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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Pocos intelectuales en España alcanzan el excelso nivel de Unamuno, considerado uno de nuestros más elevados pensadores de siempre. Filósofo, novelista o poeta, fue Unamuno un puntal de saber que rigió los destinos de la Universidad de Salamanca, dejando en la capital castellana su impronta, como en épocas pasadas ocurriera con Fray Luís de León. Fue también Unamuno un hombre ególatra, que se sabía grande, pero que era igualmente dubitativo e interiormente sufriente con ese su sentido trágico de la vida.

Unamuno se asoma a la pantalla

En mi entrega de esta semana quiero dejar la figura de Don Miguel en dos películas de las muy buenas. Una es actual, Mientras dure la guerra (2019), que narra los acontecimientos tras la entrada de un Franco triunfal en Salamanca, siempre con el hilo vertebrador de Unamuno que recién era restaurado de nuevo en el Rectorado de la Universidad por el nuevo orden. La segunda película es una de las obras más importantes del cine español; incluso el gran director aragonés Luís Buñuel llegó a decir que “era la mejor película española que había visto nunca”. Se trata de La tía Tula (1964), una acertadísima adaptación a la pantalla de la celebérrima novela homónima de Unamuno, una de las mejores novelas en castellano del pasado siglo, publicada en 1921.

 

MIENTRAS DURE LA GUERRA (2019).

MIENTRAS DURE LA GUERRA (2019). Amenábar coloca la cámara en Don Miguel de Unamuno, Rector en Salamanca y figura cumbre de nuestra intelectualidad. Unamuno enarbolando la razón, ‘doliéndole’ la cruel España republicana y apostando por los sublevados, a los cuales suponía pacificadores. Pero los insurrectos resultaron ser igual de inicuos y criminales. Por eso, Unamuno se revolvió también contra Franco. La película muestra la difícil situación de un pensador libre que se encontró entre dos vendavales: el bolchevismo de la República y el fascismo que vino a suplantarla.

La dirección de Alejandro Amenábar es meritoria, narrador excelente, buen guión y maravilla de fotografía junto a una puesta en escena con la bella Salamanca de fondo.

El reparto tiene tres pilares principales. Un apasionado Karra Elejalde que recrea la complejidad y la vehemencia de Unamuno. Santi Priego nos ofrece a un Franco astuto y ambicioso. Y Eduard Fernández es Millán-Astray, un sujeto colérico y peligroso. Y un episodio: el 12 de octubre de 1936, Día de la Raza, en el paraninfo de la Universidad salmantina. Millán-Astray grita su: ¡”Viva la muerte”! Y Unamuno, tomando la palabra increpa: “¡Venceréis porque tenéis la fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer tendríais que persuadir, y para persuadir no tenéis lo que hace falta: la razón y el derecho”.

La intelectualidad frente a la brutalidad. Unamuno es salvado ‘in extremis’ por la esposa de Franco. Sin grandilocuencia ni maniqueísmo, esta historia trágica está contada sobriamente, pero arriesgando con el mensaje implícito bastante aventurado, de que siempre hay la posibilidad de que las hostilidades de entonces se reediten en la España actual.

 

LA TÍA TULA (1964).

LA TÍA TULA (1964). A la muerte de su joven hermana, Tula acoge en su casa a su viudo cuñado Ramiro y los dos hijos pequeños habidos en su matrimonio. Tula es una mujer devota y de firmes convicciones. Ramiro siente una fuerte atracción por ella. Pero Tula, “por respeto a sí misma y por respeto a su difunta hermana”, se niega a las proposiciones de Ramiro. Lo que más anhela es dedicarse a la crianza de los pequeños. Hay en el clima de la historia la presencia de un erotismo sutil y larvado.

Adaptación de la novela homónima de Miguel de Unamuno, la dirección de esta obra corre a cargo de un enorme Miguel Picazo, un cineasta desde entonces de culto. Esta película tuvo un extraordinario éxito en el Festival de cine de San Sebastián en 1964, donde fue premiada como mejor película.

En el reparto destaca una inusualmente mesurada Aurora Bautista, que logra con esta película el papel de su vida. Picazo consigue de la venerada diva un registro dramático contenido pero intenso, un trabajo memorable. Está muy bien en su rol de viudo joven y ardiente el actor argentino Carlos Estrada. Enriqueta Caballeira muy bien y considerada como mejor actriz de reparto. Acompañan Irene Gutiérrez Caba, Laly Soldevilla y Lola Gaos, todas magistrales.

Esta película es un auténtico retrato psicológico y social de una época en que el puritanismo y la hipocresía obligaban a las mujeres a vivir inmersas en intensas contradicciones interiores, con el pecado y la culpa omnipresentes. Es una película que no deja indiferente. Una obra en la cual Unamuno repunta en cada fotograma y en cada episodio de la trama.

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