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Si ayer recordábamos al personaje de “Uno de los nuestros”, pero, ojo, se trataba de un símil con el chivato que usted y yo somos porque no queremos que esto se vaya a tomar por saco por unos desaprensivos y porque nos preocupa la salud de los nuestros, hoy vamos a recurrir a otro título: “La vida de los otros”. Y es que el cine debería ser ya una asignatura oficial en las escuelas porque en sus películas está la lección de la vida, el por qué del sentido de la existencia del ser humano con su trasfondo y su moraleja. Pura metáfora.

La belleza de esta sensacional cinta alemana reside en que confía en el público para captar los pequeños cambios y motivaciones en los personajes, incluso si, aparentemente, son inexplicables. En el fondo bien es sabido que quien investiga en busca de algún tipo de relación sobre algún tema concreto acaba encontrándolo. Lo que empieza siendo la historia de un espía de la antigua RDA que se encarga de vigilar la vida de los otros, incluso descuidando, o quizás evitando, vivir la suya propia, termina por ser un drama acerca de la soledad del individuo, de aquel que estructura su existencia alrededor de una idea y el desasosiego que resulta al contemplar como las anteriores y válidas convicciones se hacen añicos, como todo se desmorona.

No perdamos el control si al intentar averiguar los verdaderos sentimientos que se esconden tras las máscaras de la gente de cara al público encontramos quienes son realmente. Sosiego, calma, no perdamos la cabeza, vamos salir de ésta entre todos a sabiendas del drama humano que supone ahondar en la capacidad de tu paisano, familiar o amigo para hacer siempre lo correcto. Ni queremos la obsesión por el control absoluto en los detalles más nimios, ni la imprudencia de saltarse las normas que nos lleven al precipicio cuando lo estábamos haciendo bien hasta la entrada en esta fase de la desescalada. En realidad hasta la propia existencia se escurre entre las manos.

Nosotros, ustedes, que juntos podemos provocar que los buenos delaten, pero también que los malos encuentren la redención.

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