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La historia ha dado sobrada cuenta del terror comunista soviético, particularmente en la etapa de Stalin. Ya me he referido a este capítulo en la entrega El comunismo a debate, o Ucrania y Corea del Norte: documentales que estremecen.

En las entregas de hoy, comento tres películas que hablan también de ese tiempo, el tiempo de los gulags, la injusticia y los crímenes en masa. Dos fiscales (2025), de S. Loznitsa; Camino a la libertad (2010), de P. Weir; y, Stalin: el tirano rojo (TV) (2005), de M. Schwartz y otros.

DOS FISCALES (2025). Corre el año 1937, cuando al prisionero de una cárcel soviética le ordenan que proceda a quemar un saco lleno de correspondencia de otros reclusos. Antes de hacerlo salva una de las cartas dirigida a la fiscalía regional.

Esa misiva acaba llegando a las manos de un joven fiscal, Alexander Kornev, recién nombrado, que acude a prisión para entrevistarse con su autor. La carta habla de una condena sin motivo, y hace lo posible por reunirse con el autor de la carta.

Entre fiscales

El preso resulta ser otro fiscal prestigioso, profesor que fue de Konev (Kuznetsov), injustamente acusado por la KKVD, o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la URSS.

No hay en el metraje lugar para los sentimentalismos o torturas brutales, pero lo que cuenta su director Sergei Loznitsa, llega al corazón del espectador. Bien elegida la música Christiaan Verbeek y la paleta de colores apagados de Oleg Mutu.

El protagonista Aleksandr Kuznetsov hace un magnífico trabajo como miembro del partido y profesional con convicciones, que no teme arriesgar su vida por hacer lo que cree que debe hacer.

Tenaz, aguanta las impertinencias burocráticas de los guardianes y del propio director de la cárcel, hasta acceder a la celda donde se encuentra con Stepniak, un hombre envejecido prematuramente, decidido a seguir en su esfuerzo por la verdad.

Obra dirigida y escrita por Sergei Loznitsa, adapta una novela de Georgy Demidov, víctima como sus personajes de las purgas estalinistas y el gulag, y cuya obra sólo se publicaría póstumamente.

Grandes puertas

La puerta que nos da acceso a la soberbia película es una enorme puerta metálica. Nada bueno ocurre tras ella. Estamos en la Unión Soviética y, como nos informa prontamente el título, en "el apogeo del terror de Stalin".

No desvelamos nada ni es spoiler decir que, más adelante, esta puerta implacable se abrirá por segunda vez, antes de cerrarse con la fatalidad de un telón que cae sobre una tragedia histórica. Parafraseando a Marx: “La historia ocurre primero como tragedia y después como farsa”.

Mientras, guardias con rostros adustos dan órdenes a gritos en el patio amurallado —muestra del diseño de producción de Jurij Grigorovi? y Aldis Meinerts—; y una trompeta cómica suena y le da a la imagen un toque que recuerda a Jacques Tati.

Los represaliados

Equipos de reclusos desnutridos y con aspecto desaliñado, son forzados a realizar trabajos duros para sostener un estado corrupto y paranoico.

No abunda la película en grandes grupos de encarcelados, pero en los pocos que salen en pantalla queda patente la tortura y la muerte.

El protagonista

Kuznetsov, con su perfil de boxeador y su mirada directa e incrédula, hace de un Kornyev, fiscal recién nombrado, joven, inteligente y con principios. De forma desprevenida, se ve cara a cara con un dramático Stepniak, el recluso que escribió la nota.

Kornyev no tarda en reconocerlo como un pensador otrora respetado que habló en el aniversario de su facultad de derecho sobre el tema de "La gran verdad bolchevique", el cual relata su historia de maltrato e injusticia a manos de la NKVD local (policía secreta).

La búsqueda de justicia lleva a Konev a Moscú, a ver al Fiscal General del Estado, metiéndose ingenuamente en los entresijos de un régimen plagado de sombras y manipulaciones. Allí, en lo alto de una escalera, su distante superior, el inexpresivo Vyshynsky (Anatoli Beliy), ocupa una enorme oficina y celebra reuniones breves y despiadadas con los suplicantes.

Película con fondo

Loznitsa, cineasta bielorruso, alumbra un filme verdaderamente terrorífico, con un tempo parsimonioso, conforme a las trabas e impedimentos kafkianos que el protagonista va a ir encarando en su tarea, enfrentado a la represión estalinista y su brazo ejecutor, la NKVD.

Las escenas de espera o de recorrido por largos pasillos, o subiendo o bajando escaleras, tienen una gran fuerza. También los encuentros con diferentes personajes. Escuchamos conversaciones bien resueltas: el director de la prisión, el preso, la gente del tren, el fiscal general, y los acompañantes de vuelta en primera clase en el tren.

La cinta de Loznitsa se adentra con ponderación en las miserias del estalinismo a través de la figura de un hombre honrado que todavía cree en los valores de la revolución, ajeno la asola.

Película imprescindible para conocer las miserias de un régimen que no ha sido tan explotado en la gran pantalla el nazismo.

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CAMINO A LA LIBERTAD (2010). Es ya algo sabido y documentadas están las severas prisiones, tormentos, sufrimiento y muerte que en su momento provocaron las dictaduras comunistas, sobre todo el antigua URSS.

La historia que narra al parecer está basada en hechos reales, es una adaptación de la obra autobiográfica de Slavomir Rawicz: “The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom”.

El protagonista va narrando en primera persona, la terrible experiencia en los terribles campos de trabajo en Siberia. Allí, lo primero que veían los prisioneros fue la leyenda: "Vuestra cárcel no serán nuestros grilletes ni alambradas, sino Siberia".

En 1940 un grupo de fugados llegaron a pie, atravesando Siberia, el Himalaya, el desierto de Gobi y cruzando el Tíbet, hasta finalmente acabar en la India. Para ello pasaron por todo tipo de penalidades y no todos sobrevivieron. Es considerada una de las fugas pedestres más largas e inverosímiles que se recuerdan.

El filme es una feroz crítica a los comunismos, especialmente la era Stalin; y, en segundo término, el ansia de libertad que en todo ser humano anida y que necesita volar por encima de todo.

Fue dirigida con excelencia por el australiano Peter Weir que logra crear una historia desgarradora y épica, con guion del propio Weir y Keith R. Clarke. Buena música de Burkhard von Dallwitz y excelente fotografía de Russell Boyd.

Reparto de lujo, actores de primer orden como Jim Sturges (estupendo), Ed Harris (sabe sufrir mejor que nadie en el filme), Colin Farrel (excelente), y acompañan actores de reparto bien conjuntados.

Cinta de evasión con paisajes desasosegantes y hostiles. No olvida primeros planos de rostros macerados por el frío, llagas en los pies o heridas en rostros sufrientes (nominada al Oscar al mejor maquillaje).

Es pura supervivencia y la permanente batalla por llegar a una meta que no sea la subordinación o el sometimiento. Y traslada sentimientos de heroísmo y a la vez de terror.

El filme es sobrecogedor, con el rostro demacrado y casi moribundo de Ed Harris, las fatigosas caminatas, la acuciante sed y el miedo a morir. Con un reparto de primer orden y una producción de gran nivel, el cineasta australiano nos coloca en los límites de la resistencia y de la solidaridad del ser humano al borde del abismo, de lo imaginable.

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STALIN: EL TIRANO ROJO (2007). Documental francés de televisión realizado por Mathieu Schwartz, Serge de Sampigny, Yvan Demeulandre y el asesor histórico Nicolas Werth sobre el gobierno de Joseph Stalin en la Unión Soviética.

El 9 de marzo de 1953, Stalin fue enterrado en Moscú, venerado como un semidiós ante una multitud de 5 millones de personas. La máxima paradoja para uno de los mayores criminales de la historia.

Un revolucionario anodino y sin mayor trascendencia, llegó al poder casi por casualidad y se convirtió, en 30 años de gobierno, en el más maquiavélico y sanguinario de los dictadores rusos.

Fue portador de un ideal rápidamente olvidado, aplastó sin piedad a cuantos se le oponían. Gulag, hambruna, tortura, ejecución: no había límites. Asesino de sus oponentes, pero también, a veces, de amigos o familiares: la historia de Stalin se lee como una novela negra.

A través de documentos de archivo, algunos inéditos, y numerosos testimonios de la época, este documental a color narra la historia de un hombre que transformó un sueño en una pesadilla.

Es una interesante cinta sobre uno de los líderes políticos de la extinta Unión Soviética, el georgiano Iósif Stalin (1878-1953), figura controvertida y protagonista indiscutible de la Historia del siglo XX.

Contribuyó a la modernización e industrialización de la URSS y a llevar a ésta a un estatus de superpotencia mundial. A la vez fue uno de los más siniestros personajes de dicha centuria, por el brutal y despiadado régimen de terror al que sometió a la URSS, convertida en uno de los regímenes políticos más pavorosos de la Historia.

El documental va enfrentando las imágenes propagandísticas y los discursos, los desfiles, y, en fin, la imagen "vendible" de la URSS con la cruda realidad de la represión, los asesinatos y el hambre.

Se pasa como de puntillas por la Guerra Fría y no se dice nada del asesinato de Trotsky, por lo que es un documental que a pesar de todo se queda corto en su crítica antiestalinista. Con todo, vale la pena verlo.