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Robin Hood es un héroe (y forajido) del folklore inglés del medioevo, el mejor arquero, defensor de pobres y oprimidos y, según la leyenda, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan sin Tierra, que abusaban del poder para enriquecerse.
El texto sobre el famoso arquero es la balada de «Robin Hood y el Monje», probablemente del siglo XIII, y muchos de los elementos que asociamos con Robin Hood estaban presentes: los Hombres Alegres, Juanito y la antipatía hacia el Sheriff de Nottingham.
Pero luego han ido apareciendo versiones dispares de este héroe. Hoy me referiré a las películas: el estreno, La muerte de Robin Hood (2026), de M. Sarnoski; Robin y Mariam (1976), de R. Lester; y, Las aventuras de Robin de los Bosques (1938), de M. Curtiz y W. Keighley.
LA MUERTE DE ROBIN HOOD (2026). El guionista y director Michael Sarnoski busca plasmar con verosimilitud aquel mundo oscuro y violento en esta nueva película. Dado su título y la severa y poblada barba gris de Hugh Jackman, la extrema violencia no sorprende.
Este producto es algo muy distinto. Un estudio de personaje directo, dividido en dos partes. La primera trata sobre la realidad que se esconde tras el mito del Robin Hood que interpreta Hugh Jackman; la segunda narra la redención de este monstruo a manos de una auténtica heroína y cuasi santa: la hermana Brigid (Joddie Comer) y su priorato en el mar de Irlanda.
Arranca la historia cuando un viejo barbudo Robin sobrevive a un intento de matarlo. Su amigo Pequeño John (Bill Skarsgård) no tarda en encontrar a su viejo compañero viviendo solo en el desierto gélido irlandés. John es más joven, y no parece que Hood tenga otros amigos.
John hace un recuerdo romántico de su pasado, sobre todo cuando encontró cierta paz en el futuro con una esposa y una hija pequeña, Margaret (una Faith Delaney cautivadora), en su granja. Pero unos parientes han tomado a su familia como rehén, y John quiere que Robin emprenda una última aventura para liberarlos.

El camino de le redención y la paz
Las consecuencias de esa esa aventura y del enfrentamiento son tan catastróficas y violentas que Hood cae mal malherido y se ve obligado a refugiarse en el priorato de Brigid, al cual lo conduce en una barca John. Allí, la priora de Comer ha construido un edén bucólico, al otro lado del canal.
En ese lugar se acoge a huérfanos, personas solitarias e incluso a un leproso (un entrañable Murray Bartlett). Y ahora acoge a Robin, aunque el leproso le advierte al bandido que no revele su identidad. Las cosas se complican cuando la pequeña Margaret, hija de John, también llega a la isla, reconociendo a Robin como amigo de su padre.
Hugh Jackman es nuestro héroe/antihéroe/villano legendario con una intensidad y dramatismo encomiable. Porque en realidad y como se apunta, Hood "no era un héroe". Es difícil pensar en un protagonista reciente (y querido) más desafiante o despreciable que este Robin Hood.
Este Hood de Jackman es un asesino curtido, atormentado por un pasado violento que sigue persiguiéndole. Ha matado a tanta gente que siempre hay algún familiar que le persigue para vengar a su ser querido caído.
Es la primera película que recuerdo con una escena en la que el protagonista se plantea si asesinar o no a un niño, dependiendo de si Margaret lo reconoce como Robin. El director de fotografía habitual de Sarnoski, Pat Scola, filma la inquietante escena a la luz de una antorcha, proyectando los ominosos ojos rojos de la iracunda mirada de Jackman.

La revisión de personaje de Hood
Puede que haya espectadores que se escandalicen ante la perspectiva de tal representación de un héroe clásico. Pero Jackman, un actor nato con una marcada sensibilidad irradia una inteligencia que se esconde tras la impasible expresión de una bestia. Interpretación profunda y a menudo sutil. La hermana Brigid de Jodie Comer demuestra ser la otra esencia del filme.
La Priora, es cálida y empática, paciente y comprensiva. Comer dota a al personaje del misterio justo para insinuar motivaciones ocultas, y quizás un viaje más grandioso que el del propio Hood.
Brigid, la hijita de John, bañada en luz natural, ofrece el único y auténtico verde de la película. La suya es la verdadera historia de redención para una tierra, incluso para un hombre.
La evidente inversión de la leyenda, donde Robin es el villano y la Priora la heroína, es todo un revisionismo de lo que solía ser habitual en Hollywood.
En fin, imágenes sombrías, asesinatos sangrientos y actuaciones violentas que impresionan, el drama de Michael Sarnoski atraerá más a los estudiosos de la época medieval, y a los fans de las películas duras, que al público general.

Por acabar
El vínculo de Robin con la hermana Brigid y la niña traumatizada Margaret es el núcleo emocional de la película y su aspecto más efectivo y gratificante, aportando una humanidad muy necesaria a un Hood salvaje y aparentemente irredimible.
Revista ENCADENADOS
ROBIN Y MARIAM (1976). En esta obra, Robín Hood ya no es el joven ágil y activo de otras entregas, como la que abajo comento, que parecía una especie de adolescente inmortal, liderando a su alegre banda en lo que parecen simples travesuras. Porque Robin vivía fuera del tiempo; nunca envejecería.
Pero sí lo hace, en esta película de Richard Lester, con guion de James Goldman, en una Inglaterra veinte años mayor, más sabia y agotada que cuando Hood la habitaba antes.
Ahora, ha dejado atrás a Lady Marian y a la mayoría de los demás, y se ha marchado a las Cruzadas con Ricardo Corazón de León. Lady Marian intentó suicidarse y luego ingresó en un convento. Y Robin finalmente regresa al Bosque de Sherwood.
La película comienza con el último aliento de la cruzada de Ricardo. Él presiona a sus hombres para que ataquen un castillo indefenso e inútil, mientras ellos se quejan. Ricardo muere de un flechazo inopinado y Robin regresa a Inglaterra con el fiel Pequeño Juan. Nada es como lo dejó. Los escondites y guaridas del Bosque de Sherwood están en ruinas, al igual que Lady Marian.

Pero los años parecen desvanecerse de su rostro cuando Mariam vuelve a ver a Robin y retoman en la mediana edad, lo que esencialmente fue un romance adolescente. Ella renuncia a sus votos y la alegre banda se reúne de nuevo a su alrededor.
El Sheriff de Nottingham aparece complaciente para retomar su antigua enemistad, y así todos los elementos de la historia vuelven a su lugar. Se dice que la historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como comedia, pero Lester y Goldman parecen indecisos sobre cómo debería sentirse la saga de Hood en esta ocasión.
Lo que impide que la película se desvíe del camino son las interpretaciones de Sean Connery y Audrey Hepburn en los papeles principales. Independientemente de lo que piensen el director y el guionista, Connery y Hepburn parecen haber alcanzado un entendimiento tácito entre ellos sobre sus personajes. Irradian luz. Realmente parecen enamorados.
Proyectan una imagen compleja, cariñosa y tierna; el paso de 20 años les ha otorgado gracia y sabiduría. Lester los fotografía con sobriedad. Su cámara dinámica se sustituye aquí por un ritmo visual más acorde con una nostalgia agridulce.

Fotografía el Bosque de Sherwood y sus personajes con un realismo natural y agradable, superior a la solemnidad pretenciosa que a veces encontramos en las películas históricas. Rodea a Connery y Hepburn un excelente reparto secundario (destaca Robert Shaw, con su interpretación sombría del sheriff), y concluye película atractiva y meritoria.
Connery y Hepburn parecen saber el verdadero significado de la película y en la última escena, cuando el herido, pero victorioso Robin le dice a Marian: «Jamás volvería a tener un día como este», dejan claras sus intenciones.
Esta es una película sobre el fin de la juventud y el romanticismo, sobre la muerte y la posibilidad de la simple compasión humana. Eso solo habría funcionado perfectamente, pero Goldman y Lester se empeñan en intercalar chistes y comentarios forzados.
LAS AVENTURAS DE ROBIN DE LOS BOSQUES (1932). «Las aventuras de Robin Hood» se realizó con una inocencia sublime y una maestría impresionante, en una época en que resonaban sus valores sencillos. Es una película que pervive por su valentía y romance.
No hace falta un trasfondo freudiano, ni un análisis revisionista; basta con que Robin quiera robar a los ricos, dar a los pobres y defender a los sajones contra los malvados: «Odio la injusticia, no a los normandos».
La película marcó un par de hitos: fue la primera película de Warner Bros. rodada con el proceso Technicolor, la primera que Flynn fue dirigido por Michael Curtiz y la quinta que Errol Flynn y Olivia de Havilland trabajaron juntos.
El productor, H. B. Wallis tuvo la audacia de elegir a Flynn para el papel. Un Flynn joven con un solo éxito ("Captain Blood"). Keighley hizo la mayoría de las escenas exteriores y Curtiz hizo la mayoría del rodaje en estudio.

Película que justifica el esplendoroso Technicolor. Con opulentos tapices de los interiores del castillo, los rojos, dorados, grises y verdes del vestuario de Milo Anderson, los exuberantes verdes del Bosque de Sherwood (un rancho californiano).
Sensacionales los directores de fotografía, Sol Polito y Tony Gaudio con cámaras voluminosas y mucha iluminación adicional, con una riqueza de color extraordinaria.
Pero la película no sería una obra maestra sin el reparto, no solo de Flynn y de Havilland, indispensables, sino también de estrellas secundarias como Claude Rains, en el papel del afeminado Príncipe Juan; Basil Rathbone, el taimado Sir Guy de Gisbourne; y Patric Knowles, Eugene Pallette y Alan Hale como Will Scarlett, Fray Tuck y Little John, los intrépidos Hombres Alegres.
La guapura de Errol Flynn lo convirtió en una estrella, junto con su exuberancia desenfadada y la alegría con la que encarnaba a Hood. Por ejemplo, la escena cuando entra en el salón de banquetes de Juan y arroja un ciervo ante el príncipe, sabiendo que el castigo por la caza furtiva es la muerte. Pero acusa a Juan de traición contra su hermano Ricardo Corazón de León, y se abre paso hasta escapar del castillo.

Que Olivia de Havilland era una gran belleza es algo obvio, pero mientras la vemos uno se queda extasiado, con sus mejillas sonrosadas, sus rasgos finos y resueltos. El cambio en sus sentimientos hacia Robin se desarrolla escena a escena, gradualmente; finalmente, será el hombre quien ama y escapará de su matrimonio concertado con Gisbourne.
Sus escenas de amor son directas y exaltadas y las escenas íntimas tienen una franqueza casi audaz. Cuando Robin y Marian se miran a los ojos y se confiesan su amor, lo hacen sin artificios, sin poesía rebuscada.
Es el vínculo entre Robin y Marian lo que constituye el corazón de la película. El héroe ideal debe hacer el bien, vencer el mal, divertirse y conquistar a la chica. Esta cinta es un manual sobre cómo lograr todo ello.











