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En este mundo donde el dinero y el capitalismo silvestre campan a sus anchas, hay fábulas de diferente tonalidad al respecto. Las que previenen de los ambiciosos, y las que hacen un cántico a la filantropía y el altruismo. Hablaré en las líneas que siguen de dos historias interesantes, una con la avaricia como protagonista y la otra presidida por la generosidad.

Fábulas sociales opuestas

Ha habido últimamente dos estrenos cinematográficos meritorios. El primero lleva por título El cuento de las comadrejas (2019), que es una severa crítica a la especulación, el capitalismo salvaje y ese capítulo tan actual y terrible que es el ansia de algunos por aprovecharse de los ancianos. La segunda obra, de título La caída del imperio americano (2018), es muy aleccionadora, con bonitas enseñanzas y crítica social, pero valores positivos y liberalidad a raudales.

 

EL CUENTO DE LAS COMADREJAS (2019).

EL CUENTO DE LAS COMADREJAS (2019). Una estrella mayor decadente de cine convive junto a su esposo, un actor de poco lustre, y dos amigos de antaño también mayores. Todos harán lo posible por conservar una vieja casa ante la amenaza de la especulación inmobiliaria. Dirigida por el director argentino Juan José Campanella, esta comedia dramática ‘negra’ aborda una gran cantidad de aspectos de la vida, y lo hace con acierto y un humor mordaz y ocurrente.

Diálogos inteligentes atizando a diestro y siniestro, un vapuleo dirigido a la ambición sin escrúpulos y al mercantilismo salvaje que mata y destruye el amor. Uno de los valores de esta cinta es su excelente reparto, con figuras argentinas de la pantalla y de la escena como la gran dama Graciela Borges, acompañada de otros tres grandes, Oscar Martínez, Luis Brandoni y Marcos Mundstock, todos ellos con interpretaciones brillantes. Acompañando muy bien como porteños estafadores, la española Clara Lago y Nicolás Francella.

Mirando el film en tono alegórico, Campanella explica el choque entre lo viejo y lo nuevo, entre una visión del mundo romántica en declive ‘versus’ la deshumanización y la pérdida de valores. Además, aborda con gran exactitud el tema del abuso a los mayores. Pero finalmente, los personajes de la historia unen sus fuerzas y su talento, para evitar que se aprovechen de ellos. Cierre feliz pues, como reza el dicho: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

 

LA CAIDA DEL IMPERIO AMERICANO (2018).

LA CAIDA DEL IMPERIO AMERICANO (2018). Pierre-Paul es un joven de 36 años, filántropo y filósofo, obligado a trabajar como repartidor. Por cosas del azar, tras asistir a un atraco frustrado, se tropieza y se hace con el botín que yacía en suelo junto a su furgoneta de reparto. La obra tiene una excelente dirección y guión de Denys Arcand y diálogos inteligentes y perspicaces.

Diré que el dinero que llega a manos del protagonista es lo que se denomina en cine un ‘macguffin’, o sea, un pretexto para discurrir sobre lo que le importa: la injusticia y la desigualdad. Arcand arremete prácticamente contra todo bicho viviente, sobre todo contra los gobiernos, la policía, o estamentos como la FIFA y el COI.

En fin, estopa general, una embestida a discreción contra esta sociedad movida por el afán de lucro. Los actores son de los buenos, con Alexander Landry, el protagonista principal como el joven filósofo, pánfilo e idealista. O Maripier Morin, muy bella y acertada. Cinta trepidante, plena de sorpresas y muy divertida, donde se subvierten muchas preconcepciones sociales. Aquí, el ladrón es honrado y los policías de cuidado, el dinero un subterfugio y la ayuda al prójimo una convicción. Muchos ya estamos cansados de ver tanta pobreza desamparada por los ricos, los gobernantes y el poder. Por eso esta obra canadiense es estimulante.

Su director parece haberse dicho: ya que no podemos cambiar lo que hay, aprovechemos las goteras, ataquemos por las grietas y pasémoslo lo mejor que podamos. Película muy aconsejable para restaurar en nuestro castigado imaginario, la convicción de que, en este mundo cruel, hay auténticas ‘buenas personas’.