Print Friendly, PDF & Email

“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Antes de Denzel Washington, Morgan Freeman o Will Smith estuvo Sidney Poitier, toda una leyenda de Hollywood que se fue a las algodonosas nubes del cielo el pasado viernes 7 de enero/22, a los 94 años.

Fue primer actor negro en ganar un Oscar como actor principal en el filme que comento abajo: “Los lirios del Valle” (1963). Ayudó a transformar el perfil de los afroamericanos en las películas y normalizó que los negros pudieran ser protagonistas y no solo actores secundarios. Un actor que siempre se negó a hacer los papeles tópicos de sirviente, esclavo, bandido, etc.

Aunque nació en Miami en 1927, era también ciudadano de las Bahamas, donde ha sido calificado como un “icono, un héroe, un mentor, un luchador y un tesoro nacional”.

Poitier, hijo de un campesino de Bahamas ejerció profesiones diversas, estuvo en la guerra, se inició como integrante de la compañía American Negro Theater (19 obras en Harlem). Tuvo su primer papel protagonista en 1950 en “Un rayo de luz”, donde encarnaba a un médico negro que debía atender a dos racistas blancos (obra de Joseph Mankiewicz). Y más…

Cuando Poitier recogió el Oscar en 1964 fue conciso, dio gracias por el premio, nombró al director y al guionista de la película, sonrió emocionado y se marchó. Aquel fue un momento histórico para muchos afroamericanos. En 2002 recibiría un segundo Oscar a título honorífico.

Nuestro actor siempre supo elegir sus papeles y rechazó sistemáticamente los estereotipos: “Quiero que cuando la gente salga del cine sienta que las vidas de los seres humanos son importantes. Esta es mi única filosofía sobre las películas que hago”, explicó en 1967.

A finales de los setenta, Poitier hizo una pausa como actor para otros y se centró en dirigir cintas con repartos casi exclusivamente con actores negros. Muchas de ellas protagonizadas por él mismo, mostrando un particular interés por la comedia.

Como escribe Martínez: “Él era como nosotros, pero mucho mejor, más elegante, más correcto, más listo, mejor vestido”. Así era Sidney Poitier.

Para esta despedida he elegido, de sus más de cincuenta películas, tres de las más significadas; dejo la muy conocida Rebelión en las aulas (1967) para una futura entrega donde trataré la temática educativa. Las tres películas para hoy son: Los lirios del valle (1963), de Ralph Nelson; Adivina quién viene esta noche (1967), de Stanley Kramer; y, En el calor de la noche (1967), de Norman Jewison.

LOS LIRIOS DEL VALLE (1963). Preciosa película rodada en blanco y negro con gran fotografía de Ernest Haller y muy bien dirigida por Ralph Nelson, con un guion de James Poe, adaptación de la novela homónima de William E. Barrett.

En la historia Homer Smith es un hombre negro que conduce por las extensas llanuras norteamericanas, se siente feliz por gozar de su libertad y de su libre albedrío. Pero su coche necesita agua. Llega a un rancho habitado por unas pintorescas monjas alemanas, las cuales le ayudan a la vez que le ofrecen trabajo.

Al principio él rechaza la oferta de trabajo pero en vista de sus escasos recursos, Homer, ya en camino de nuevo, vuelve y acepta el ofrecimiento que, entre otras, consiste en construir una capilla.

La tal comunidad de monjas cristianas reciben a Homer como un ser providencial que ha llegado para ayudar a sus intereses conventuales. De modo que lo van convenciendo de manera insistente y persuasiva, hasta hacer que caiga rendido y asuma su papel de benefactor.

Las religiosas dan poco y piden mucho, mirando por sus intereses clericales. En contrapartida, el visitante, dará mucho y recibirá poco.

Filme entrañable que habla de la verdad y del espíritu de caridad, de la misericordia y la Divina Providencia, a la par que asume el dicho bíblico: "construid templos en memoria mía", que es a lo que Homer contribuye con su trabajo.

Poitier es un GRANDE de la interpretación, con sello propio, con naturalidad y bien hacer, con un semblante sereno que transmite, con pocos gestos, una gran variedad de sentimientos y emociones. Un actor carismático, muy bien arropado en esta película por un buen reparto, destacando Lilia Skala (nominada al Oscar), que hace un excelente trabajo como Madre Superiora del convento.

Esta película viene a ilustrar un tema central en los evangelios: «¿Por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos» (Mateo 6: 28-30).

En suma, el director Nelson, con cierto ánimo de progresía para la época, quiso exaltar la dignidad y la generosidad que podía encontrarse entre los hombres negros, durante tanto tiempo discriminados. Y consiguió tocar el corazón de mucha gente sensible en aquellos años ’60.

Lo cual le sucedió también a la Academia de artes y ciencias cinematográficas de Hollywood, que sintió igualmente este sacudón emocional y cayó en la cuenta de que era hora de premiar a Poitier, un actor de color que ya había destacado en el teatro, en el cine y como persona, con el premio Oscar. Un paso adelante en el reconocimiento de la igualdad humana.

La película acaba con una secuencia preparada a fuego lento durante el metraje, una secuencia que emociona, de Homer junto a la comunidad de sores mientras suena una archiconocida canción utilizada de forma magistral como leit-motiv de la historia.

Secuencia final:

En ese punto uno se queda con hambre de más película; y la sensación de que, tras el final, el Señor Smith va seguro a encontrar muchos otros lugares inesperados y maravillosos donde descansar de su viaje sin fin. Pero que ya no vamos a estar allí para verlo.

Más extenso en revista de cine Encadenados.

ADIVINA QUIÉN VIENE ESTA NOCHE (1967). Esta estupenda película de Stanley Kramer obtuvo dos Oscar en 1967. Uno, la maravillosa Katharine Hepburn; y otro al mejor guion original de William Rose. Una dirección muy elegante y muy entretenida.

La película es de planteamiento sencillo pero profundo a la vez. La hija (Katherine Houghton) de un matrimonio acomodado liberal norteamericano, aparece de repente en su casa tras un largo viaje, para presentar a sus padres (Katharine Hepburn y Spencer Tracy) a su flamante nuevo novio, un médico negro que ha conocido en sus vacaciones (Sidney Poitier).

Esta circunstancia remueve los sentimientos de los padres que quedan literalmente anonadados. A pesar de su liberalismo y su enfoque abierto en temas de todo tipo, incluidos los raciales, se dan cuenta que nunca habían pensado que semejante situación les fuera a ocurrir a ellos.

Igual pasa con los padres de él, un matrimonio modesto de color, que cuando aparecen en la parte final de la película para conocer a su futura nuera, quedan perplejos de la elección de su hijo por una novia blanca.

Pero hay otro elemento a tener en cuenta: la clase social y cultural del novio. Pues aunque el pretendiente es negro, tiene una buena posición económica y es médico; un joven educado y de clase social alta, lo cual puntúa a su favor.

Hay una escena en la que Tracy recibe una llamada telefónica que desvela las competencias, títulos y honores del novio de su hija, y la propia madre cae rendida ante la evidencia del yerno de pro que le ha tocado.

Este fue el último trabajo en el que pudieron compartir escena los eternos enamorados en la vida real Katharine Hepburn y Spencer Tracy, que están archimagníficos. Por supuesto, Poitier borda un papel que le viene que ni pintiparado: un trabajo perfecto.

Katharine Houghton y el resto actores de reparto dibujan una comedia profunda que pone el énfasis en el tema del racismo. No falta el humor, una trama dinámica y el virtuoso manejo de escenas corales con múltiples actores a la vez, en clave teatral.

La recomiendo a cualquier persona sensible, pues aunque la película tiene sus años, está vigente e incluso de última. Su temática sobre los prejuicios raciales, se extrapola a otras actitudes prejuiciosas de tipo clasista, sexista, viejista, homófobas, etc.

Más extenso en revista Encadenados.

EN EL CALOR DE LA NOCHE (1967). También en 1967 el canadiense Norman Jewison, con una realización impecable, dirige de nuevo al gran Poitier en un policial sureño que aborda de pleno –otra vez- el tema del racismo; conseguiría el Oscar al mejor filme.

Con un emocionante e intenso guion de Stirling Silliphant, Jewison construye un thriller donde el protagonista es un policía negro del departamento de homicidios de Filadelfia.

Virgil Tibbs (Sidney Poitier), llega en tren a un pueblo de Misisipi ficticio llamado Sparta, en un caluroso mes de septiembre de 1966. Su intención es enlazar con el tren de Memphis (Tennessee), donde reside su madre. Durante la espera es detenido por el policía Sam Wood (Warren Oates) como sospechoso del asesinato de un industrial del Norte.

Interrogado por el sheriff Bill Gillespie (Rod Steiger), es dejado en libertad posteriormente. Tibbs y Gillespie inician una singular colaboración para resolver el caso del asesinato. Gillespie es rudo, racista y violento. Tibbs es un policía moderno, experto, profesional, riguroso y sagaz.

Además de película de crímenes y policías, el filme es un drama criminal que fue multipremiado con cinco Oscar y tres Globos de Oro, entre otros, a un Poitier inconmensurable en su rol, y un Rod Steiger que se sale como feroz y prejuicioso policía del pueblo.

La estupenda banda sonora de Quincy Jones acompaña las escenas de noche con temas jazzísticos que crean un ambiente nocturno sugerente. Añade cuatro canciones propias, entre ellas In the Heat of the Night, que canta Ray Charles y fragmentos hipnóticos de piano a cargo del propio Charles, como el corte Mama Caleba’s Blues.

Magnífica fotografía de Haskell Wexler con unos planos innovadores, compone secuencias nocturnas de ambiente ardiente y sensual.

A ello se le une la ambientación tensa del relato recogida en imágenes precisas de enorme fuerza. Puesta en escena perfecta que refleja la sordidez de esos pueblos americanos, donde unos pocos que ostentan el poder de la ley, se imponen a una mayoría de gente atemorizada.

El filme refleja la etapa histórica que vivió el país en las postrimerías del llamado Movimiento por los Derechos Civiles (1955-1968).

Intriga bien dosificada. Insinuaciones sexuales en la mujer que se desnuda tras la ventana en una “calurosa noche”. Diálogos de gran nivel y un guion sólido para una película asfixiante.

Más extenso en revista Encadenados.