Hay imágenes que explican una situación política mejor que veinte comunicados. La de ayer en la Plaza Isaac Peral es una de ellas. Miles de portuenses llenaron la plaza para mostrar su apoyo a Ceuta, entre banderas españolas y ceutíes y bajo un mensaje bastante sencillo: “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”.

Y mientras la plaza se llenaba, buena parte de la izquierda política de El Puerto decidió no estar. PSOE e IU quedaron fuera de la movilización y 100x100 Unidos Portuenses optó por esa posición intermedia tan suya que permite apoyar, matizar, distanciarse y no terminar nunca de quedar demasiado cerca de nadie.



La defensa ya circulaba mucho antes por la izquierda: aquello era un mitin encubierto, una concentración instrumentalizada por PP y Vox o directamente otro escenario para atacar a Pedro Sánchez. Puede discutirse durante horas. Pero existía una solución bastante sencilla para quien creyera eso: ir, apoyar a Ceuta y no participar del mitin. Nadie obligaba a hacerse una foto con Germán Beardo ni a aplaudir una sola frase con la que no se estuviera de acuerdo.

De hecho, Francisco Belaustegui, número dos de Unión Portuense, hizo exactamente eso: acudió y permaneció entre el público, lejos de la fotografía política principal. No sufrió ninguna transformación ideológica conocida al cruzar Isaac Peral. Tan complicado no debía de ser.

El PSOE de El Puerto había optado previamente por una fórmula extraordinariamente cómoda: dejar a voluntad de cada militante la decisión de acudir. Libertad absoluta. Tanta, que finalmente no se vio allí a su portavoz, Ángel María González, ni a ningún dirigente socialista relevante. El maravilloso arte de no mojarse ni debajo de la ducha.

Podían haber acudido precisamente para demostrar que el apoyo a Ceuta no pertenece al PP ni a Vox. Podían haberse situado entre los vecinos, lejos de la primera fila, y defender después todas las diferencias políticas que quisieran. Eligieron otra cosa: no estar.

Con Izquierda Unida al menos no hubo misterio. José Luis Bueno ya había dejado claro que la concentración no iba con ellos. Su formación puso el acento en los derechos humanos de los migrantes, la solidaridad y el rechazo al uso de la inmigración como herramienta de miedo o confrontación. Es una posición política legítima. Y también perfectamente criticable.

Porque defender los derechos de los migrantes y mostrar solidaridad con el pueblo ceutí no son conceptos incompatibles. IU decidió, sin embargo, que el contexto político de la convocatoria pesaba más que hacerse presente en una concentración de apoyo a una ciudad española sometida a una situación extraordinaria.

Representantes de PP y Vox posan tras la concentración celebrada en la Plaza Isaac Peral bajo el lema «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende».

Y después tenemos a Unión Portuense, un proyecto político capaz de convertir cualquier cuestión aparentemente sencilla en un ejercicio avanzado de equilibrismo. Su comunicado previo era prácticamente imposible de discutir porque también resultaba difícil saber contra qué discutir. Apoyo a Ceuta, defensa de los migrantes, rechazo a la polarización, derechos humanos, convivencia y un poco de todo para no terminar de incomodar a nadie. Un cóctel político servido a temperatura ambiente.

Al final, el miércoles no había que resolver la política migratoria europea, redactar un tratado con Marruecos ni decidir quién tenía razón sobre Pedro Sánchez. Había algo mucho más sencillo: decirle al pueblo ceutí que El Puerto estaba a su lado.

Miles de portuenses lo entendieron. Otros llegaron a la cita con la excusa preparada.

Y la imagen terminó siendo bastante más simple que todos sus argumentos: la plaza estaba llena. Ellos no estaban.