Lo cual pone en riesgo el "papel" que representa en la empresa de alquiler. También Aiko atraviesa su propia crisis personal a medida que las exigencias de sus papeles empiezan a pasarle factura. Incluso Shinji, el director de la empresa empieza a cuestionar su lucrativa creación.
El buen mensaje es que Philip, al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, redescubre el propósito, la pertenencia y la tranquila belleza de las relaciones humanas.

Fraser es un actor de una sinceridad inquebrantable, y aunque pueda parecer que no es el artista apropiado para resolver el rompecabezas que la directora Hikari intenta montar, sin embargo, demuestra que puede dotar al drama de la profundidad emocional suficiente para llevarlo a buen puerto. Mari Yamamoto brilla en la pantalla, y Akira Emoto está sensacional.
La directora Hikari y su coguionista Stephen Blauht consiguen alumbrar una comedia dramática cargada de sentimentalidad, que sabe tocar suficientes fibras sensibles sin que el público se sienta manipulado.
Filme con tintes morales, pues presenta una realidad cargada de engaños y ficción, una cinta desafiante. A la vez, película tierna y humana, anclada en la conmovedora interpretación de Brendan Fraser que puede provocar lágrimas genuinas.
EL SHOW DE TRUMAN (1998). Se cuenta la historia de un individuo corriente e inocentón llamado Truman Burbank, cuya vida ha transcurrido en una pequeña ciudad donde nunca pasa nada.
Ha crecido en ese lugar, se ha casado, cada mañana su amante esposa lo despide en la puerta de casa cuando marcha al trabajo, y así. Pero hete aquí que de pronto, ciertos sucesos anómalos le hacen sospechar, algo está ocurriendo, algo que no es normal.
Y es que todos sus amigos son gente de inventadas, o sea, que actúan, que son actores dentro de un gran plató constituido por toda la ciudad, y que su vida es filmada y emitida de forma continuada a modo del más ambicioso Reality Show (Telerrealidad) jamás imaginado.
El director Peter Weir se hace cargo con inusitada capacidad y un gran nivel, de esta película que deviene en una historia a la vez que sorprendente, inquietante. Sin duda su mejor película junto a Gallipoli (1981), Último testigo (1985) o Master and Commander (2003).

Cuenta con un gran guion de Andrew Niccol, uno de los libretos más originales de la década de los noventa, que es algo más que un mero guion. Es, según mi modo de ver, una brillante obra, lo mejor que Niccol ha escrito, dentro de que ha construido otras historias muy originales. Pero en este filme, la cosa le sale redonda.
Cuenta además con la banda sonora de un Burkhard Dallwitz genial, que convierte los diez últimos minutos en una gran obra de arte. Y una muy atractiva, bella y sugerente fotografía de Peter Biziou, de tonos esplendentes y bellos.
En el reparto sobresale un Jim Carrey más contenido de lo habitual, que hace una meritoria interpretación del personaje principal. Vemos al mejor Carrey convertido en un auténtico actorazo. También Ed Harris está genial y demuestra su experiencia y su saber manejar a su personaje, resultando creíble y fantástico: el maligno presentador del programa de TV.
Acompañan con gran solvencia Laura Linney (excelente), Nolah Emmerich (estupendo), Natascha McElhone, Holland Taylor, Paul Glamatti, Adam Tomei o Harry Shearer.
Es una película que impacta, lo cual fue más evidente en la época de su estreno, cuando estaban en pleno auge los Realityshow. Como dice Boyero: "Muy de vez en cuando, se da el milagro de que a un guionista de raza se le ocurra un argumento insólito, cae en manos de un director de altura y los espectadores podemos disfrutar de lo nunca visto y oído".

Excelente película que intenta dar respuesta a la pregunta del millón: ¿qué pasaría si alguien nos dijera que nuestra vida es una farsa, que no es real, que la realidad es otra cosa? Creo que en principio pensaríamos que esa persona no está en sus cabales. En esta película, Jim Carrey descubre por sí mismo que está dentro de la caverna y batallará por salir de ese gran decorado que es su existencia ficticia.
Un bello canto a la libertad por la rebeldía. Una enorme crítica a las vidas artificiales y planificadas que la mayoría llevamos, puede que sin saberlo. Alas para volar, ánimo para salir de la rutina, brío para enfrentar los convencionalismos y las mentiras ortopédicas, para derrumbar el itinerario común y tedioso, para dar batalla a la hipocresía.
El cine, al modo de la Literatura como escribiera Cesare Pavese: “… siempre tiene que mostrar algo rompedor. Algo que apele a la rebeldía interior”.











