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Cuenta la historia que Fernando VII estableció una escuela taurina en el actual mercado de la Puerta de la Carne en Sevilla, allá por el año 1.830. Fueron los Reyes Católicos los que impulsaron la construcción de un gran matadero junto al arroyo Tagarete cercano al arrabal de San Bernardo. En esos corrales del matadero se entrenaban los toreros y según parece, en la finca de Zahariche donde pasta la ganadería de Miura, se conserva un cuadro que da fe de que el adarve y las almenas de la muralla de la ciudad servían de improvisados tendidos para los espectadores. Allí se estableció la Real Escuela de Tauromaquia oficializando lo que se había convertido como costumbre que no era otra que formar a los futuros toreros. Fernando VII ordenó el nombramiento de los profesores encargados de dirigir la escuela recayendo en El Sombrerero y Jerónimo José Cándido, pero el rondeño Pedro Romero reclamó para él ese liderazgo, y a pesar de su ancianidad se convirtió en el primer maestro de esta escuela que tuvo poco recorrido, ya que con la muerte del rey en 1833 se perdió el mecenas y promotor de este bonito y novedoso proyecto.

Ayer revivimos un matadero de los de antes. Menos de dos horas de corrida para ver a Morante de la Puebla despenar seis toros en un tiempo record teniendo en consideración lo que se demoran los festejos en El Puerto. Tal es así, que en todas y cada una de sus faenas de muleta salió con el estoque de verdad. Ni una verónica, ni un natural, ni un trincherazo. Inédito. Ayer Morante estuvo apático toda la tarde. Y aunque bien es cierto que la corrida de Prieto de la Cal debió ir directamente al matadero de la Puerta de la Carne, un torero de la categoría y el nombre de Morante, debe mostrar un poco más de ganas y predisposición, y no defraudar a tantos aficionados que aguardaban con ilusión la encerrona de ayer. Flaco favor se le hace a la fiesta con estos deplorables espectáculos, con las entradas a cien euros, y la reventa por las nubes.

Si leyeron mi crónica de la corrida del viernes, la misma se titulaba “en silencio, señor peluquero, en silencio”, parece que fue premonitoria, porque ayer el silencio se apoderó del coso portuense. No dio lugar a que la banda de música interpretara ni un solo pasodoble. Y tampoco tuvieron oportunidad los espontáneos a sueldo del fandango que se dieron cita en los tendidos de la bella plaza de toros de El Puerto. Los únicos que trabajaron a destajo fueron los matarifes del desolladero haciendo sonar la máquina que despellejaba a los de Prieto de la Cal, ante el silente y resignado público portuense.

Cuando eres capaz de movilizar a la España taurina y no pones toda la carne en el asador, haces dudar a la afición sobre el sentido de tanta parafernalia. Estará muy bien que se haga el encargo de un cartel exprofeso a una renombrada diseñadora, que llegues a la plaza en un coche de caballos, con el botijo y el esportón en el techo rememorando estampas costumbristas dignas de ser plasmadas en un lienzo. O que sueltes un gallo de pelea en el ruedo con una bandera de España. Pero si te dejas las ganas, el orgullo y la dignidad en el hotel, todo lo demás no tiene sentido. Esta puesta en escena estaría acorde para el rodaje de una película taurina de las que ya no se hacen, pero lo de ayer, fue una “berlangada”. Porque el aficionado que se dejó su dinero en la reventa, en los bares y restaurantes, en definitiva, en venir a verte, no se merecen esto. ¿Es que no te valió ni al anovillado sobrero? Y aunque bien es cierto que los de Prieto de la Cal no dieron opciones, ¿qué sentido tiene machacarlos en el caballo?

Dicen que las comparaciones son odiosas. Ya no se estila esa fea costumbre de despedir a los toreros entre almohadillas ante una mala tarde. Pero ayer Morante estuvo en el rol de Curro Romero. En esas tardes de broncas en Madrid teniendo que ser escoltado por los maderos. En esas escenas de desencanto y enfado. En esa corrida en la que el Faraón salió detenido por los grises al negarse a matar a un toro. Ayer muchos aficionados gritaron para sus adentros: “¡Morante, el año que viene va a venir a verte tu madre… y yo!”

FICHA DE LA CORRIDA

Toros de Prieto de la Cal. Bien presentados y descastados. El quinto fue devuelto al corral siendo sustituido por un sobrero anovillado de Parladé que fue protestado de salida. No hay billetes en el aforo permitido.

MORANTE DE LA PUEBLA: Media atravesada (silencio); pinchazo y estocada tendida (silencio); pinchazo y estocada tendida y desprendida (silencio); pinchazo y estocada delantera (algunos pitos); pinchazo y pinchazo hondo echándose el toro (silencio); pinchazo y estocada trasera y contraria (silencio)

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