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Nada es fácil, sobre todo cuando la política municipal es más un juego de poner palos en las ruedas al otro que de empujar, y, siendo normal, que las ideas fluyan, que los modos cambien, y que los puntos de vistas sean distintos, si esto funcionase de otra manera, las ideas sumarían, y no obstaculizarían.

Eso me lleva a los proyectos sobre nuestro río que en tantas ocasiones he descrito. Me da igual quien esté, me da igual quien lo haga, incluso, a pesar de los pesares, me da igual quien se cuelgue medallas o se llene el bolsillo, pues al final, el río se quedará donde está, al igual que todo lo que lo llene de vida, ya sea en una u otra banda, pues las dos son parte del corazón de El Puerto. Y es que, nuestro río puede llenarnos a todo, el paseo proyectado, el paseo que pide a gritos unir el varadero de Pastrana con el espigón de La Puntilla puede contentar a todos.



Como dijo el otro día alguien a quien aprecio y conozco, Saliendo del antiguo Puente, no podemos olvidarnos del Varadero de Pastrana, ni del aquel alcalde, Ruiz Calderón que nos lleva a las Galeras.

Cómo olvidarnos de Pepe y su Vapor, nuestro Vapor, que decía adiós a la vieja Lonja mientras saludaba a los barcos recién llegados a la Lonja. Cómo olvidarnos del clásico y machacón caer de los hielos de la antigua fábrica, y ya, acercándonos a su bocana, rememorar el rio de Tejada. Qué impide, como le ocurre a la Avenida de Cádiz, bajo el genérico nombre de un paseo, llamar a cada tramo rindiendo homenaje a los que, y a lo que aun algunos recordamos, sobre todo para que quien pasee por él, mientras mira a la otra banda, que nunca debemos perder de vista, recuerde o sepa quiénes pisaron u ocuparon aquellos cantiles.

La idea que me surgió tras un post, y que no es mía, me despertó la conciencia, pues nuestro río, el de todos, no se merece el olvido de nadie y de nada, muestra del orgullo que podemos sentir por nuestra historia, y que, al fin y al cabo, sin conciencia, ni roja ni azul, tanto le debe a todo y a todos, incluso a Español, que, al fin y al cabo, aún permanece amarrado a un noray de la otra banda.

Ojalá, dejen todos de ponerse palos en las ruedas, y por una vez, tengan la feliz idea de mirar por ese río del olvido, y surjan los mil nombres, que seguro, más de uno podrá aportar, y que dieron sentido a la vida del río.