Print Friendly, PDF & Email

Alfonso Bello.- Hay que buscar en el pasado para desempolvar los sentimientos de un Domingo de Pasión pleno. Iniciamos una semana en la que el cofrade no atina con nervios y emoción, y es que, si de por sí sucede, hay que sumar que debemos volver a un ya lejano 2019 para recordar cómo era. Hemos visto algunos pasos ya en la calle este fin de semana, y en nuestra ciudad tendremos que esperar al Viernes de Dolores, que será la jornada inaugural y va bien cargada de novedades.

La ciudad albergará la próxima semana unos días que aglutinan en un acontecimiento la fe de los devotos, la expresión de nuestras tradiciones y la exposición del patrimonio que las hace cofradías. Pero como reflejo de la decadencia de sus casas palaciegas o de sus calles adoquinadas, la Semana Santa de El Puerto no brilla por su esplendor, ni por sus calles abarrotadas, ni por el sentimiento espontáneo de un fervor que ebulle en ciudades más cercanas que la Madre Sevilla. No podemos culpar a nadie, persona ni entidad, pues lo que vivimos es culpa de nuestro desamor por lo nuestro, de la poca dedicación que dirigentes y ciudadanos tienen por preservar lo que caracteriza a El Puerto. Qué vamos a reprochar teniendo el Vaporcito cayéndose a pedazos, la envidiable Plaza de Toros con un cartel tan pobre o la Banda Municipal Maestro Dueñas sin tocar ningún día de Semana Santa en la ciudad.

Pero sí, a pesar del tono derrotista de lo anterior, tenemos un patrimonio puesto en la calle cada Semana Santa que es digno de elogio. Tallas de elevado valor artístico como la del Nazareno o la Soledad, portentosos pasos de misterio como el del Santo Entierro, o como el casi concluido del Nazareno, o el de Hermanos Caballero de Afligidos. Hermandades centenarias como la Vera Cruz, que es la primera de la ciudad y la tercera de la provincia, el palio de Gracia y Esperanza promete ser una joya en bordados, y dos grandes bandas del panorama musical pisarán este año las calles portuenses, como son Rosario de Cádiz tras Humildad o Virgen de los Reyes tras el Huerto.



Y a pesar del sedentarismo de la mayoría de las corporaciones o del propio Consejo Local, hay un flujo palpable en algunas facciones cofrades de la ciudad. Prendimiento este año estrena una talla sacada de la gubia de Ángel Pantoja, imaginero portuense, que a su vez portará una nueva túnica digna del trabajo de sus hermanos, y de la que muchas Hermandades de nuestra ciudad deberían tomar nota. Pero no solo eso, si no que por fin la parroquia de San Joaquín les ha permitido un inicio y fin dignos de una Estación de Penitencia al salir de este templo. Y es que es eso, por fin será una Estación de Penitencia, acudiendo al primer templo portuense y otorgando sentido a su salida procesional, ¿por qué iban a ser menos?

El Sábado de Pasión el cofrade debería meditar al despertarse, pues El Puerto ha perdido una corporación que merecía lo mejor y que tenía aires de llegar a ser una Hermandad referente y de barrio, como las que en nuestra ciudad no hay. Un sacerdote con poca perspectiva o un grupo con quizás poco coraje son los posibles motivos para que se haya decidido cortar un brote de este arcaico árbol, en lugar de sanearlo para que creciera y diese sus frutos. Por contraposición una asociación bastante desconocida hasta ahora bendijo su nueva imagen del Beso de Judas bendecirá un barrio humilde portuense, para la que todos deseamos se una al movimiento "Prendi".

Es Domingo de Ramos y todos nos levantamos mirando al cielo. Siempre envidié de forma sana el ambiente que se vive en San Marcos cuando nace este día. Es una Hermandad joven, vivaz y fraterna. Los nazarenos celestiblancos deberán confundirse con un cielo que lleva esperando este momento años, y que tendrá las mismas ganas que nosotros de ver otra de las grandes novedades de esta Semana Santa: la Borriquita por su recorrido histórico, la Avenida. Espero de corazón que se abarrote de vecinos este tramo, la Hermandad ha puesto todo su interés en animar al barrio a hacerlo, esperemos que les correspondan y que este recorrido se arraigue en nuestra Semana Mayor, que no destaca por ser de rincones de interés.

Y tras la primera del año viviremos un Domingo de Ramos de bella Amargura y valiente Flagelado, de Afligidos de carey y plata, y de mística Rosario. El martes las almenas del Castillo pedirán Piedad al Señor de la Misericordia, y el Señor Cautivo irá al barrio alto para paliar el Dolor de sus vecinos. Oración y Esperanza para la COFRADÍA del Puerto, repartiendo Gracia con su Olivo. Humilde el Señor que empieza a brillar, y tras de Él el Desconsuelo de una madre que ve lejos la Aurora. Dolores que San Juan consuela tras un Nazareno del que solo queda su Cruz, esperemos que por mucho tiempo. Mayor Dolor a la Vera de la Cruz, Soledad Sepulcral a la que por más sola que esté, solo su belleza le falta para brillar.Y una Alegre Resurrección que espera en su capilla el regreso del anuncio más bello de la cristiandad, el de la vuelta del mesías de entre los muertos.

Se me eriza el vello al pensar en la puerta de San Marcos el Domingo de Ramos. También en la ilusión de ese chiquillo cuya infancia marcó la pandemia y ahora va a hacer su primera Estación de Penitencia de forma consciente. Me emociono al pensar en la primera chicotá de cada Hermandad, de las primeras notas musicales y de las primeras saetas. De las oraciones por el familiar o amigo que se fue a Su diestra por el COVID, o de aquel que por contraposición llevará a presentar a su recién nacido a los Titulares que marcarán su vida por siempre. Generaciones unidas por el Señor y su bendita madre, recuerdos de una vida entregada a Ellos y emoción en el paso de la Cofradía por la puerta de quién ya no puede ir a verles el resto del año. Es lo que nos marca, lo que nos hace sentir algo que sólo sabemos nosotros como se vive, algo muy nuestro y de lo que debemos estar orgullosos.

Y lo hablo con conocimiento, pues después de tantas y tantas palabras escritas, este año no viviré todo eso. Por eso sé lo que digo, porque mientras usted lee los pensamientos en voz alta de este servidor, él las escribe desde el otro lado del charco. La otra devoción, la profesional, me lleva a vivir de lejos lo que desde que tengo uso de razón viví de cerca. Este año cobra más sentido que nunca eso de que "la procesión se lleva por dentro". Pero es la tranquilidad de ser cristiano, de que la Estación de Penitencia no sea más que el abrazo del peregrino, el fin de un camino de fe que se renueva año a año, y que supone ser los mejores anunciadores de la Iglesia, que así se decidiera tras el Concilio de Trento. A pesar de todo lo que pueda hacer o decir, vivo por y para El Puerto, y sobre todo por sus Cofradías y mi Hermandad. Por eso lo viviré de forma distinta, desde la meditación y la introspección, poniéndome en la piel de aquellos que otros años no pudieron hacerlo por enfermedad o necesidad. Este año me toca a mí. Aún no sé cómo lo afrontaré, nunca he vivido un Viernes Santo fuera de mi Hermandad. No ver a mi ahijada revestirse de nazareno por primera vez. No abrazar a mis hermanos. No sentir la necesidad de que todo salga bien en la calle. Pero no hay nada que no arregle la oración.

Portuenses, disfruten del olor a azahar, del incienso y de las torrijas. Tomen inspiración de todo eso para llevar el guion policromado de El Puerto más allá de sus fronteras. Quieran esto como suyo, con sus defectos y sus virtudes. Porque si hay algo más grande que hacer las cosas bien, es estar orgulloso de todas y cada una de las que se hacen.

Suena el martillo. Silencio sepulcral solo roto por sollozos y abrazos. Tres años de espera. Todo está preparado. Alea iactaest. "QUE SE ABRAN LAS PUERTAS DEL TEMPLO". Un aplauso atronador vuelve a sonar en la Plaza de España. Esta pesadilla ha acabado. Que tengáis una buena Estación de Penitencia...

Alfonso Bello Rosa

“Mirando al cielo me hallo,

No sé si por la nubes o recordando,

Que se fue lo que más quería,

Mientras este día seguía esperando.

 

Hoy de nuevo es Viernes Santo,

La medalla llevo al pecho,

Los zapatos reluciendo,

El capirote bajo el brazo.

 

Hoy el reloj volvió a funcionar,

Tras pararse aquel día de marzo,

Dejando sin aliento alguno

A una Cuaresma inconclusa.

 

Al entrar por el patio,

La marea morada lo ha inundado,

Y el corazón se te hincha,

Por fin está pasando.

 

Entre abrazos y besos,

Saludas a tus hermanos,

Y consuelas al que este año

No les lleva de su brazo.

 

Al llegar a la capilla,

Dos cirios tan sólo encendidos,

Bastan para iluminar la mirada

Del mayor amor jamás conocido.

 

Tanto te he llorado, Madre,

Tantas las oraciones en casa,

Viviendo con temor y miedo,

Mientras no sabes lo que pasa.

 

Pero al fin puedo darte gracias,

Volver a postrarme ante tu palio

Y decirte que te he extrañado,

Que necesitaba de este rato.

 

Esos momentos de Soledad,

Donde no hay reja entre ambos,

Solo rosas blancas y un lirio,

Y muchas cosas que contarnos.

 

Han sido dos años sin esto,

Por lo que vivimos los cofrades,

Sin poder buscar tu mirada perdida,

Esa que tanta falta nos hace.

 

Por fin Madre mía me pierdo,

Entre las estrellas de tu cielo,

Me encierro entre tus varales,

Y a tus plantas te venero.

 

Pero a esos ratitos ya volveremos,

Tienes un Puerto que te espera,

Que necesita cobijo en tu manto,

Que tu serenidad dolorosa anhela.

 

Y aunque tu rostro es el luto,

El dolor del peor de los pesares,

La alegría tiene albergue en Ti,

Por tenerlos de nuevo reunidos.

 

Anda, Soledad, sal a la calle,

Conforta a los afligidos que esperan,

Que te quieren como madre,

Señora de este Puerto,

que sufre sus pesares.

 

Soledad, ve que te esperan,

Que la puerta ya se abre,

Que el guiónya por Plaza España

Tu cortejo penitente guía.

 

Pasea, Soledad,

Señora de estos lares,

Tras dos años de espera,

Que te recen y te canten.

 

Que se haga realidad el sueño,

Que volvemos a la calle,

A llevarte al que no puede

En la capilla visitarte.

 

Que ya se acaba, que ya llega,

Que repiquen las campanas,

Que te esperen en las calles,

Entre saetas y oraciones,

Entre el cielo y tus varales.

 

Que El Puerto es tu barco

Y nosotros tus tripulantes,

De este barco de Esperanza,

Que, tras dos años de espera,

Quieren llevarte Madre,

Al cielo de tu gloria,

Al que en paz ya descansa,

Por esta pandemia dolorosa,

Que se llevó a hijos y padres.

 

Ve, Soledad,

Ve que se acabó la espera,

Ve que El Puerto te necesita,

Señora, Reina y Madre".