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Cuando hace 15 años Daniel Craig tomó el relevo para encarnar a James Bond, pocos apostaban a que el actor británico acabaría por empoderarse del personaje. Pero a fe que lo ha conseguido. Tras el reemplazo de su antecesor Pierce Brosnan, Craig aportó una intensidad erótico-emocional y un talante de tipo duro y atlético que quedó fijada en Casino Royale, de Martin Campbell, una de las mejores películas de la larga franquicia, hasta hoy, con dos cintas más, entre otras, de las que paso a hablar.

Aplazado varias veces su estreno en cines, por fin llegó la última (en todos los sentidos) película de Daniel Craig como James Bond, el agente 007, con una trama que continúa en parte la del filme anterior de la saga: Sin tiempo para morir (2021). Y pues estamos con esta rutilante primicia, en esta entrega escribiré igualmente del penúltimo estreno: Spectre (2015), que tiene mucho que ver con la trama de su despedida, tanto con sus amigos como con su nueva (y definitiva) pareja.

Películas que han servido para reencontrar en el siglo XXI al icónico agente de ficción creado por el periodista y novelista británico Ian Fleming, hace ahora 68 años; un agente secreto nacido en la Guerra Fría.

SIN TIEMPO PARA MORIR (2021). Película que atrapa al espectador los 163 minutos de metraje, muy bien llevada por su director el estadounidense Cary Joji Fukunaga. Una trama absorbente, escenas de acción palpitante y un montaje de lujo que imprime un ritmo de vértigo a la historia.

Bond ha abandonado el servicio secreto y disfruta de una vida de relax y naturaleza en la bella Jamaica. Pero la prejubilación y su tranquilidad acaban pronto cuando su amigo de la CIA, Felix Leiter (Jeffrey Wright), aparece de imprevisto para pedirle ayuda. Se trata de una misión para rescatar a un científico secuestrado, una operación arriesgada y difícil, que pone a Bond tras la pista de un misterioso y maléfico villano que se mueve por la venganza de un pasado de orfandad, con piel de reptil y un arma muy peligrosa.

Guion muy bien trabajado, adaptando una historia de Purvis, Wade y Fukunaga. Una trama interesante, intensa, con suspense y unas derivaciones insólitas que sorprenden.

Excelente la música de Hans Zimmer con un bonito y melancólico tema de la cantante y compositora estadounidense Billie Eilish “No time to die”; a todo lo cual acompaña una fotografía de excelencia del reconocido director de fotografía sueco Linus Sandgren.

Es una obra humaniza al Bond tradicional y subraya su vulnerabilidad. Convierte al agente que mata a sueldo de las cloacas del Estado, en un individuo decente al que le endosan incluso una familia. Lo cual es algo insólito en la cinematografía sobre tan glacial y autosuficiente personaje.

Ahora Bond, este Bond humano, ha de luchar contra sí mismo en vez de meramente contra Spectre o contra el Dr. No. Así, la película de Fukunaga cierra con cierta profundidad el atrabiliario ciclo protagonizado en las últimas décadas por Daniel Craig, con una aventura tan espectacular como trágica; un canto del cisne, podría decirse, del personaje-Craig.

Además, coloca a la saga en un nuevo espacio que conjuga melodrama, comedia y siempre la acción, sin que esta última ceda terreno excesivamente. Un Bond con sus emociones, sus filias y sus temores, sus dudas y certezas.

Prólogo insólitamente largo con Bond (Daniel Craig) en un pueblo italiano, junto a la oscura y reservada Madelaine (Léa Seydoux), ambos celebrando la jubilación de James: amar y olvidar.

Un buen rato de amor hasta que el número comienza a tope, bomba de por medio en el cementerio donde descansa su amada Vesper Lynd, persecuciones en coches y motos por las estrechas calles del pueblo de Matera, disparos a gogó y voltaje máximo.

Pero Bond consigue sortear el plan de la organización Spectra a manos de un sicario (Dali Benssalah) preparado para matarle, que, empero, consigue convencerlo de que el único amor de su vida, Madeleine, es miembro de la organización terrorista. La conclusión es que la joven acaba siendo obligada a tomar sin remisión un tren con destino a ninguna parte, repudiada supuestamente por traidora.

Luego, la canción de Eilish, de nuevo salto atrás, al pasado, para recuperar la infancia de Madeleine, la presentación de Rami Malek como el nuevo villano Lyutsifer Safin de tremenda maldad; calamidad rusa, encarnada por un solvente David Dencik; y el comienzo de un rosario de sucesos intensos y extensos pero entretenidos.

Entre otras, imágenes intensas en una Cuba donde es protagonista una atractiva, delirante y divertida Ana de Armas (escote imposible, el liguero y el tacón de aguja); persecución motorizada en las brumas nórdicas; o la caracterización rebelde y de peliaguda de Lashana Lynch (Nomi) que sugiere la continuidad de 007 en mujer afrobritánica.

Peli como para que no se olviden sus imágenes y secuencias. También hay humor para que se pueda digerir mejor tanta faena de golpes y disparos, tanto lagrimeo y tantos caídos en combate. Atenta siempre la cinta a un héroe cincuentón que acabará acariciando el muñeco de su hija como extremo consuelo a tanto despropósito en su vida. La cosa concluirá esquema convencional en que Craig se plantea formar una familia.

En el reparto un Craig más suelto que nunca que ya no es el actor de mero gesto torvo, haciendo gala de amplio repertorio actoral; Malek estupendo como el malísimo y peor de los villanos Bond. Amantísima y monísima la Seydoux. La Lynch genial en su rol de nueva 007. Habría dado para más Ralph Fiennes como jefazo supremo, pero le faltaron ganas y papel. Estupenda Naomie Harris. Ana de Armas sensual y a la que le habrían tenido que dar más protagonismo. Christoph Waltz tremendo como Ernst Stavro Blofeld, el todopoderoso que maneja los hilos de Spectra. O Jeffrey Wright, el amigo de la CIA más liante que nunca, entre otros actores, todos muy bien.

La dicotomía entre el Bond salvador de la humanidad y el Bond familiar queriente, sentiente y que se aferra a modo de objeto tranquilizador del peluche de su pequeña hija, empieza con un protagonista meloso, pasa a hombre osado y respondón ante las agresiones, de ahí a la introspección y cierto abatimiento, y finalmente, un imbricado final donde Bond se inmola plan redentor.

Más extenso en la revista Encadenados.

SPECTRE (2015). Película absorbente en la cual James Bond acomete una misión secreta en México D.F. A continuación, recala en Roma, donde conoce a Lucía Sciarra, viuda de un criminal aborrecible. En ese ir y venir, Bond logra meterse en una importante reunión secreta, y descubre una siniestra organización conocida como SPECTRE. Mientras, el nuevo Director de la Seguridad Nacional cuestiona las acciones de Bond.

Bond recluta a Moneypenny y a Q, un joven informático, para que le ayuden a buscar a Madeleine Swann, hija de su antiguo enemigo el Sr. White, quien tiene la clave para descubrir el misterio de SPECTRE.

Nuestro agente encontrará a Madeleine, de la cual se enamora; y además descubrirá la conmovedora vinculación suya con el enemigo que lo quiere aniquilar, el malvado del filme. Un Bond duro perseguido por imprecisos traumas infantiles.

El director Sam Mendes realiza y construye una excelente película-Bond con esta su segunda entrega con Craig como protagonista. Spectre mantiene al espectador atento a la pantalla con su vertiginoso ritmo; está bien dosificada en lo que toca a efectos especiales, carreras automovilísticas y peleas. Mendes supo hacer con este 007, una película que superó el listón de otras anteriores.

Curioso guion donde los personajes son obviamente tomados de la obra Ian Lancaster Fleming (1908-1964). «Los muertos están vivos», así comienza el filme, un enigmático título que viene a dar cierto tono dramático a la historia.

Música envolvente y dinámica de Thomas Newman. Excelente fotografía de Hoyte van Hoytema, junto a una gran puesta en escena, vestuario y exteriores, constituidos por una montaña rusa donde se suceden los paisajes naturales y urbanos de México, Roma, las montañas nevadas de los Alpes, el desierto o Londres.

El reparto es de lujo, con un Daniel Craig que ya era sin duda el Bond del siglo XXI, serio y duro, atávico, pero con picardía, y metido en su rol. Christph Waltz es un malo sádico y siniestro. Léa Seydoux encantadora y su aportación a la obra importante. Ralph Fiennes es todo un lujo como consagrado actor que está muy bien. Monica Bellucci, mujer madura, muy sensual, que sabe dejar caer una lágrima en el momento más oportuno.

La película se inicia con una portentosa escena en México D.F. de siete minutos de duración en el Día de Difuntos, tan celebrado en el país azteca. Este prólogo está cargado de tensión y adrenalina, ya la escena culmina en la demolición de todo un edificio y un helicóptero errático sobrevolando locamente la gran plaza central atestada de gente. Sin olvidar los títulos de crédito, con la melancólica “Writing´s on the walls” a cargo de Sam Smith.

Le sigue una escena de auténticos villanos en la que Bond es descubierto y cuya huida tampoco tiene desperdicio. Peleas de Bond con tipos poco menos que invencibles e indestructibles. Diáfana carrera de coches por las calles de Roma filmada y montada con gran precisión. Persecución sensacional de 007 en una avioneta tras unos 4×4 que han raptado a la chica. Y las perversas torturas del malísimo Waltz.

Pues bien, esta película resignifica en cierto modo la valoración del personaje, convirtiendo este Bond-Craig-Mendes en una cinta ante la que hay que quitarse el sombrero: 007 al servicio de su Majestad el Cine. O como apunta Llopart: Cuando personalmente ya nada exaltante se espera de una franquicia como James Bond llega Spectre. Y el propio 007 con licencia para matar cobra de nuevo vida hasta resultar divertido”. Diría yo que algo más sorprendente e incluso mucho más inesperado: resulta interesante.

Asunto diferente es la afición que cada cual tenga por este tipo de cine. Pero la verdad es que Spectre engancha las casi dos horas y media que dura, haciendo olvidar al espectador de algunos problemas, penurias y calamidades, lo que incluye nuestra patética clase política. Ese logro de la cinta es mucho.

Más extenso en la revista Encadenados.