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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Con motivo del 80 aniversario del final de la Guerra Civil española (1939-2019), quiero comentar algunas películas sobre esta lamentable página de nuestra Historia. Son películas, salvo la última, antiguas. Muestras de nuestro cine de antes y después de la dictadura. Cada una tiene su enfoque ideológico, su perspectiva y por lo tanto son mayormente tendenciosas. Pero tienen su valor de época. A la juventud le vendrá bien tener información sobre este triste capítulo pasado, desde esas diferentes trazas.

Además, tengamos en cuenta que según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, sólo el 8% de la población española actual vivió durante la guerra; en Andalucía alrededor del 5%. Pocos supervivientes ya de aquella época terrible. Voy a comentar cuatro películas, aunque una ya ha sido publicada.

La primera es El santuario no se rinde (1949); sigo con Tierra de todos (1962); continúo con La vaquilla (1985), ésta de la era post-Franco; y quiero recordar una cuarta cinta reciente y meritoria de Amenábar, Mientras dure la guerra (2019), que pueden revisar en una entrega anterior de esta sección, lo cual reseño al final de estas líneas.

80º aniversario del final de la Guerra Civil

He seleccionado estas cuatro películas por los mensajes diversos que comunican. Las dos primeras, de la era-Franco, tienen un tono apaciguador por parte del régimen, sobre todo si se las compara con filmes como “Sin novedad en el Alcázar” (1940) u otras más en sintonía el ‘triunfalismo y los denominados “vencedores”. En estas dos películas, la propaganda de la dictadura perseguía trasmitir cierto tono conciliador, para ir normalizando la profunda brecha que se había producido en el país tras la guerra. La tercera, ya del año 1985, es una sátira sobre la guerra; hacía diez años que había muerto Franco, era ya otra cosa. La cuarta es un film acertado de Amenábar, sobre los comienzos de la guerra en Salamanca.

‘El Santuario no se rinde’ (1949).

EL SANTUARIO NO SE RINDE (1949). Esta cinta se desarrolla en plena reyerta fratricida. En pleno avance de las líneas republicanas, Luis de Aracil, notario y republicano tirando a comunista, conduce a la joven Marisa, una rica del pueblo que luego será el amor de su vida, hasta el Santuario de la Virgen de la Cabeza en Jaén. El lugar es defendido por partidarios del alzamiento nacional, y Aracil cree que la muchacha estará más segura en ese lugar. La dramática experiencia en el Santuario cambiará para siempre el curso de la vida de ambas personas, y de muchas más. Película basada en acontecimientos reales, cuando un centenar de Guardias Civiles y cincuenta paisanos, defendieron junto a sus familias, cerca de mil quinientas personas, durante ocho meses, el conocido Santuario jienense.

Frente a ellos, una fuerza republicana muy superior con más de dos mil milicianos, ayuda aérea, artillería y carros de combate, que acabaron tomando el Santuario cuando sus moradores ya no pudieron resistir más. El director Arturo Ruiz Castillo hace lo que puede con escasos medios técnicos. Un cine anticuado, un guion patriotero basado en una historia de José María Amado, con diálogos que hoy resultan amanerados y la silueta de unos héroes sin tacha (los nacionales) que dieron hasta su última gota de sangre por la patria.

La música carece de intensidad y es deficiente la fotografía (B&N) de Juan Mariné. Puesta en escena mediocre y unas batallas poco creíbles. Quizá lo mejor del film sean el mensaje pacificador que propugna y el cuadro actoral, con un excelente Alfredo Mayo, estupenda Beatriz de Añara y muy bien Tomás Blanco. El principal mensaje para el régimen era mostrar cómo un republicano, se reconvierte y se coloca a las órdenes de la Guardia Civil franquista, dando su palabra de honor de estar al lado de los defensores del Santuario hasta el final. Es, cosas de la vida, una “reconversión por amor”, como decía Freud. O sea, el protagonista, un republicano, se entrega a la causa nacional por cosas del corazón.

 

‘Tierra de todos’ (1962).

TIERRA DE TODOS (1962). Este film es ya más moderno, de 1962, pero para la época resultaba anacrónico. Dos hombres de las dos Españas (“que han de helarte el corazón”, como escribiera Antonio Machado), son los protagonistas. Se han conocido en el fragor de la batalla y se odian, cada cual por sus ideas, con ese instinto cainita tan propio de la época y de nuestro país. Pero debido a las circunstancias de la narración, tienen que compartir un mismo techo, lo que les lleva a conocerse, darse cuenta de que las cosas no son como creían, a pensar de otra manera e incluso a contemporizar. Además, en la familia que los acoge se produce una situación dramática: una de las mujeres que allí viven pasa por un embarazo difícil, lo cual que hay que ir al pueblo para que el médico ayude a la parturienta; para eso hay que jugarse la vida.

Esta película está conducida por Antonio Isasi-Isasmendi que construye un film realista y con mejores recursos económicos y técnicos que el anterior. El guion está bien escrito por Jorge Feliu y José María Font. Adecuada la música de Juan Durán Alemany y una excelente fotografía en blanco y negro de Francisco Marín. Los escenarios, el vestuario y los efectos de la guerra están bien conseguidos. El reparto es bueno, con repertorio creible con Manuel Galardo y Fernando Cebrián, sin olvidar otros actores como Montserrat Julió, Amparo Baró o Elena María Tejeiro. Es evidente que al régimen le sirve esta película para poner en valor el hecho, similar al film que comenté antes, de cómo un republicano es capaz de arriesgarse para salvar una situación complicada en el bando nacional, amén de la sólida amistad que se fragua entre los dos contendientes, inicialmente personajes encontrados. Era el afán de hermanar a las dos Españas.

 

‘La vaquilla’ (1985).

LA VAQUILLA (1985). La vaquilla es ya una película sobre el tema con Franco muerto diez años atrás. En la cinta, un grupo de soldados de uno y otro bando se limitan a escribir cartas a las novias o a dormitar. Mas este sopor se rompe cuando desde altavoces de la Zona Nacional se anuncia que con motivo de la Virgen de Agosto, en un pueblo próximo se va a celebrar una corrida con una vaquilla.

Enterados los combatientes de la Zona Republicana, cinco de ellos deciden robar la vaquilla para fastidiarle la fiesta al enemigo y de paso conseguir el alimento que tanto necesitan. Luis García Berlanga hace una obra humorística, o lo pretende con desigual fortuna, con un guion de Rafael Azcona y el propio Berlanga que se exceden con la humorada y el chiste fácil. Tiene una música respetable de Miguel Asins Arbó y buena fotografía de Carlos Suárez.

Lo más llamativo es un reparto plagado de cómicos de tres generaciones que consiguen construir un excelente trabajo coral. Actores y actrices tan conocidos como Alfredo Landa, Guillermo Montesinos, Santiago Ramos, José Sacristán, Canales Velat, Agustín González, María Luisa Ponte, Juanjo Puigcorbé, Luis Ciges, Adolfo Marsillac y otros, todos geniales. Todo el metraje tiene un tono fresco y ligero, desenfadado, yo diría que catártico. Incluso puede llegar a hacer pasar vergüenza a más de uno de los que participaron en aquel fatal enfrentamiento a los que da en la cabeza con un humor satírico.

Tampoco deja incólume a la España de aquellos ochenta, que se creía muy moderna y que sin embargo aún no había dejado atrás sus mañas pueblerinas, propiamente de esos pueblos de donde todos habíamos partido. Tiene escenas que dejan caer un trasfondo dramático, pero Berlanga tan sólo nos lo enseña en un par de frases de Alfredo Landa y en el metafórico plano que cierra la obra. De manera que la película acabará con una sonrisa en la cara, lo cual puede incluir una carcajada en los más agradecidos. Puede que también te deje un rato reflexivo, pensando.

Y para finalizar esta columna, quiero recordar la película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra (2019), una obra ecuánime, ponderada y próxima a lo veraz sobre los comienzos de nuestra guerra. Ya comenté esta cinta en una entrega que titulé: Unamuno se asoma a la pantalla. Puedes leer mis comentarios aquí.

Conclusión

Lo que he comentado es parte de nuestro cine y como tal merece ser tenido en cuenta. Más allá de las cuestiones ideológicas, quedan estos testimonios, alguno basado en hechos reales. Películas manipuladas por el régimen o por los contemporáneos, en aras a sus propios intereses; pero en todos los casos son cintas con un tinte apaciguador, la de Berlanga, mordaz y la de Amenábar ajustada. Para cerrar quiero decir que las películas que he visto sobre la guerra española, la mayoría me han parecido mediocres o directamente malas de solemnidad, y sectarias. Aunque hay excepciones como Amenábar y un clásico del eminente intelectual francés Malraux, que me llamó la atención hace unos años. Pero esta última la dejo para una próxima entrega.

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