Print Friendly, PDF & Email

Poco a poco, nuestra sociedad se está transformando. Hemos pasado del Estado del Bienestar, aquel en el que el Estado recaudaba, mucho más que en los años del orgullo patrio, de forma que redistribuía las riquezas de forma justa.

Es cierto que, para hacer política social, justa y necesaria, se necesita dinero, y con ese cuento, tras los años de gobiernos conservadores, que han ido llenando las arcas, gobiernos más progresistas han ido, distribuyendo los ahorros sobre una sociedad, que ha llegado un momento que ha preferido otro tipo de políticas, lo cual sucede cuando ya, sin dinero, no tienen más votos que comprar.



Todo se mantenía en un equilibrio casi natural, soportable, y en donde, las perspectivas de uno y otro, alternándose, cohabitaban sobre una sociedad “feliz”. Pero entonces llegó el desbordamiento de la insensatez, la inmadurez política, las consignas del Che, asesino de homosexuales, jaleadas en protestas gay; llego el día de las cajeras del Mercadona y los vendedores de calzoncillos pidiendo libertad para convertir España en un Gulag… de chocolate, y en donde, la distribución de la riqueza… en donde ese estado de bienestar se reduce a la miseria colectiva.

La clase media ahogada en la propia mierda descompuesta de un sistema impositivo que, a boca llena, y sin vergüenza, anuncia que destina miles de millones a políticas sociales selectivas y en las que solo unos pocos, estómagos agradecidos, son los beneficiarios; a sindicatos, que antes eran obreros, que ha pasado de tener la caja para subsistir en las huelgas, a club privados donde, chulos que visten de Dior, y a los que una espiocha les da “jurticaria” (como diría un cliente mío), toman como modelo a aquel Rufino, ya sin Luz; y la clase menos favorecida, a vivir de migajas y limosnas de un estado que en lugar de hacer crecer a España, en lugar de fomentar la creación de empleo; en lugar de Gobernar España… se dedica a fomentar el odio, señalando con el dedo acusador, con la connivencia de, sobre todo bancos y grandes empresas (que mientras nos ahogamos anuncian beneficios incluso en la pandemia) a quienes se atrevan a decir VIVA ESPAÑA, o algo similar.

Señores, bienvenido a los tiempos del Guano, la única mierda que además de oler mal, está descompuesta y podrida.