“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

En esta sección ya he comentado sendas películas que abordan esta temática: Hotel Bombay (2018) y Kamikaze (2014).

Pero hay todo un listado de filmes sobre terrorismo islamista. Hoy me referiré a: 15:17 Tren a París (2018), de C. Eastwood; El asalto (2010), de J. Leclercq; y, Munich (2005), de S Spielbergh.

15:17 TREN A PARÍS (2018). Clint Eastwood cuenta una historia de héroes anónimos, o sea, un intento de reconstruir esa forma intuitiva y arriesgada de pasar a la acción, por la cual una persona “normal”, en un momento de gran peligro o dificultad, obra siguiendo un espíritu de enorme riesgo optando por la decisión de intervenir antes que dudar, e interviniendo con peligro para su vida, hasta el límite del sacrificio o de perder la propia vida.

Sin actores profesionales, salvo los genuinos protagonistas de la historia, y sin drama, pues la narración está tomada de unos apuntes accidentales de la vida de los protagonistas, resulta una película que tal vez pretende ser una “no-película”.

El nombre de está cinta refiere al atentando ocurrido el 21 de agosto de 2015, en un tren que viajaba de Amsterdam a París, en donde se encontraban los tres jóvenes norteamericanos, que lograron atajar a un terrorista dispuesto a realizar una matanza. Y redujeron a cero el número de muertos.

El foco de la historia está puesto en la amistad de estos tres jóvenes, con adolescencias conflictivas. Diez años antes Spencer Stone, Alek Skarlatos y Anthony Sadler se hicieron amigos en un colegio católico del barrio. Se distanciaron, pero ni el paso del tiempo, ni la distancia, quebrantó esa unión.

Su director Clint Eastwood se asoma a una nada de dramatismo, con apenas un guion reseñable (Dorothy Blyskal), adaptación de la obra homónima también de los protagonistas, con alguna ayudita: Sadler, Skarlatos, Stone y Jeffrey E. Stern.

Con la edad, nuestro buen Clint decidió ser minimalista y hacer un cine sencillo, desnudo de artificio salvo la propia realidad. La película lo que hace es enfocar la muy efectiva y potente escena final. El resto es un rellenito donde hay de todo: amistad, Dios, tenacidad, etc. Con ello, Eastwood vende el cuento de la superioridad y la capacidad de reacción americana.

El reparto son Stone, Sadler y Skarlatos que por decirlo sencillamente, no interpretan. Y como tampoco hay mucho argumento, la cosa queda en una especie de experimento que podemos denominar “antidocudrama”.

Nos quedamos, eso sí, con una acción meritoria y heroica en un tren. Son diez minutos de acción frenética donde entre los tres jóvenes y algún otro viajero consiguen desarmar al terrorista Ayoub El Khazzani, impidiendo perpetrar el atentado con su kalashnikov.

Está recreada con crudeza e intensidad. Lo que pasa es que el resto de la cinta, la vida de los jóvenes, el tour europeo, sus fiestas nocturnas, etc., es decir más de setenta minutos de metraje resultan profundamente tediosos por ser escenas banales que carecen de complejidad psicológica y suspense. Pues bien, al igual que “una golondrina no hace verano”, una sola escena no hace una película.

 

EL ASALTO (2010). La película trata el secuestro en 1994 en Argel, a manos de cuatro terroristas islámicos del GIA, de un Airbus A300 de Air France, con 227 pasajeros. Se cuentan los días previos al secuestro desde tres puntos de vista: las unidades del GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional), los terroristas y los políticos.

Finalmente se entra en el 24 de diciembre, cuando los terroristas yihadistas toman el Airbus. Gracias al abordaje efectivo de las fuerzas especiales francesas, el incidente tuvo su punto y final en el aeropuerto de Marignane, cerca de Marsella. El asalto fue prácticamente televisado en directo.

Buena película dirigida con profesionalidad por Julien Leclercq, con guion del propio Leclercq y Simon Moutairou basado en los hechos reales escritos por Roland Môntins. Excelente música de Jean-Jacques Hert, que moviliza emocionalmente la dramática historia del secuestro; y una fotografía de Thierry Pouget en claroscuros permanentes, blanco y negro, y algo de azul jugando con colores.

Las interpretaciones cumplen un papel accesorio en una trama que es contada al modo de un documental. Sin embargo, hay papeles muy profesionales interpretados por Vincent Elvaz, Grégori Derangère, Mèlanie Bernier (que brilla con luz propia) o Aymen Saídi.

Se aproxima mucho al horror de un secuestro, y evidencia el fanatismo de los musulmanes radicales, que no paran de rezar exclamando constantemente: “Alá es grande”. Y la determinación de esos fanáticos para morir abatiendo al maligno Satán occidental o “infiel”.

Este extremo está muy bien aclarado en la cinta, dado que no creo que haya otra religión hoy día que dé lugar a fanáticos de esta clase, tan enfervorizados y tan creídos de que matando por Alá irán directos al cielo.

Porque, según la psiquiatra siria Wafa Sultán, “el problema es un Islam profundamente arraigado en sus enseñanzas”. El Islam puede llegar a ser, amén de una religión, “una ideología política que predica la violencia y unas máximas se aplican por la fuerza”… De esto habla el filme, y ojalá sirva de lección contra los delirios místicos.

En otros aspectos, el filme deja que desear. Sobre todo por la puntual realización que de tan milimetrada en todo, resta emoción al relato, al desenlace y a los acontecimientos en sí mismos.

El asalto al avión está bien y mantiene algo de tensión durante quince minutos, pero sucede cuando la película toca a su fin. Si Leclercq le hubiera pisado más a fondo en su realización y hubiera captado realmente el drama, habrían saltado chispas de angustia e inquietud.

Pero no hay muchos sobresaltos, ni siquiera cuando las fuerzas especiales de la Gendarmería Nacional francesa asaltan el avión. En lo que toca a montar escenas de tiros o asaltos, nada que ver con lo que se hace hoy en el cine americano.

Creo que quiere ser también una cinta para mayor gloria del chauvinismo francés. Aunque incluso en esto, hay instituciones como la política que sale muy mal parada.

La policía, más o menos bien, salvo sus mandos de alto nivel. Entonces, yo diría que el engreimiento francés triunfa sólo a medias. Ni siquiera fueron justos con los policías que abortaron el asalto.

 

MUNICH (2005). Comienza esta obra de Steven Spielberg con una escalofriante recreación del secuestro y muerte de atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, a manos de terroristas palestinos. A continuación, muestra a la primera ministra Golda Meir (Lynn Cohen) con su gabinete, declarando con firmeza: “Olvídense de la paz por ahora”.

A continuación, muestra la formación de un escuadrón secreto israelí de venganza para matar a los responsables.

La película está basada en un libro de George Jonas, un combatiente húngaro por la libertad de 1956, ahora escritor político conservador en Toronto. Parece, así, que, quienes creen saberlo todo, quienes lo saben todo, suelen ser las personas equivocadas para opinar sobre una película basada en hechos reales.

“Múnich” combina elementos de thriller, drama policial y radicalismo palestino. Eric Ban interpreta a Avner, un antiguo guardaespaldas de Meir, que se convierte en líder del escuadrón secreto de venganza. Él y sus hombres reciben pagos en negro, carecen de existencia oficial y son manejados por un intermediario llamado Ephraim (Geoffrey Rush).

A Avner le asignan solo cuatro compañeros de equipo: Robert (Mathieu Kassovitz), un fabricante de juguetes experto en desactivar bombas, que ahora debe construirlas; Carl (Ciaran Hinds), que elimina las pruebas tras cada acción; Steve (Daniel Craig), el pistolero; y Hans (Hanns Zischler), falsificador de cartas y documentos. Viajan con nombres falsos y pasaportes falsos, y descubren el paradero de sus objetivos con dinero a un misterioso francés llamado Louis (Mathieu Amalric).

Finalmente, Avner conoce al “Papá” de Louis (Michael Lonsdale), quien lleva años vendiendo información. Este luchó en la Resistencia francesa y ahora está desilusionado.

Los momentos más emocionantes de la película se encuentran en los detalles de los asesinatos. Se colocan bombas de plástico, se activan trampas explosivas, y hay un instante de gran suspense cuando el equipo espera a que una niña salga para la escuela antes de llamar al teléfono de su padre; hay sorpresa e intriga.

Los miembros del equipo se desplazan entre capitales de todo el mundo. A medida que avanza la operación, Avner sufre un gran desgaste psicológico: traslada a su familia a Brooklyn, se vuelve paranoico y cuestiona la ética de la operación que dirige.

Spielberg plantea claramente si Israel ha arriesgado más de lo que ha ganado. El estancamiento en Oriente Medio continuará indefinidamente, argumenta su película, a menos que hombres valientes de ambos bandos decidan romper con el patrón del pasado.

Esta cinta de Spielberg llegó oportunamente, dadas estas inesperadas circunstancias políticas que él no pudo prever (Sharon abandonó su partido Likud el 21 de noviembre de 2005, y Peres dejó su Partido Laborista una semana después).

Spielberg utiliza la eficaz estructura del thriller para argumentar que los ciclos de represalias mutuas han provocado una violencia interminable en Oriente Medio, Irlanda, India y Pakistán y otros muchos países.

En momentos cruciales de la historia de una nación, sus mejores amigos pueden ser sus peores críticos. Spielberg no tenía por qué hacer «Múnich», pero lo necesitaba. Con esta película abrió un diálogo más amplio, transformando lo indiscutible en debatible.

Como thriller, es eficaz, absorbente y efectivo. Como argumento ético, resulta inquietante. Y sus preguntas no solo conciernen a Israel, sino a cualquier nación que crea que debe comprometer sus valores para defenderlos.