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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

La Gerontología ha evidenciado la importancia vital de la edad tercera. Ya nadie pone en duda que los cambios y oportunidades para crecer personalmente están presentes a lo largo de toda la vida, no sólo en la infancia o la adolescencia.

Además, la expectativa de vida ha crecido exponencialmente en las últimas décadas y cualquier jubilado tendrá por delante del orden de 20 a 30 años para ejercitar aficiones, hacer proyectos, inscribirse cursos o talleres e incluso encontrar un nuevo amor.

Según la OMS el futuro estará cada vez más poblado por personas que ya han cumplido los 65 años. Cada época ha tenido sus edades y etapas. En los años 50 y 60 del pasado siglo se abrió paso el desconcierto de la adolescencia, etapa de vida construida para consolar y consumir. El cine se lanzó tras el ideal del rock, el pop o la rebeldía.

Pero estamos en otro tiempo. Ahora hay un poder gris, una importancia de los que peinan canas como enunciación de una nueva generación que conoce sus posibilidades y sus deseos. Hay vida en la nueva y joven madurez que va más allá de los sesenta. Recuerdo la canción profética y premonitoria escrita por Paul McCartney: «When I’m Sixty-Four» («Cuando tenga sesenta y cuatro»). La canción describe a un hombre joven que le canta a su enamorada sus planes de envejecer juntos. El joven pregunta si ella lo seguirá amando y necesitando a pesar de que el tiempo pase y él envejezca.

En esta entrega hablamos del amor en personas mayores. El amor y el sexo forman parte de nuestro “ser en el mundo” y por lo tanto, su importancia no tiene fecha de caducidad. Los afectos, el amor, son una necesidad a lo largo de la vida.

23 PASEOS (2020). Dave (Johns) y Fern (Steadman) son dos personas solitarias mayores que ya tienen una larga historia a sus espaldas. Se conocen en un encuentro fortuito mientras pasean a sus perros. Los encuentros se irán produciendo en forma continuada, hasta 23 paseos, lo que da título al film. Pero ni Dave ni Fern han sido del todo francos el uno con el otro y su futuro se verá complicado por los secretos que se han guardado para sí.

El director británico Paul Morrison dirige y escribe con oficio este film sobre la pasión amorosa en la fase otoñal. Dos personas mayores que aprenden a amarse, pese a los impedimentos que se sucederán. Morrison elabora un manifiesto sobre la vida que lo es igualmente sobre la muerte. No le falta ternura e incluso impudor, como buen manifiesto.

La película transcurre a través de los paseos de los protagonistas junto a sus respectivos canes. Los diálogos han sido escritos por Morrison en forma de conversaciones sencillas, sin grandes conceptos ni sesudas reflexiones. Los personajes actúan y hablan como la gente de la calle.

Es meritorio el trabajo de sus dos intérpretes, a la vez que diferentes, complementarios y compenetrados. Alison Steadman es una mujer de teatro y también de televisión que se compagina con el comediante Dave Johns; Johns hace un trabajo más suelto, espontáneo, directo y cargado de bondad, humor y ternura. En realidad ambos protagonistas interpretan con naturalidad. Y tras la cordialidad y frescura de los amantes, acompañan los dos perros, un pastor alemán y un yorkshire que tienen su protagonismo emocional.

Es una obra con encanto. Pero apunta también las complicaciones de los amores tardíos, y transmite el mensaje de que a más edad, más bultos y obligaciones cargamos, más temores, más complicada la espontaneidad en el amor, para el mutuo entendimiento.

Avanza el romance a lo largo de la película, que es la energía propulsora de la historia. Con elementos espinosos, aromas menos agradables como el reproche social, el asedio a que se ven sometidas las personas mayores por los hijos, los vecinos e incluso por sus propios recuerdos; están también los prejuicios y estereotipos sociales “anti-mayor” (conocidos como “prejuicios viejistas”: el viejo como torpe o roñoso, etc.).

Tienen su peso también las suspicacias, escrúpulos y temores que acompañan a la persona con la edad; incluso la pobreza, pues tiene la historia una dosis de realismo social, pues el personaje está amenazado por una orden de desahucio.

No es, pues, una película meramente amable o confortable, lo cual también tiene. Pero la vida larga tiene sus elementos de peso, como los metales pesados. Lo que tiene de bueno este trabajo de Morrison es que evita el avinagramiento y la mala leche.

Sin ser una gran película, es una película muy oportuna para estos tiempos en que la vejez tiene el valor del que nunca debió carecer.

Más extenso revista Encadenados.

UNA CITA EN EL PARQUE (2017). Joel Hopkins ya dirigió una obra igualmente de amor entre adultos mayores de la que hablo más abajo (Nunca es tarde para enamorarse). En esta, de nuevo un romance entre mayores en forma de comedia-dramática-otoñal correcta, tópica y previsible con los actores como sostén de la obra.

Junto al amplio y frondoso barrio de Londres de Hampstead Village habita Emily Walters (Keaton), una viuda que vive de forma descuidada desde que enviudó, pero ella no parece darse cuenta de su decadencia. Un día, mientras observa el parque desde la ventana, descubre una casa destartalada y al hombre (Gleeson) que vive en ella.

El guion de Robert Festinger está basado en la historia real de un personaje coherente consigo mismo y extravagante que continuó viviendo en su chamizo sin agua ni electricidad, a pesar de tener posibles. Un libreto que dirige sus afiladas críticas al mundo exterior, a la pérfida burguesía.

El reparto del film es su valor principal, con una Diane Keaton que hace gala de su formidable encanto natural y sus dotes de gran actriz. A su lado un Brendan Gleeson con su porte rudo de barbudo gruñendo a cada rato. Quizá al tándem Keaton-Gleeson le falte algo más de química y sintonía; ello dentro de una historia que resulta poco creíble.

De nuevo la edad madura y muy madura pretendidamente enamorada, pero el cuento le sale sólo regular a Hopkins, que nos lanza de manera trivial el tema del amor amor en los mayores, ser fiel a uno mismo y alguna pizca de revolución.

El resto es pura flaccidez de un otoñal flirteo que pretende para colmo, servir de crítica al mercado inmobiiario, sin apenas convicción. Obra aséptica y simple.

 

NUNCA ES TARDE PARA ENAMORARSE (2008). La película cuenta la historia de un músico neoyorquino, Harvey Shine (Hoffman), un hombre sesentero que no ha triunfado en su carrera y pasa por una mala racha, profesional y personalmente. Es en este punto viaja a Londres donde vive su ex mujer y por azar conoce a Kate (Thompson), una mujer solterona en la cincuentena.

De nuevo el director Joel Hopkin construye una cinta agradable y convencional. Para ello aprovecha el carisma y el encanto de dos grandes actores, Dustin Hoffman y Emma Thompson. El guion del propio Hopkins relata una historia bastante pastelera: la última oportunidad de los personajes para salvar su soledad y su existencia vacía.

 

En el reparto, tanto Dustin Hoffman como Emma Thompson hacen de ellos mismos. O sea, no hay elaboración en su trabajo actoral sino que se limitan a poner sus rostros y expresiones de siempre. Mejor están el resto de secundarios como Eileen Atkins o James Brolin.

La película, en fin, es sencillita, sin mayores pretensiones, se ve lo que va a ocurrir a la legua y resulta tópica, buscando empatizar con el espectador, lo cual consigue a medias. Un drama acaramelado y apoyado en lugares comunes.

Recomendable para los incondicionales de Hoffman y la siempre sugerente Thompson.

Más extenso revista Encadenados.

ELSA Y FRED (2005). Elsa es una mujer de ochenta y dos años, alegre y despreocupada, que vive la vida con una actitud vital y una imaginación desbordante. Alfredo, algo más joven que ella, ha llevado una vida tradicional; es una persona seria y responsable, que acaba de quedar viudo. Elsa desea apurar la vida en forma alocada y vital, mientras que Alfredo es un hombre apocado. Pero esos dos dos polos opuestos se tocan el corazón con sólo una mirada y unas palabras casuales.

Comedia romántica con protagonistas de avanzada edad, película argentina muy bien dirigida por Marcos Carnevale, con un guion bien construido y jovial del propio Carnevale, entre otros. La música de Lito Vitale acompaña muy bien las aventuras y desventuras de los amantes, y gran fotografía de Juan Carlos Gómez.

En el reparto dos grandes estrellas del cine y el teatro. De la uruguaya China Zorrilla está arrolladora, exultante y expresiva como Elsa. Le acompaña diez puntos un Manuel Alexandre, actor curtido en mil batallas como gran secundario de nuestro cine, que aquí, como actor principal, hace un trabajo superlativo bordando a un Fred nostálgico que se encuentra de sopetón con una bocanada de aire fresco en su vida.

Elsa y Fred es una película que pudiera parecer socarrona, e incluso podría sonar artificial, pero la gran labor de sus protagonistas logra elevarla a un nivel respetable.

Describe en su argumento cómo siempre es posible modificar el rumbo, disfrutar de la vida y vivirla plenamente, con independencia de la edad o de ciertas circunstancias tristes que acontecen en ese tiempo como la viudez u otros.

La película atrapa casi desde el comienzo. Su vis humorística y el drama que también lo hay, son entremezclados artesanalmente, concluyendo en una cinta que se valora y se aprecia, y de la que se puede aprender mucho. Sobre todo en lo que toca a la ilusión y la opción de tener proyectos más allá de los ochenta años.

Vivir intensamente esa época de la vida es uno de los pensamientos que nos deja Elsa, mientras que Fred nos enseña que hay que estar abierto a segundas oportunidades. Pues la vejez es mucho más que esas imágenes deprimentes o vivencias de soledad o enfermedad que tanto se transmiten y que muchas veces son meros estereotipos.

En nuestra época, cuando las condiciones de vida tanto han mejorado, la vejez, el “tercer acto” es una época también de sueños y expectativas, incluido el amor, pero también crear, viajar, bailar o reír.

Película eminentemente de actores, que aborda la temática amorosa en los mayores con buen rollo, interesante dosis de intimismo y un poco de comedia de enredos donde la felicidad no conoce edades.

 

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