Mar Vázquez.- El Martes Santo en El Puerto siempre tuvo dos caras, una silenciosa y rigurosa que va enlazada a la Hermandad del Dolor y Sacrificio con sus filas interminables de nazarenos y penitencia, y otra alegre y risueña como es la Hermandad de la Misericordia con la juventud siempre presente. Una diversidad que aporta una riqueza extraordinaria no solo a nivel cofrade, que eso es obvio, sino además es un atractivo más al turista que viene a la ciudad buscando algo más que playas de arena fina.

Pero las Hermandades del Martes Santo son, además, dos grandes conocidas en nuestra ciudad por su labor social durante años, lo cual la pandemia solo ha venido a intensificar un trabajo que ya se venía realizando desde hace mucho tiempo atrás.

Como ejemplo la Hermandad del Dolor y Sacrificio, la cual ha venido participando con el colectivo de Capataces y Costaleros en las diferentes recogidas que han efectuado en la ciudad, han destinado todo lo recaudado con su papeleta de sitio solidaria a dicha área de la Hermandad. Además, hoy Martes Santo, día especial y en el que han recibido la visita de numerosos portuenses en su altar extraordinario, han realizado una colecta de productos especiales para niños. Aún así, habría que destacar que el presupuesto anual de dicha entidad destina un 30% del mismo a la labor social que va trabajándose durante todo el año. Pero lo mejor es que desde su nueva Junta de Gobierno el deseo más extendido sea el de potenciar dicha labor en estos tiempos tan convulsos.



Otra Bolsa de Caridad importante en la ciudad y que no ha desfallecido durante los últimos años, y obviamente se ha visto potenciada de forma mayúscula durante la pandemia, es la perteneciente a la Hermandad de la Misericordia. Desde la búsqueda de sillas de ruedas para personas necesitadas y que no pueden costearse ellas mismas, hasta la colaboración y ayuda con niños autistas a través de la Asociación Santa María donde lo mismo realizan actividades los viernes en su Casa de Hermandad como llevan a cabo pequeñas excursiones. Así mismo, colaboran con todos los conventos y órdenes de la ciudad, especialmente con Cáritas parroquial, como también participan en el contenedor de las Hijas de la Caridad en Madagascar, pasando por su proyecto de donación de órganos llamado Piedad de Vida, realizan recogidas de mantas, ropa, juguetes y material escolar y por último colaboran con Cruz Roja en la donaciones de sangre. Pero por si esto fuese poco colaboran con aportaciones y voluntarios en los comedores sociales de la ciudad. Y como si de una guinda de un pastel se tratase, hoy Martes Santo destinan su papeleta de sitio a fines solidarios. Y seguro que hay más actividades que se me escapan.

Pero aunque todas las labores que se han descrito sean de suma importancia, y en los tiempos que corren más aún, hay una que vale por todas ellas y es que cuando cualquier persona cruza las puertas de las Casas de Hermandad de cualquiera de las dos cofradías que hoy procesionarían por las calles de nuestra ciudad, sea quien sea, de la condición que sea, son bienvenidas.

Sería imposible enumerar una lista de cuantas personas han llegado a las hermandades de nuestra ciudad con ciertos problemas para establecer relaciones humanas, donde mantener una conversación ha supuesto un verdadero drama interior, solo por el hecho de sentirse diferente a cuantas personas hayan rodeado a un ser humano a lo largo de su vida. Pero lo cierto es que en las hermandades de nuestra ciudad las puertas están abiertas de par en par y todos aquellos que han tenido problemas de este tipo han encontrado en esas familias cofrades un auténtico auxilio.

Y quien dice problemas para sociabilizarse también dice problemas para liberarse de una cárcel en la que en ocasiones han vivido personas homosexuales. Las Hermandades portuenses no cierran las puertas a nadie por esa razón, solo son reflejo de la sociedad actual pero siempre bajo los valores cristianos que se desprenden de un hombre que creemos que es Hijo de Dios, Jesucristo, y este se sentó con todo tipo de personas.

Y ahora hablen de lo que dicen los políticos e incluso algunos miembros de la Iglesia, pero a las Hermandades de esta ciudad no les tachen de homófobas porque sería un error bastante alejado de la realidad.     

Y ahí, una vez más, reside la riqueza de este tipo de instituciones, en la diversidad de nuestros hermanos, con diferentes problemas cada uno en sus hogares, con sus trabajos, con diferentes sentimientos, con maneras de ser totalmente dispares en ocasiones y a pesar de todo,  todos somos uno, porque la diversidad nos une cuando hablamos de fe.