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El amor, la pareja, es una experiencia bien conocida de ustedes, una experiencia fuerte y no siempre plácida o feliz. De eso va esta entrega.

Llevado el tema a la pantalla, sería prácticamente interminable contar los títulos que abordan esta temática. Hay entregas anteriores de esta sección en las que he hablado de esto: Secuelas de Un hombre y una mujer, Dramas románticos con personajes de color, Divorcios a lo british, Melodramas románticos kitsch, Romances otoñales, Amor entre mujeres, Amor en tiempos difíciles, Amores originales y palomiteros, Amores exóticos y entretenidas comedias, Mujeres mayores-hombres jóvenes en el amor, etc.

Hoy me referiré a tres pelis: Vivir el momento (2024), de J. Crowley; Secretos de un matrimonio (1974), de I. Bergman; y Dos en la carretera (1967), de S. Donen.

VIVIR EL MOMENTO (2024). Almut (Pugh) y Tobias (Garfield) se tropiezan, nunca mejor dicho, de manera inesperada. Él, camina abrumado y abstraído por su reciente divorcio, y es atropellado por una joven que es una prestigiosa y premiada chef, que conduce su coche. Este encuentro casual-traumático marca el inicio de su relación y el enamoramiento casi inmediato de ambos.

La encrucijada del amor

A través de pasajes y acontecimientos de su vida, se nos revelan aspectos y encrucijadas que amenazan con sacudir los cimientos de la pareja. Conforme andan el camino, los límites del tiempo desafían la estabilidad, pero los protagonistas aprenden a apreciar cada momento del inusual trayecto que ha tomado su historia romántica, que se extiende y abarca una década.

Película que provoca una profunda reflexión sobre la vida; nuestras decisiones, prioridades y cómo queremos ser recordados. Contamos con interpretaciones conmovedoras y una carismática química de Florence Pugh y Andrew Garfield.

Guion y dirección discutibles

El guion de Nick Payne da vida a una vibrante por demás, apasionada por demás y accidentada historia. Lo que hace Payne es subirnos en un carrusel emocional, explorando la relación de los amantes. Una relación plagada de curvas y recovecos impensables.

El director John Crowley acierta a ensamblar como cada fragmento de la vida de los personajes, lo cual es contado de manera no lineal, retratando episodios de alta tensión emocional y hondo calado por momentos trágico.

Cada instante es capturado por la cámara de Stuart Bentley, que acierta a colocar el objetivo en el lugar preciso con una fotografía meritoria y esplendente, que captan el amor y otros detalles que, aunque accesorios, resultan significativos.

Saltos en el tiempo y visión existencial

Los brincos en el tiempo de la narrativa aluden a la manera en que funciona nuestra memoria al recordar fragmentos de la vida. Este formato podría invitar a reflexionar, a recordar y a preguntarnos cómo queremos vivir la vida y cómo nos gustaría ser recordados. También, cuáles son nuestras prioridades, nuestros afanes y ambiciones; y quiénes son las personas que, finalmente, más nos importan.

El cuento incluye conocerse, enamorarse, vivir juntos, lidiar con problemas personales, discutir sobre tener o no hijos, tenerlos, sufrir enfermedades severas y una serie de cosas que se nos presentan juntas en forma intensa.

En la primera escena viven juntos. En la segunda ella está embarazada y a punto de parir. En la tercera Almut tiene una recaída de su cáncer –tuvo uno antes– mientras trabaja en su restaurante. En la escena siguiente, se conocen «accidentalmente», como decía antes. Y así, sucesivamente. No-linealidad, una colección de viñetas de la vida de la pareja, con lo más bello y lo más loco y trágico, cruzándose todo el tiempo.

Da a veces la impresión de que entre todos los momentos tensos y dramáticos clave, no hay descanso, ninguno es una cena tranquila. Cada escena está ligada a algo fuerte. Se conocen de una manera espectacular, su embarazo es complejo, el parto sorprendente, la carrera de ella como chef peliaguda y su enfermedad fatal.

Como que Crowley hiciera una especie de saludo conmovedor para invitarnos a aprovechar al máximo nuestros días, aunque los floreos melodramáticos nos pueden distanciar de la historia que cuenta.

La elaboración del plato y reparto

Dado que la protagonista Almut es chef, podría considerarse la peli como la elaboración y presentación de un plato. En ese plato, lo que hace al sabor son las actuaciones de Andrew Garfield y Florence Pugh, que son un ingrediente central. Entre ambos intérpretes hay auténtica química auténtica y cada diálogo o cada momento de unión invitan a compartir su viaje amoroso.

Sin embargo, esta química no puede eclipsar la serie de afectaciones que compiten por llamar la atención. O sea, que este afán por tocar la fibra sensible es una fábula de carpe diem que provoca a veces más exasperación que lágrimas o risas.

Una historia romántica y reflectiva, que con la participación de estos dos artistas, rebota su miasma dramático, cambiando de dirección, del ojo del espectador a la pantalla y de ahí a la fibra sensible de este, de modo que, alguno más que otro, puede sentir tribulación o dolor e incluso puede salir alguna lágrima suelta.

Banda sonora y otros aspectos técnicos

La música de Bryce Dessner, con canciones indie-pop de Wolf Alice, como el tema How Can I Make It OK?” resulta un poco insustancial para el intento de generar un efecto emocional de gran intensidad y se en falta un compositor de notas sólidas y cadencia abatida.

En suma, Crowley y Payne pretenden gravitar hacia lo pseudocósmico, lo que infunde a este romance una atmósfera vagamente mística que priva en ocasiones a la relación amorosa de sus personajes, de su carácter concreto.

Película, en fin, que merecerá un público sensiblero y unas críticas tan buenas como aparentes pues, el filme, vale poquito.

Más extenso en revista Encadenados

 

SECRETOS DE UN MATRIMONIO (1974). Esta película de Ingmar Bergman es al principio densa, muy densa. El matrimonio formado por Johan, profesor de psicología, y Marianne, abogada, parece una empresa tan cargada, tan espesa, tan difícil que se hace costoso ver alguna luz al final del túnel. Pero es una auténtica película de amor.

El matrimonio de Johan y Marianne se desintegrará poco nada más comenzar la película, pero su amor no. Pelearán y se maldecirán uno al otro. Habrá un penoso divorcio perverso, pero de alguna manera sus corazones se han tocado y el recuerdo de ese contacto, será algo que conservarán para siempre.

La película se rodó en cuatro meses, pero necesitó de toda una vida, la de Bergman-Ullman, para experimentarla.

Es un matrimonio sueco de clase media alta y con dos hijas que no aparecen en pantalla. Un día él confiesa haberse enamorado de otra persona y debe abandonar el hogar.

Liv Ullmann está hermosa y es una actriz de lujo. Su marido, encarnado por un Erland Josephson sensacional, la ha dejado sin alternativa, pero ella aún lo ama.

Lo que se ve al inicio es de pesadilla: discusiones, recriminaciones, desesperación. En un punto él se marcha, y la película se hace dura, a veces gentil y finalmente romántica (de una manera adulta y realista) de las etapas de esta relación.

Pero con el paso del tiempo, ambos se reencuentran como buenos amigos e incluso hacen el amor. Veinte años después de la boda y diez años después del divorcio, en la mediana edad, se aferran de nuevo en busca de seguridad.

Bergman ha sabido aceptar la reconciliación: más allá del amor y del matrimonio, y del egoísmo que destruye la ternura y la pasión.

Película tan extraordinaria e íntima que tiene la capacidad de separar en misteriosos componentes, muchas cosas que solemos aceptar sin apenas pensar. Al final todo acaba en un matrimonio consolidado, más allá de la negrura inicial.

 

DOS EN LA CARRETERA (1967). Película de viajes, de un viaje de Londres a la Riviera francesa para que Joanna y su marido Mark que recuerdan los comienzos de su relación amorosa, los primeros tiempos de su matrimonio y lo que vino después. Con el transcurrir del tiempo ambos han cambiado. Ahora tienen que enfrentarse la disyuntiva de separarse o aceptarse tal como son.

Película sobre el devenir del matrimonio protagonista a través de los años y la melancólica música de Henry Mancini que los acompaña, quieren referir que los recorridos de este viaje no siempre son brillantes ni luminosos.

Con planteamiento de comedia, asistimos al desarrollo de la pareja protagonista a lo largo de más de diez años: enamoramiento inicial, primeros años románticos, el peso del trabajo que mina la relación, él triunfando y ella en casa con la crianza y un rosario de discusiones o sus infidelidades.

Aunque lo que he apuntado es habitual en el cine, lo novedoso de este filme de Stanley Donen no es tanto el contenido que transmite, sino el tratamiento basado en un viaje como vía paralela para narrar las vidas de la pareja; y el montaje, que no sigue un curso lineal, sino que avanza y retrocede durante esos años.

La carretera funciona a modo de encuadre donde vamos viendo la representación metafórica de la relación. Planteada la cosa como una huida hacia delante en ese viaje donde parece que ninguno está dispuesto a apearse.

La comedia deviene drama larvado pues Mark y Joanna se limitan a aceptar su rutina, más que el genuino deseo de batallar por un futuro más feliz o mejor.

Donen genial con su particular modo de analizar la institución matrimonial (opinión no muy halagüeña), excelente el guion de Frederic Raphael, estupendos Audrey Hepburn y Albert Finney como la pareja protagonista y sensacional la música de Mancini.

La había visto hace añares, pero se me dio la oportunidad de volver a disfrutarla en TV. Recomendable.