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Los menores han podido salir, la polémica, como en todo está servida, para algunos, una buena noticia, para otros una locura. Para algunos la responsabilidad, para otros la mayor muestra de irresponsabilidad, sin embargo, la realidad más bella era el ver a los más inocentes, los que nos están dando lecciones de resistencia, con la mayor de las sonrisas.

Y como no podía ser de otra manera, quienes no entienden de crisis ni de política, devolvieron la ilusión a unas calles vacías. En Andalucía, donde las ferias serían ahora las protagonistas, los más pequeños nos demostraron que nada se detiene.

No eran ni memes ni chistes, no eran vídeos de risa fácil, que siempre son de agradecer, no eran caprichos, era una lección de que todo sigue.

Dentro de la inocencia que les caracteriza, ver a pequeñas vestidas con sus trajes de flamenca era esperanzador. Si podían salir, y en estas fechas estrenaban sus trajes, porqué no lucirlos. Para algunos tendrá escasa importancia, pero en momentos como estos, pequeños gestos están cargados de significado.

La ilusión, la ilusión de quienes quieren que nada cambie, de quienes entienden de que la vida aun es fácil, de quienes, en definitiva, se sacrifican sin pedir explicaciones. Esa ilusión, ese traje de lunares por la calle, esa fortaleza que solo dan los pocos años, en días como los que vivimos, nos dan esperanza y fuerza.

Ojalá cunda el ejemplo en toda España. Ojalá que el color y el Sol que disfrutamos en estas tierras, inunde todo lugar en donde haga falta. Ojalá ese Sol abra los ojos de cada rincón, de modo que la ilusión y el color se manifieste de la forma más identificativa de cada sitio, en cada región, en cada corazón, pues si es cierto que un traje de flamenca en otras regiones apenas tiene sentido, la ilusionada inocencia de quienes nos dan ejemplo, es universal y enternecedora.

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