“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Me referí no hace mucho a películas en las cuales la figura del escritor William Shakespeare ocupaba un papel central.

Hoy hablaré de películas cuyo guion y temática han sido inspirados por alguna obra del insigne poeta y dramaturgo inglés.

Películas como: Ghostlight (2024), de A. Thompson y K. O’Sullivan; Ran (1985), de A. Kurosawa; La mujer indomable (La fierecilla domada) (1967), de F. Zeffirelli; Cielo amarillo (1954), de W. A. Wellman.

GHOSTLIGHT (2024). Dan (Keith Kupferer) es un peón de la construcción de mediana edad afligido por una tragedia familiar. Alejado de su abnegada mujer Sharon (Tara Mallen) y su talentosa pero problemática hija Daisy (Kupferer), Dan encuentra consuelo y comunidad en una compañía aficionada de actores inadaptados.

El protagonista se ve obligado a afrontar sus emociones más profundas en una representación de bajo presupuesto de la mayor tragedia de Shakespeare.

Porque las cosas no van bien en la familia Mueller mucho antes de que O'Sullivan y Thompson, con suma delicadeza, desvelen los detalles de una tragedia que aún los afecta. Implica una demanda inminente, la sensación de que la familia está incompleta, sentimientos no expresados ??y una revelación final demasiado ingeniosa como para revelarla aquí.

En medio de toda esa gracia, bondad y dramatismo tan real, algo excepcional ocurre: una obra que te hace maravillar con el placer de contar historias como una práctica, no como una moda repetida, sino rodada con emoción.

Para esta historia hacen falta actores en escena, incluyendo una familia de actores de la vida real que forma el núcleo de la película: Keith Kupferer es Dan Mueller (el obrero de la construcción), con su esposa Tara Mallen como la esposa de Dan; Sharon (profesora de teatro y alma de la familia), y su hija Katherine Mallen Kupferer.

Acompañan también Hanna Dworking, Tommy Rivera Vega y Alma Washington, entre otros. Buena la música de Quinn Tsan y la muy lograda la fotografía de Luke Dyra.

O'Sullivan y Thompson entrelazan su historia con delicadeza, encontrando humor y sentimiento en cada giro, lo que lleva a un tipo de final que hace reír y llorar.

 

RAN (1985). Akira Kurosawa es un Director con mayúsculas. Uno de los realizadores más grandes que ha habido. Vi esta película cuando se estrenó en 1985. Ran es como entrar en una pinacoteca y salir preñado de color, de imágenes, de vestuario y de paisajes.

Con la batuta de Kurosawa, se conduce por un guion del propio Kurosawa junto a Hideo Oguni y Masato Ide (adaptando el drama de Shakespeare El Rey Lear). El reparto es brillante, con actores japoneses de primera línea como Tatsuya Nakaday, Akira Terau, Pitâ o Mieko Arada, todos artistas de altura y conmovedores.

 

Como es sabido, El rey Lear narra las vicisitudes de un legendario soberano de Bretaña y sus tres hijas, entre quienes pretende dividir su reino. Esta historia, Kurosawa la lleva al Japón medieval del poderoso señor Hidetora, quien decide abdicar y repartir sus dominios entre sus tres hijos (esta vez varones). El menor no está de acuerdo, su padre lo deshereda y lo envía al exilio junto a su fiel criado.

Muy pronto descubrirá que ha cometido un gran error, pues la ambición hará que sus hijos mayores se enfrenten por el poder en una cruenta guerra y lo desatiendan a él, expulsándolo de sus castillos.

Kurosawa le imprime una inusitada fuerza a esta tragedia, con el desbordante fulgor de escenas de batallas que enfocan los pies de los caballos y las banderas de cada hijo al viento, imágenes impresionantes.

La fotografía de Takao Saito y Masaharu Ueda es maravillosa, no sólo por el colorido y el poder de las imágenes, sino por los encuadres; una cámara atenta a todos los detalles de esta tragedia egregia. Música sublime de Toru Takemitsu. El vestuario y la ambientación son excelsos. Un lujo para la vista y el oído: puro cine.

Y como mensaje, el dicho: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. Y esa es la vejez del viejo señor Hidetora, quien en el tiempo que gobernó sembró la muerte y el sufrimiento por su desmedida ambición.

Todas sus posesiones están manchadas de sangre y ahora, viejo, ciego y abatido, sufre las consecuencias. De entre los momentos del filme, ver a Hidetora ciego, es sobrecogedor. Y qué decir del papel de la mujer en la película; los esposos son marionetas de unas codiciosas y violentas esposas.

Ran es un retrato descarnado de la lucha por el poder y la ambición humana, la codicia con independencia de los lazos familiares o la amistad de otras épocas. La vanidad y la perfidia anidan en el corazón de los personajes.

Enorme tragedia llevada conducida por Kurosawa en imágenes de museo y con una colosal puesta en escena de guerras, batallas, caballos, banderas multicolores; todo un maravilloso juego de colorido y fatalidad al servicio de un cine grande. Lúcida y violenta, con soberbias interpretaciones, deslumbrante montaje y precisión narrativa.

En esta película los paisajes, el viento, las nubes, las patas de los caballos al galope, las banderas blandientes, son una expresión simbólica de las tormentas que se mueven dentro del espíritu de sus personajes.

Ello desde una visión plástica única, que incluye el paisaje tras la batalla o las arboledas retorciéndose por el temporal. Ran, compendio de artes: cine, literatura, ópera, poesía, danza, pintura, fotografía y coreografía. Ciento sesenta minutos maravillosos de un cromatismo espectacular.

 

LA MUJER INDOMABLE (LA FIERECILLA DOMADA) (1967). Dirigida la cinta por Franco Zeffirelli, adapta la obra de Shakespeare, "La fierecilla domada". Con un reparto estelar encabezado por Elizabeth Taylor en el papel de Catalina y Richard Burton como Petruchio, la película es un hito por sus actuaciones y por su palpitante puesta en escena.

La trama sigue a Petruchio, un caballero que llega a Padua con la intención de encontrar una esposa rica. En ese negocio anda cuando encuentra a Catalina, una mujer de carácter indómito. A pesar de su reputación, Petruchio decide cortejarla y eventualmente casarse con ella, embarcándose en una serie de tácticas para "domarla" y convertirla en una esposa sumisa.

Elizabeth Taylor nos deleita con una actuación apasionada como Catalina. Su interpretación captura la ferocidad y también la vulnerabilidad del personaje. Richard Burton tiene carisma y determinación. Su química con Taylor da autenticidad a sus interacciones.

Zeffirelli, hábil para trasladar el teatro clásico al cine, utiliza escenarios y vestuarios llamativos y acordes al Renacimiento italiano. Su enfoque visual y la atención al detalle crean una atmósfera envolvente. Las tomas amplias y los movimientos de cámara permiten que las escenas se desarrollen con un ritmo natural.

La fotografía de Oswald Morris y Luciano Trasatti, es otro valor de la película. Imágenes coloridas y ricamente texturizadas, capturando tanto la belleza de los paisajes como la intensidad de las confrontaciones entre los personajes. El uso de la luz y la sombra añade una dimensión dramática a las escenas.

La película, fiel al texto de Shakespeare, presenta la idea de "domar" a una mujer para resolver conflictos matrimoniales, lo que ha llevado a críticas sobre su enfoque sexista y misógino. Mas hay que tener en cuenta el contexto histórico de la obra y la época del filme.

La banda sonora, compuesta por Nino Rota, complementa la acción, con una partitura intensa y elegante, que subraya los momentos clave de la historia.

 

CIELO AMARILLO (1948). Película dirigida por William A. Wellman, con guion de Lamar Trotti, adapta la novela de Riley “Yelow Sky”, inspirada en “La Tempestad” de William Shakespeare.

Excelente música épica de Alfred Newman con una canción tradicional y gran fotografía (B&N) de Joseph MacDonald, rica en recursos y que sabe hacer uso de claroscuros tenebristas de gran potencia.

Se desarrolla la acción en 1867, poco después de la Guerra Civil, en una localidad fronteriza de Arizona y en un pueblo de buscadores de oro abandonado llamado Yellow Sky (de ahí el título). Siete bandidos, antiguos militares unionistas, liderados por James "Stretch" Dawson (Gregory Peck) se asientan en el lugar con la intención de sacar partido de la vieja mina.

Película donde se masca el polvo del desierto, un lugar inhóspito que precipita pasiones, celos, egoísmo, venganza y ambiciones sin límite. Ambientes oscuros, tórridos, densos, opresivos con un largo rosario de crímenes entre malhechores, intentos de forzar a la joven protagonista, y un duelo de los grandes del género.

Relato poderoso, violento, y un western que contiene los ingredientes del género: indios peligrosos, tiroteos y refriegas, puñetazos, Saloon, proscritos y duelos al sol.

Destaca en el reparto un carismático Gregory Peck. Maravillosa Anne Baxter como la joven Constance Mae "Mike", mujer que viste de hombre, diestra con las armas, que sabe dar golpes y a la vez es femenina y sensual. Brillantes Richard Widmark, Robert Arthur or Harry Morgan.

Constance Mae es una mujer enfundada en su traje masculino, con su pistola siempre preparada, que vive con su abuelo buscador de oro, los únicos habitantes del lugar. Los recién llegados, ven la posibilidad de hacerse con el filón de oro que abuelo y nieta intentan encontrar en aquella destruida población.

Pero Contance es atractiva y el jefe del grupo, James (Peck), mientras los otros duermen se acerca a la casa de la muchacha. La mujer revolver en mano y James que le dice: «si se arreglara un poco casi parecería una mujer».

Hay una lucha de dominio entre ambos, él sobre ella, él le da un beso al que se resiste. Después de seguir el forcejeo le da un segundo beso al que ya no se resiste. Ambos momentos Wellman los resuelve mostrando la reacción de la mujer en un primer plano sobre ella. Si en el primero hay rechazo, en el segundo no lo hay…

Antológico duelo final en el cual poco a poco se va descubriendo el desenlace: la ruleta parándose, el oro cayendo de una bolsa, el pie de uno de los muertos, la respiración del protagonista... todo acaba con una brillante elipsis que conduce a un final que sirve como contrapunto al inicio.

Filme superlativo que señala, una de las cimas del western moderno. Verla es recibir una lección de cine. Disfrutar de un conjunto de rara perfección. Comprobar, en definitiva, las mil caras que posee el cine del oeste.