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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

La violencia en el cine presenta caras muy variadas. Está la violencia propia de las obras bélicas, por lo general tristes y abrumadoras. Está la violencia del western, que es su propia salsa. La violencia del cine negro, un tanto tremebunda. La violencia mafiosa, apabullante. O la violencia gore, muy sangrienta y desagradable. La violencia de la ciencia ficción y los superhéroes. Habría más…

Dentro de tantos tipos de violencia, considero que hay una violencia amparada por una historia que a la vez que sangrienta, tiene ingenio, incluso humor. A ella me voy a referir con dos películas. Una de estreno: Bullet train (2022), de D. Leitch; y otra de Tarantino, ya casi clásica: Los odiosos ocho (2015).

BULLET TRAIN (2022). Película buena y divertida dirigida con maestría por David Leitch. Gran montaje, descacharrante, como para no perdérsela, una peli en que la violencia se vive con risa y no con desagrado, porque está claro que todo el filme forma parte de un proyecto bien pensando y mejor realizado, divertido y reflexivo, liviano y denso, con un apabullante sentido visual y escenas de acción bien rodadas y divertidas, con alma de cine clásico. Está basada en la novela del japonés Kotaro Isaka: “Tren bala”, 2020; y hay de todo dentro de sus imágenes.

No sólo los protagonistas sino el espectador mismo, suben a bordo de ese tren bala que viaja de Tokio a Morioka con unas pocas paradas intermedias. Un tren en el que caben cinco asesinos a sueldo y una serpiente. Lo que no cabe es el aburrimiento.

Aunque a ratos parezca improvisado, hay un guion calculado al milímetro de Zak Olkewicz, acompañado de una sensacional fotografía de Jonathan Sela, junto a un montaje musical de Dominic Lewis tan frenético como el visual, en el que conviven sin problemas los Bee Gees, con el folk intimista del clásico 500 miles.

Al poco de ingresar en el tren los asesinos van descubriendo que sus misiones no son ajenas entre sí, que hay elementos y nexos en común que los han llevado allí. Hasta que se dan cuenta que todos van a lo mismo: matarse unos a otros. La pregunta es quién saldrá vivo del tren y qué les espera en la estación final.

Todo ello trufado de un dislocado sentido del humor y de la exageración, y el buen aprovechamiento de un solo espacio, ese tren a velocidad japonesa que parece no querer que los asesinos se bajen en ninguna parada, aunque en todas ellas les espera un recibimiento de aúpa.

Es una cinta que, como escribe Marín Bellón: “En su sencillez, la trama no descarrila nunca, pese a la exagerada cantidad de violencia, por suerte cómica, y los personajes tienen cierto interés, pero hasta la vida del francotirador puede volverse rutinaria”. Efectivamente, se trata de reinventarse en cada escena y lograr que todas juntas formen algo elevado. Pretensión esta al alcance de pocos directores, como Tarantino (del cual comento otra peli de violencia y humor, más abajo).

El reparto es de lujo con un Brad Pitt sembrado (lo más “cool” del verano) como asesino hastiado de los azares infinitos que implica su trabajo; su nombre en clave es Ladybug (el gracioso insecto mariquita) y sube al tren con idea de bajarse en la siguiente estación, pero no lo conseguirá.

Si Pitt se ríe constantemente de sí mismo y del personaje que le ha tocado en suerte, se puede decir igual del resto, de cuantos componen la galería de sicarios tan expeditivos como ineptos.

Unos tienen un trabajo que hacer, custodiar un maletín con dinero: son una pareja racial que se llaman mandarina y limón, constantemente discutiendo, capaces de enormes estallidos de violencia, y sin embargo tienen un afecto fraternal genuinamente dulce el uno por el otro (increíbles Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry). Está también muy y malévolamente presente, una adolescente sin escrúpulos con falda plisada que no parece ser lo que representa (extraordinaria Joey King).

Hay igualmente un padre en apuros (bien Andrew Koji) y su propio padre (estupendo Hiroyuki Sanada), muchos pandilleros de la Yakuza, un narco en busca de venganza (excelente Bad Bunny) y algún que otro personaje que se revela a mitad de trayecto formando parte de un complicado entramado que desemboca en la misma persona: la Muerte Blanca. De la que todo el mundo habla, pero a la que casi nadie —ni el espectador— conoce. Acompañan actores de primer orden como Michael Shannon, Sandra Bullock (muy estirada… de piel), Zazie Beetz, Logan Lerman, y más.

La película navega de adelante a atrás y, al revés, del pasado (flashbacks muy interesantes) al futuro; a veces en cámara lenta y otras en cámara superrápida. Los que parecen buenos son malos, los que podrían tener gracia, en verdad resultan patéticos, y los tristes, antes que dar pena dan mucho que pensar.

Nuestro Leitch, por si alguien no lo sabe, comenzó su carrera haciendo dobles, de hecho, fue el doble de Pitt en varias películas. Como director de "Atomic Blonde" y "Deadpool", Leitch es un director de acción con auténtico talento que puede hacer que las imágenes destaquen en una variedad de formas únicas. Esta, su última película, es uno de los mejores filmes de acción del año y también de los más divertidos.

 

LOS ODIOSOS OCHO (2015). Filme detestivesco y de intriga, de los muy buenos, de nivel, de calidad. Sé que se le pueden objetar fallas e incluso criticar el sentido de la historia que narra. Pero nadie podrá decir que no es una gran película en los lineamientos generales que sostienen la calidad de una obra cinematográfica.

¿Violenta? Sí. Sam Peckimpah es poco menos que Walt Disney al lado de Tarantino ¿Centrada en un habitáculo cerrado? Relativamente ¿Aburrida? En absoluto. Es un híbrido western-thriller-suspense, donde un perspicaz investigador de color, con mucha intuición, una especie de Poirot o Sherlock Holmes venido al lejano oeste e interpretado por L. Jackson, va desentrañando los entresijos de una trama insospechada que, empero, Tarantino, en ese ir y volver en el relato, aclara a la perfección sin dejar un cabo suelto.

La historia se desarrolla a pocos años de acabada la Guerra de Secesión en los EE. UU. Una diligencia se dirige a toda la velocidad que pueden sus seis caballos en un paisaje nevado y de ventisca, en un árido y frío paisaje de Wyoming.

El panorama dentro de la diligencia, el clima y la ventisca ponen serio el escenario, lo cual que el cochero de la diligencia junto con sus cuatros pasajeros, llegan a toda prisa a la Mercería de Minnie donde se disponen a alojarse.

Estamos ante una obra que goza de una dirección genial que corre por cuenta del particular QuentinTarantino, que aunque se quiere mucho así mismo, es un realizador y creativo de primer orden, que adopta un estilo narrativo complejo, voz en «off» incluida.

El guion del propio Quentin es genial, dividido en capítulos y con vueltas atrás; en él nos expone con gran claridad los misteriosos hechos que han sucedido en la famosa Mercería de Minnie. Tarantino es, como sabemos, un genio de los diálogos, con un inconfundible estilo: original, con sentido del absurdo y muy perspicaz, aunque quizá abuse un poco de tanto parloteo esplendoroso.

Maravillosa y grande la música de Ennio Morricone que llena el ambiente de notas muy grandes, profundas y épicas que llegan al alma del espectador. La fotografía de Robert Richardson se sale de esplendorosa y luminosa cuando capta los paisajes nevados y la ventisca, y al principio es un auténtico placer para la vista. Luego, ya en el interior, viene a ser una fotografía hiperrealista en las escenas sangrientas, en que parece que te va salpicar el rojo flujo de la sangre.

Del reparto no se pueden decir más que lindezas. En primer lugar tenemos a los habituales de Quentin, Samuel L. Jackson, Michael Madsen, James Parks y Tim Roth que se salen por encima de la pantalla por su brillantez en cada gesto o facción. Los que trabajan por segunda vez con Tarantino, o sea, Walton Goggins, Kurt Russell, Bruce Dern y Lee Horsley están de escándalo y con un muestrario actoral muy inspirado.

Los debutantes, Demián Bichir, Channing Tatum y Jennifer Jason Leigh consiguen sacar lo mejor de su repertorio bajo la dirección del maestro Tarantino. Y si las grandes actuaciones de los más habituales se esperaban e incluso casi que se daban por hechas, son de resaltar el binomio John Ruth–Daisy Domergue, que dejan escenas que serán recordadas por tiempo.

Este film es en gran medida un ejercicio detectivesco y de intriga, con mezcla de western, eso sí. La verdad es que este aspecto me deja bastante tambaleante y reflexivo sobre la auténtica catadura de esta excelente-extraña película de Tarantino.

Un cine nuevo, una manera extraordinaria de resignificar el western o el suspense, con gran pericia, un cine original y duro de marca, ingenioso y entretenido, con su vis humorística, que ya tiene su tropel de seguidores: los tarantinófilos. Esta película en concreto es una evolución del autor, no es ruptura, sino una perfección de sus constantes.

Más extenso en revista de cine ENCADENADOS.