Victoriana Gaztelu.- Me despido de mi trabajo después de 38 años ejerciendo la profesión más bonita del mundo. Cierro una etapa que ha sido mucho más que una profesión: ha sido una forma de vivir, de aprender y, sobre todo, de compartir.

La mayoría me llamáis Dra. Victoriana; otros, simpáticamente, me llaman Gaztelu. Las dos formas le habrían gustado mucho a mi padre, que en paz descanse.

He trabajado en varios centros de salud, siendo el de Federico Rubio, en El Puerto de Santa María, donde finaliza mi vida laboral. De todos ellos tengo muy buenos recuerdos y muy buenos compañeros, a todos los niveles, con quienes he compartido alegrías, preocupaciones y experiencias que nos han unido como equipo y como amigos.



Quiero deciros que, en muchas ocasiones, me habéis transmitido vuestras muestras de gratitud simplemente con unas palabras: “Gracias por todo”, “Tenga un buen día, doctora” o “Usted es como una psicóloga”. Esos gestos han hecho que ame aún más mi profesión, que me haya ilusionado ir a trabajar cada día, pero también son los culpables de que los años hayan pasado tan rápido y de que me vea ahora en mi jubilación.

Por ello, quiero daros las gracias por vuestra confianza, por dejarme entrar en momentos importantes de vuestras vidas, a veces en los más difíciles. Ser médica no es solo diagnosticar o tratar; es escuchar, acompañar y, en la mayoría de las ocasiones, aprender de cada uno de vosotros.

A lo largo de los años, he tenido el privilegio de compartir momentos personales y también de intentar aliviar preocupaciones. Cada historia, cada conversación y cada gesto han dejado una huella en mí. No solo he sido vuestra médica; también he sido testigo de vuestros esfuerzos para salir de dolencias, a veces sin retorno; de largas tristezas y melancolías; de vuestra fortaleza y de vuestra fuerza para seguir adelante. También de vuestra paciencia y vuestra humanidad cuando he dicho o hecho algo que no ha sido de vuestro agrado. Os ruego que me perdonéis por ello.

Si en algún momento logré ayudaros, aunque fuera un poco, me doy por satisfecha. Pero debo deciros algo con total sinceridad: vosotros me habéis dado mucho más a mí de lo que yo he podido daros.

Me voy con el corazón lleno de gratitud y con la tranquilidad de haber dedicado mi vida a algo que realmente importa: cuidar de las personas.

Gracias por vuestra confianza, por vuestra cercanía y por haber formado parte de mi vida durante todos estos años.