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Cuantas veces no habremos escuchado esta frase. Que de situaciones pueden darse, y en muy distintos sentidos, para pronunciarla. Y ahora, que buen uso en todas y cada una de las situaciones.

La misma se usa para apartar a alguien que se acerca demasiado, y era usado mucho antes de la pandemia, porque gente que invade tu espacio siempre hubo y siempre las habrá. Pero conforme corra el aíre pasará el tiempo, y es de suponer que retornaremos a la normalidad.

La situación no es para tomarla a broma, y sin embargo, el futuro apunta maneras, y, con la seriedad que nos merece el caso, ya me imagino el futuro más cercano. Playas llenas de gente en bañador y con mascarillas, que supongo que serán impermeables, para poder bañarnos. Lo mejor; su uso obligatorio en restaurantes, donde normalmente solemos ir a escuchar música, y será todo un reto comer con ella puesta, so pena de ser prendido y encerrado de por vida. Y el deporte, con mascarillas Nike transpirables, ya que si nos cruzamos con alguien puede que llame a los guardias, por incívico e inmoral.

El asunto no es para tomarlo a broma, pero que nos hayan tenido dos meses encerrados, con un sí y un no a la mascarilla, restándole importancia, y ahora sea obligatoria hasta para ir a… lo que todos estamos pensando, si es una broma, y de muy mal gusto.

Con la cantidad de fallecidos que nos digan ahora que es necesaria una medida hace que pensar… antes no era necesaria, hasta hace relativamente poco tiempo la escasez en hospitales puso en peligro a miles de sanitarios… y ahora nos obligaran a toda la población a su uso… para salvar vidas… en fin, podrían haberlas salvado en su momento, no ahora que sin mascarillas ha descendido el número de fallecidos.

Lo siguiente que será, decir que gracias a la medida se han salvado vidas… algo tan ridículo como cuando dijeron que habían descendido los muertos por accidentes de tráfico. No es para tomárselo a broma, pero hay cosas que escapan a la lógica, al sentido común, pensemos como pensemos, seamos de la ideología que seamos votemos a quien votemos, decir que una mascarilla es obligatoria en un restaurante demuestra el coeficiente de quien lo dice.

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J. Joaquín García-Romeu, nacido en Cádiz, es licenciado en Derecho por la Universidad de Cádiz. Ejerce como abogado en la localidad de El Puerto de Santa María y en Sevilla, actividad que compagina desde los años 90 con colaboraciones en el mundo de la prensa y con la publicación de libros como 'La última negra' (Ediciones Atlantis) en 2018.

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