“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Daniel Monzón es un cineasta de fuste, un realizador muy interesante que ha dirigido películas como El corazón del guerrero (2000), Celda 211 (2009) o El Niño (2014). Pero en alguna ocasión ha querido salir del terreno de exitosos thrillers, para hacer películas sobre robos.

A esas películas me quiero referir hoy, concretamente a dos títulos buenos y divertidos: Yucatán (2018); y El robo más grande jamás contado (2002).

YUCATÁN (2018). Dos estafadores de larga trayectoria juntos, Lucas (Luis Tosar) y Clayderman (Rodrigo de la Serna), están dedicados a robar a los cándidos turistas de los cruceros de lujo. Pero una mujer bellísima está por medio, Verónica (Stephanie Cayo), a la cual ambos pretenden, por eso rompieron su sociedad y ahora trabajan por separado: Lucas en el Mediterráneo y Clayderman en el Atlántico.

Un acuerdo entre ambos, roto por un apetitoso botín que los une en una travesía exótica de Barcelona a Cancún, pasando por Casablanca, Brasil y la selva de Yucatán. Ambos en reñida lucha para robarle un premio de lotería a un viejo bonachón que acabará siendo quien les cante las verdades.

Daniel Monzón dirige esta comedia de tunantes que tiene pasajes de diversión que se agradecen, concluyendo la cinta en una comedia distraída con toques de humor.

Guion del propio Monzón y su coguionista inseparable, Jorge Guerricaechevarría. Libreto donde los personajes quedan bien dibujados, muchas subtramas y subidas y bajadas de tono.

Hay en la cinta una profusión de números musicales a mayor gloria de Stephanie Cayo, que alargan el metraje a más de dos horas. En cuanto a los recursos humorísticos hay elementos escatológicos poco acertados.

Pero Monzón organiza un bullicioso coro de elementos diversos, para dotarlo de cierto sentido de comedia a lo Blake Edwards, lo cual tiene mérito, pues se trata de un universo lleno de andanzas trufado de torbellinos. Destaca la buena música de Roque Baños y un notable diseño de producción.

En el reparto, es Joan Pera, un actor reconocido en teatro y en el doblaje quien destaca. Es Pera, el actor sobre quien pivota la historia; transforma su veteranía en auténtica revelación que encabeza con justeza profesional el reparto; Pera es el agraciado por la fortuna, Antonio. Junto a él un Luis Tosar correcto; Rodrigo de la Serna, que cumple justito; Stephanie Cayo, bien como la bonita bailarina por la que todos se beben los vientos; y un plantel de secundarios bueno.

En el cine de Monzón suele darse lo que Sergi Sánchez denomina afecto por sus personajes; es decir que se empatiza con ellos, que deviene comprensión por los claroscuros de la condición humana. Aunque estos personajes se muestren insidiosos o canallas; o al revés, ante el público estas criaturas aparecen como buenas y magnánimas, y siempre están dispuestos a ser el reverso de lo que esperamos de ellos

.

Esta ruptura de expectativas morales es la que se prodiga en elementos aleccionadores. Todo el filme es como como una prédica encadenada sobre las miserias y males a que da lugar la codicia y el dinero. Y en torno a este argumento vemos en la trama un complejo puzle de idas y venidas, de añagazas y comportamientos de enorme vileza.

Pero entremezclados, podemos visionar emociones y sentimientos puros, mayormente en el personaje nuclear, gracias al saber hacer de Pera. La película aparenta ser una comedia vacacional, de crucero marítimo, que se desliza por un océano de géneros; de peli de timadores a la sátira gamberra, del musical cabaretero al romance múltiple. Para ocultar su condición de fábula seria sobre la codicia. Pues el esquema de la obra es ser una “fábula moral”.

 

EL ROBO MÁS GRANDE JAMÁS CONTADO (2002). Comedia chiflada y delirante en la que unos delincuentes de poca monta, pero muy ingeniosos, planean y se disponen a llevar a cabo el robo más loco “jamás contado”.

Lucas Santos, alias el "Santo" (Resines), es un ladrón fruslero y simple que no hace más que entrar y salir de la cárcel. Como quiera que su vida es puro sinsabor y miseria, y harto de robos chambones con escasos resultados, decide que tiene que dar un golpe que lo encumbre a todo nivel, haciéndolo rico, pero también (algo muy importante para él) famoso.

Tiene Lucas una novia amantísima que lo adora, Lucía (Asensi), mujer comprensiva, buena y generosa que trabaja como stripper en clubes nocturnos.

En esas, Santo logra convencer a un grupo de disparatados sujetos y conjunta una banda de delincuentes excéntricos e ineptos a los que había conocido en la cárcel. Sujetos como Jacobo el “Windows”, genio informático (Barnatán), Zorba “El Greco”, pintor abstracto (Manquiña), Pinito, el trapecista del grupo (Aller) y por supuesto Lucía, la novia de El Santo.

Este grupo peculiar tiene como objetivo marcado por el Santo, robar el cuadro más emblemático de la contemporaneidad española: ¡el Guernica de Pablo Picasso expuesto en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía!

Obviamente, nadie les va a comprar tan reconocida obra, lo cual que se ponen en contacto para después del robo con el mafioso Fernando Baez alias “Garganta profunda” (Gracia), con quien se entrevistan en las salas de cine X, para ver de darle salida a la pintura tras el golpe.

Monzón sale airoso y con muy buena nota de esta comedia fresca y original, con una trama demencial e impensable, también trepidante, sobre todo en los momentos del robo, fruto de un guion muy bien construido del propio Monzón, que intercala el suspense con un humor físico y verbal muy acertado.

Tiene buen pulso narrativo, gags muy graciosos, un tipo de personajes muy particulares con gran vis cómica, carisma y una personalidad magnética que consiguen que cuando termine la película conozcamos perfectamente a cada uno de ellos.

Hay escenas antológicas. Plan tronchante es el momento en que la banda observa para su pasmo que “El Greco” ha pintado la copia del Guernica que tendría que servir para reemplazar al original, ¡en color!

En cuanto a efectos especiales, está el episodio del mal sueño del Santo en el que se le aparecen vivos los personajes del Guernica: el caballo o el fauno. Y es impresionante cuando revientan el Aeropuerto de Palma de Mallorca con las impactantes escenas de público en masa furioso, y espectaculares aviones explosionando.

A todo ello se suma un entramado bien construido y con final feliz. Lo que hace de esta cinta un motivo para pasar un rato glorioso.Tiene una música de Roque Baños excelente que acompaña perfectamente la narración, y una grata fotografía de Carles Gusi.

El reparto es de primer orden con un Antonio Resines encabezando el cartel, un gran trabajo en el que se interpreta a sí mismo; Santo, su personaje, es un amante de lo ajeno, pero sobre todo busca la notoriedad y salir en la prensa. Neus Asensi muy guapa y expresiva en su personaje tierno y entrañable.

Manuel Manquiña está genial como extravagante pintor que ayuda poco al grupo, pero hace reír. Javier Aller es un sujeto muy particular que, con su escasa estatura, su cara grotesca y sus ágiles movimientos llena pantalla. Jimmy Bartanán hace un papelón como informático desastre. Rosario Pardo está muy bien como madre de Windows. Pone su sello, aunque su papel sea breve, el gran Sancho Gracia que interpreta al capo Fernando “Garganta profunda”, con su afición a ver películas pornográficas.

Esta cinta es el homenaje que Daniel Monzón rinde al arte de contar historias. De contarlas con la urgente necesidad de implicar al espectador en una lúdica cita a ciegas con unos entrañables personajes cuyo club de fans está presidido por su mismísimo creador.

Fábula con personajes freaks que, ofuscados en su permanente negación de la realidad, se embarcan en una empresa que a todas luces los desborda. Pero nada tan tozudo como la negación de la incompetencia y de casi todo inconveniente obvio para cualquiera, para que, sin desmayo, esta pandilla insista en lo imposible hasta… ¡conseguirlo!

Toda una lección que puede hacer pensar al espectador. Pero que sobre todo lo lleva a la risa y al sano humor ante tanto despropósito que en ocasiones excede e incluso se asemeja a los disparates que podemos ver en los clásicos tebeos de siempre.

Estos sujetos creados por Monzón representan a los pobres desgraciados que pueblan la novela picaresca española desde el medioevo. Y si nos preguntamos, resulta difícil elegir un favorito de entre estas criaturas. Resines es un pirado genial; Lucía, la enamorada de siempre. Manquiña, especie de Isbert moderno y espigado. Bartanán se sale con sus disparates electrónicos. Aller es el muy pequeñín, entusiasta y atrevido: desternillante.

Y como siempre ha de haber un alto mando, ahí tenemos a Garganta Profunda con su aplomo, siempre en los cines cutres haciendo negocios sucios. Y, mientras tanto, mientras actores y público disfrutan y se dejan llevar, la película discurre ágil y fresca, haciendo pausas donde se lo pide el cuerpo y expandiéndose en virtuosas secuencias que revelan a un cineasta cuyas ambiciones no se limitan a provocar sonrisas.

Esta cinta es una película saludablemente divertida. Su tono costumbrista nos traslada también una lección sobre la aventura que es la vida y el vivir. Sin olvidar su tinte sarcástico y de crítica. Una película hecha con inteligencia y que alegra la vida.