
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Hay un Almodóvar más fresco e intuitivo y hay otro más complejo y elaborado. Aunque esta clasificación no deja de ser discutible, a mí me parece que el primero es el del siglo XX y el más sofisticado es el del siglo XXI.
Hoy me refiero a este segundo Almodóvar, primera parte, con su estreno: Amarga Navidad (2026); Dolor y Gloria (2018); o Julieta (2016); dejo una II parte de esta y el Almodóvar del siglo XX para otras entregas.
AMARGA NAVIDAD (2026). Depurado guion y dirección de Pedro Almodóvar, tiene múltiples capas y una ingeniosa construcción de capas concéntricas con una fuerte carga melodramática. Supone el regreso a un universo cinematográfico que, a lo largo de docenas de películas, el director ha hecho suyo.
Ocurre es que fusiona dos películas en una. La primera sobre un director de cine que escribe un guion, y la segunda basada en el guion que está escribiendo sobre otro director. Lo cual habla de la relación entre la creación artística perfecta y el caos de la vida que puede resultar en extremo enredad y confuso.
El foco de la obra se centra claramente en el propio Almodóvar, esta vez dividido entre dos personajes secundarios cuyas historias se entrelazan ágilmente en la historia. El primero es el director Raúl (Leonardo Sbaraglia), que lucha por avanzar con un guion, fragmentos del cual aparecen con frecuencia en negrita en la pantalla.
Su amiga y asistente de toda la vida, Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), decide tomarse un descanso para ir a cuidar a una amiga enferma. Fundamental para la trama: Mónica se lleva consigo una copia del nuevo guion de Raúl para leerlo.

El guion de Raúl para «Navidad Amarga» se ambienta en 2004 y presenta una trama compleja. Su protagonista, Elsa (Barbaba Lennie), es la segunda figura afín a Almodóvar: una directora de culto que se ha visto obligada a trabajar en el mundo de la publicidad y sufre ataques de pánico que la obligan a dejar el trabajo. Elsa también padece migrañas. La película en sí conlleva un extenso catálogo de enfermedades y trastornos psicológicos en sus personajes.
El novio y apoyo emocional de Elsa es el cariñoso Bonifacio, o “Beau” (Patrick Criado), bombero y estríper. Como era esperable Beau ofrece un número de striptease en una despedida de soltera, al son de Grace Jones, un guiño al lado más divertido e incorrecto de Almodóvar.
Patricia (Vicky Luengo), amiga de Elsa, tiene sus propios motivos para vivir en un estado de permanente angustia, como la creencia de que su marido le es infiel en París. A Elsa y Patricia se les humedecen los ojos mientras escuchan una ranchera de la fallecida cantante mexicana Chavela Vargas, amiga de Almodóvar y cronista del sufrimiento femenino.

«El final de una historia a veces se impone sin que el escritor lo controle», observa un personaje, en una de las varias observaciones agudas sobre la realización cinematográfica. En efecto, mientras Raúl continúa escribiendo su guion, y mientras la película basada en ese guion se desarrolla ante los ojos del espectador, emerge el tema central de «Amarga Navidad»: la cuestión de qué derecho tiene un artista a saquear la vida emocional de sus seres queridos en nombre de su arte.
Este extremo se explora en un crudo enfrentamiento entre Raúl y Mónica, que disecciona de forma fascinante las limitaciones y fallas de la actitud y el guion de Raúl, que, por otro lado, refleja el ser de Almodóvar.
Valiente y lúcida crítica de Almodóvar hacia su propia obra, marca un giro temático hacia nuevos territorios para él. Pero en el estilo se observa la autocomplacencia de la que Mónica también acusa a Raúl: como afirman los créditos, esta solo puede ser "una película de Almodóvar".
Podemos visionar este capítulo en los cameos de los/las habituales de Almodóvar: Rossy de Palma y Carmen Machi, que aportan un humor sutil al principio. También los interiores impecablemente decorados con ricos colores.

El uso de imágenes exquisitamente concebidas, aunque a veces recargadas, a cargo del director de fotografía Pau Esteve Birba, y los paisajes lunares de la isla de Lanzarote. Es aquí donde Mónica redescubre su propia inspiración creativa en compañía de su amiga Natalia (Milena Smit). La cuidada música de Alberto Iglesias se siente omnipresente.
Muy centrada, como digo, en el universo Almodóvar, los múltiples sufrimientos psicológicos y físicos de los personajes parecen desarrollarse en una burbuja herméticamente cerrada, algunos superfluos para las exigencias dramáticas. Y un enfoque introspectivo que el director consigue que sea interesante.
Esta es una película para cinéfilos, cuya exploración de las emociones no consigue traducirse en una experiencia emocional para el espectador.
Almodóvar ha escrito una de las mejores escenas de su cine, próximo al final, el diálogo entre el director y su secretaria acerca del guion, cómo se cambia, cómo se mezcla con la realidad. Por esa escena merece la pena la película, aunque su juego realidad-ficción-autoficción pueda cansar.
DOLOR Y GLORIA (2019). Película realmente de dolor y gloria con pinceladas claramente autobiográficas de su director. Cinta que gustará al aficionado al buen cine, a la narración perfecta y a una historia intensa, algo diferente a lo habitual del director manchego, más dado al exceso o la batahola.
En la película hay una serie de encuentros y reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine entrado en años y aquejado por diversas enfermedades del cuerpo y del alma. Muchos de estos encuentros son recordados y recreados en diferentes escenas que hacen al conjunto del filme.
Sobre todo, la etapa infantil, su primer shock sexual; el reencuentro con su amor de juventud en el Madrid de “la movida”, la ruptura y la escritura como forma de exorcizar sus fracasos amorosos.
Un Almodóvar de madurez con un excelente guion suyo hilvana con verismo vicisitudes diversas, atrás y adelante en el tiempo, autobiográfico y la angustia de saberse solo, para decirnos que eso es lo que hay tras el muro del éxito.

Solamente un artista de envergadura y con la experiencia que dan los años podría hacer tan dura y desolada confesión en la que se muestra al desnudo, sin manierismo, ni alharaca. De manera sencilla, la más difícil forma de expresarse.
En el reparto un gran trabajo de Antonio Banderas como alter ego del propio Almodóvar. Acompañado de actores y actrices como Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano o Nora Navas.
Estamos ante una de esas películas con un guion elaborado, cromatismo inequívoco con colores y tonos fuertes, ambientación que estimula los sentidos del espectador que vive una historia dentro de un carrusel colorido e incluso de Power Point.
Almodóvar, como el protagonista Salvador, busca el bálsamo a su sufrimiento recurriendo a la evocación de episodios pretéritos y otros más recientes, que tanto curan como escuecen.

De resultas de este ardid, la conclusión es una cinta lúcida y doliente, una obra de madurez que destila cierto aire onírico donde el tiempo se desvanece para reaparecer por un meandro la nostalgia, siempre lastimando, quebrando el relato para retomar al hilo de la historia.
Filme que ronda un poliédrico juego de espejos camino al intrincado mundo de la creación como nódulo en el que confluye el sufrimiento y la redención; al límite de un artista que se inventa en cada película.
Obra de un artista experimentado, Almodovar siente su vida actual, como él ha explicado, como un encadenamiento de privaciones que intenta encontrar en su obra consuelo. Fabular se antoja en su ideario una forma bastarda de modificar o mejorar la realidad.

Nuestro director en la cima crepuscular de su carrera, capaz de convertir un monólogo en diálogo con el espectador. Especie de Almodóvar tumbado en el diván dando cuenta de su legado, compartiendo vivencias, bajones de ánimo y una vida intensa que ahora deviene dolor.
Pero es como si esta película casi perfecta sirviera a modo de balsa de salvación para no colapsar prisionero de sus fantasmas. Además, este ir y venir en el tiempo, este flujo y reflujo de planos temporales están expuestos con genial armonía.
Sustancia testimonial en todo su esplendor, que hace gala de un depurado estilo y una elegancia formal donde traza una vía regia para que lo podamos conocer mejor.
JULIETA (2016). Iba a haberse llamado “Silencio”, pero finalmente se ha titulado Julieta. Las razones las explica el mismo Almodóvar: “Cuando empezamos la preproducción me enteré que Martin Scorsese iba a rodar una película con el mismo título”.
Comienza cuando Julieta de mayor (Emma Suárez) decide trasladarse de Madrid a Lisboa, con su novio Lorenzo (Darío Grandinetti). Pero poco antes del viaje, por una casualidad, se encuentra con Beatriz (adulta) (Michelle Jenner), antigua amiga “íntima” de adolescencia de su hija Antía.
Julieta hace trece años que no sabe nada de su hija, cuando se marchó tras haber cuidado de ella después de su enviudamiento, a una especie de retiro espiritual del cual ya desapareció para hacer su propio camino. Julieta ha vivido desde entonces desolada por la ausencia de su hija.

En el encuentro con Beatriz, ésta le cuenta que pudo hablar con Antía en Italia, en el lago Como, la cual le dijo tener tres hijos, y que se mostró arisca con ella. Julieta, aturdida por la noticia, decide cancelar su viaje, quedarse en Madrid y comenzar a escribir sobre su hija.
La película resulta de una adaptación de los relatos "Destino", "Pronto" y "Silencio", de la Premio Nobel de literatura canadiense Alice Munro, que a su manera componen una novela corta alrededor de la ausencia y el quebranto. El filme es historia de féminas sobre la tragedia, la culpa y la pérdida.
Almodóvar hace una película diferente a otras, pero que sigue el trazo de Los Abrazos rotos (2009) o La piel que habito (2011).
Película laberíntica que se mueve por derroteros que parecen querer romper con el Almodóvar juvenil y fresco, para sumergirse en una panorámica letal y sonámbula sobre el sentido de la pérdida.
Película excesiva, lo cual hace que el espectador se quede un poco atónito ante la falta de razones a tanta desventura como se plantea.
La música Alberto Iglesias es muy buena y ayuda a realzar las imágenes y a transmitir emociones. Esplendente, brillante y virtuosa la fotografía de Jean-Claude Larrieu. Una importante producción y buen montaje de José Salcedo.

Emma Suárez que despliega su repertorio dramático en un nivel de credibilidad máximo. Adriana Ugarte está bien; ambas Julietas (Suárez y Ugarte) nos hacen partícipes del alma apasionada o atormentada de su personaje. Inma Cuesta correcta como amiga fiel-infiel.
Darío Grandinetti correcto. Rossy de Palma rarita con permanente tipo estropajo metálico. Michelle Jenner OK. Daniel Grao cumple. Y excelentes Blanca Parés, Priscilla Delgado, Sara Jiménez, Tomás del Estal y Bimba Bosé; hasta Agustín Almodóvar hace de revisor.
Especie de “barroquismo dramático” en el que ya no cabe más tragedia y penar. Almodóvar quiere encajar el amor de Julieta y todos sus avatares, la muerte del marido, su viudez, la muerte de la madre, la desaparición de su hija, un suicidio, los amores del padre, el anhelante novio Lorenzo, la enfermedad terminal de la escultora ex amante de Xoan, la insinuación lésbica de su hija Antia, etc. Como mucho…
Trabajo profundamente triste, desconsolado. Película importante y al final, cuando un atisbo de luz y confianza asoman, suena la voz de Chabela Vargas a modo de recapitulación.












