Actualmente vemos una corriente promovida, como aquella canción, por cierta clase política. Esa corriente, ridícula y eficaz, tiene, como todo en esta vida, sus ciegos adeptos. A pesar de ello, a estas alturas de la vida siguen existiendo objetivos comunes a cualquier ser humano lógico y racional, objetivos naturales que marcan nuestra existencia.

La vida, tal como la conocemos hoy, tiene esas verdades inalterables a través de los siglos que, por mucho que queramos, son y seguirán siendo así. Nadie niega que necesitamos alimentarnos para existir; que necesitamos un techo, refugio o lo que sea donde desarrollar nuestra vida; nadie niega que son las mujeres las que pueden gestar. Ya tenemos claro que la misma capacidad tiene el hombre que la mujer para muchas tareas y que el hombre, por mucho que se empeñe, no puede concebir una vida, igual que las mujeres, aunque quieran, no pueden miccionar siete en un cubo de estrecho diámetro a la vez —un gran logro del hombre para no sentirse inferior, claro está—.



También es innegable que hay personas con capacidades cognitivas, a saber por qué, para desarrollar determinadas habilidades, siendo injusto que alguien con capacidad para ser médico, albañil, ingeniero, poeta, profesor, artista, ebanista, electricista, abogado, cocinero, fontanero o historiador no lo sea por culpa de los medios: unos porque no los tengan y otros porque los tengan y les obliguen a ser aquello para lo que no están capacitados.

También es innegable que la experiencia otorga pericia en lo que se hace y que el esfuerzo y el trabajo deben ser recompensados. Igualmente, desde que el mundo es mundo hay vagos aprovechados de su fuerza y su poder que usan su superioridad para vivir a costa de otros, y hay vagos, sin fuerza ni poder, que prefieren morir de hambre a enfrentarse a la vida y que, sin embargo, desarrollan capacidad para dar pena y vivir a costa de otros.

También es innegable que, a veces, la vida te sitúa en una posición en la que no puedes desarrollar tus habilidades por obligaciones, edad, enfermedad o… maldades no buscadas, pero que no pueden quedar atrás.

Y, a pesar de todo esto, que son verdades tan claras que cualquier persona normal lleva en su propio ADN, aún hay parapollas retorciendo la realidad para tratar de imponer una determinada ideología basada en un mundo irreal, manido por siglos de historia y errores que nos han ido convirtiendo, a todos, en seres antinaturales con derechos inalienables y egoístas, donde el yo y mis gónadas están por encima de todo, y donde el ser humano, el esfuerzo, el desarrollo y la recompensa de vivir se traducen en pagas y extorsión.

Recuérdenlo cuando voten, a quien sea, pero hagan una lista y piensen, que no es tan difícil.