
Julia Heras, soprano portuense, en una imagen promocional. / Andy Arche
Julia Heras creció entre La Puntilla, La Calita, el conservatorio y la banda de El Puerto. Después llegaron Francia, la ópera, los escenarios y también una pandemia que la obligó a parar. Hoy, con su carrera de nuevo encauzada, la soprano portuense mira hacia casa: quiere volver a cantar en su ciudad y desarrollar nuevos proyectos junto a artistas locales.
Cuando recuerda su infancia no habla de grandes momentos, sino de cosas muy concretas. La playa con sus padres y su hermano, tocar música en casa, hacerlo también en la banda o compaginar desde pequeña el colegio con el conservatorio. “Tuve una infancia feliz y normal”, resume.
Hay recuerdos que se hicieron incluso más fuertes al vivir lejos. Los pestiños, el albero, el incienso, la Navidad, la Semana Santa o las ferias. Son detalles que, según explica, forman parte de una identidad que no se vive igual cuando uno está fuera.

Julia Heras, durante una sesión fotográfica con una partitura. / Andy Arche
La música estaba presente en casa mucho antes de que Julia pensara en ella como una profesión. Su madre escuchaba clásica, ópera y zarzuela, y ella comenzó estudiando flauta travesera. El punto de inflexión llegó en el colegio Pinar Hondo.
Un grupo de estudiantes del conservatorio acudió al centro para ofrecer un concierto y enseñar los instrumentos que podían estudiarse allí. Julia descubrió entonces que aquella música que escuchaba en casa también se podía aprender de manera profesional. “Yo podía formar parte de ese mundo”, recuerda. Poco después tuvo claro que quería dedicarse a ello.
Su formación acabaría llevándola a Francia, donde completó sus estudios superiores y comenzó a desarrollar también su carrera como cantante. Estar lejos de la familia, adaptarse al idioma y abrirse camino desde cero fueron algunas de las dificultades de aquellos primeros años, aunque recuerda también el apoyo que recibió de profesores y profesionales.
El golpe más duro llegó con la pandemia. Julia dejó de cantar durante un tiempo y necesitó recuperar la confianza. En ese proceso fue especialmente importante la soprano Sabina Puértolas, a quien define como su mentora y una de las personas que la ayudaron a reconectar con el canto y a volver a encauzar su carrera en España.

Julia Heras, en una imagen de estudio durante la preparación de repertorio. / Andy Arche
Lo que no se ve desde el patio de butacas
La imagen de una cantante sobre el escenario apenas cuenta una parte del trabajo. Julia compara la preparación con la de un deportista de élite. Hay que entrenar la voz a diario, estudiar los papeles con mucha antelación, ensayar durante días o semanas y cuidar aspectos tan básicos como el descanso, la hidratación o incluso cuánto se habla antes de una función.
“El público ve una función, o varias, pero no siempre conoce todas las horas de preparación que hay detrás”, señala. Cuando finalmente llega el momento de salir al escenario, todo ese trabajo previo se concentra en unas pocas horas: “te lo juegas todo a una sola carta”.
Entre los personajes que ha interpretado, Tristana es ahora uno de los que siente más cercanos. La define como una mujer contemporánea, contradictoria y muy humana, atrapada en relaciones de dependencia pero también capaz de intentar tomar las riendas de su vida.

Julia Heras, en un retrato de estudio. / Andy Arche
El vínculo con El Puerto sigue estando presente incluso después de tantos años fuera. Julia reconoce que desde que regresó de Francia todavía hay momentos en los que se siente “un poco extranjera”. Por eso valora especialmente los mensajes y el seguimiento que recibe desde su ciudad.
“Sentir ese interés y ese apoyo me llena el alma y el corazón”, asegura.
Le gustaría interpretar aquí de nuevo Tristana, pero también tiene otros proyectos en mente: zarzuela, música iberoamericana, recitales de cámara y propuestas que combinen flauta, voz y piano. Además, plantea la posibilidad de impulsar ópera de cámara o de nueva composición junto a músicos y compositores de la zona.
Julia cree que la ciudad tiene espacios que podrían acoger este tipo de iniciativas más allá de los escenarios habituales.
Después de años de formación y trabajo fuera, volver a cantar en El Puerto no sería para ella una actuación más. Sería, simplemente, volver a casa.











