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El cine que aborda la homosexualidad, masculina y femenina, en contextos musulmanes es escaso debido a la fuerte censura y los tabúes sociales. Las principales películas que exploran esta temática incluyen historias realizadas por lo común con limitaciones y censuras.

Hoy hablaré de: Tres mujeres (2026), de L. Bouzid; La hija pequeña (2025), de H. Herzi; A Jihad for Love (2007), de P. Sharma; y, Amal (2025), de J. Rhalib.

TRES MUJERES (2026). Dirigida por la cineasta franco-tunecina Leyla Bouzid, aborda de forma directa los secretos familiares y el amor lésbico en Túnez, retratando las dificultades que enfrentan las mujeres en la sociedad árabe actual para vivir libremente su orientación sexual.

La película de Bouzid aborda la homosexualidad, prohibida por ley en Túnez y castigada con hasta tres años de prisión. Organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado un repunte de las detenciones, con prácticas tan vejatorias como los “exámenes anales forzados”.

Se da también un aumento de las agresiones a activistas. Lilia (interpretada por Eya Bouteraa) tiene una vida muy distinta en Francia a la que puede mostrar en Túnez, algo que condiciona su relación con todos los que la rodean en esa casa.

Un mensaje es que las familias se construyen sobre lo que se dice y también sobre lo que todos prefieren no decir. Esto es algo que Lilia, la protagonista, descubre cuando regresa a su Túnez natal para el funeral de su tío Daly, encontrado muerto y medio desnudo en una calle.

Lilia irá descubriendo más detalles acerca de la vida y la “inconfesable” muerte de su tío (que era gay). Una situación que la llevará a tener que posicionarse respecto a su propia vida, para finalmente decidir qué quiere decir y qué no a su propia familia.

A partir de este suceso, la cineasta franco-tunecina construye una historia donde se abordan los secretos de las tres generaciones de una misma familia. Unos secretos tan poderosos que incluso atentan a la identidad de sus miembros.

Las diferencias entre Lilia, su madre (Hiam Abbas) y su abuela (Salma Baccar) acaban provocando la pérdida de control. Incluso ponen en juego la realidad de cada uno de los personajes.

Uno de esos momentos es cuando la joven les presenta a todos su novia (Marion Barbeau). “Ningún filme ha explorado todavía la homosexualidad en el territorio árabe y musulmán. No tiene representación”, denuncia Bouzid. El amor entre dos mujeres “ni siquiera se considera algo serio”.

Por su inevitable componente biográfico, la mirada de Lilia bebe mucho de la propia cineasta, que al igual que su protagonista también se marchó a Francia para estudiar y ve su Túnez natal desde lejos.

 

LA HIJA PEQUEÑA (2025). Lo peor que le puede pasar a una persona queer es que todos a su alrededor le digan que es gay antes de que ella misma lo haya aceptado. Especialmente durante la adolescencia, cuando apenas se tiene una idea clara de quién se es.

La cineasta franco-tunecina-argelina Hafsia Herzi, actriz convertida en directora, dirige su cuarto largometraje y desvela este fenómeno, narrado con gran emotividad y ritmo pausado.

La trama sigue a una futbolista musulmana, Fátima (sorprende debut de Nadia Melliti) a lo largo de cinco estaciones (desde la primavera de un año hasta la del año siguiente) mientras experimenta el amor lésbico por primera vez, y cómo, la sexualidad que poco a poco llega a afirmar y comprender choca con el dogma religioso del islam en el que fue educada.

El romance turbulento es con la estudiante de medicina Ji-Na (magnífica Park Ji-min), su primera pareja femenina. Es una relación que, al no prever las consecuencias ni las neurosis de la otra, no termina bien; aunque luego se corrija el rumbo de ese amor truncado.

Titulada en francés “La Petite Dernière” (La Pequeña Dernière), hace referencia a que Fátima es la menor y la última en nacer de entre sus hermanos. La película de Herzi comienza con Fátima lavando sus brazos morenos y musculosos y preparándose para la oración de las 5 de la mañana en el Islam, con el hiyab completo.

Es una actividad que ha convertido en algo privado, ya que los demás aspectos de la vida diaria de Fátima se asemejan a cualquier vida occidental. A pesar de comenzar con la ablución, la chica no es dogmática.

A sus diecisiete años, Fátima cursa su último año de bachillerato, preparándose para sus estudios universitarios en París. Participa en charlas escolares, fuma con sus compañeros y habla de sexo en el instituto, donde se lee el clásico de Oscar Wilde: "El retrato de Dorian Gray".

Fátima lleva una vida occidentalizada, incluso con su bulliciosa familia en casa, que ha adoptado las costumbres francesas sin perder las raíces de su herencia como inmigrantes argelinos.

Es refrescante que la familia de Fátima no sea especialmente estricta, aunque en una conversación al final de la película, la madre le previene de peligros sexuales en la calle. Pero la chica responde: "Yo les pegaré ", evidenciando una voluntad y una presencia física imponentes; incluso, parece delatar a algunos compañeros su lesbianismo.

Fatima crea un vínculo con una figura maternal, quien le habla sobre el sexo anal y abre la puerta a las posibilidades del mundo queer que la espera. Durante el verano, se siente atraída por Ji-Na, estudiante de medicina coreano-francesa, en un encuentro preparatorio.

Tras una noche aparentemente encantadora juntas (escenas con sonidos y sensaciones de los primeros besos lésbicos), Fatima sale de la habitación de Ji-Na y la encuentra confusa. Hay marihuana y benzodiacepinas, y Ji-Na le dice a Fatima que se vaya e insinúa alguna forma de trastorno mental que había escondido hasta entonces.

Adaptando la novela auto ficticia «The Last One», de Fatima Daas, la película de Herzi se esfuerza por demostrar que el romance de Fatima con Ji-Na fue una aventura apasionada e inolvidable, aunque con un imprevisto final inicial.

Cuando Ji-Na reaparece posteriormente, suplicando la reconciliación y pidiendo volver, la cosa de nuevo se hace intensa. Es una vuelta al amor lésbico intenso en un parque público.

Hay una secuencia conmovedora que muestra a Fátima, en plena adolescencia universitaria, en la oficina de un imán, al cual cuenta su problemática. El imán le recuerda que la homosexualidad es un pecado en el islam. Aunque quizás el sexo lésbico sea menos pecaminoso, ya que se trata solo de caricias y no de penetración, como en los hombres. Curioso.

La actuación reveladora de Melliti es sorprendentemente contenida y meritoria. La cámara de Jérémie Attard se detiene en el rostro de la actriz en momentos silenciosos donde se desliza entre lágrimas ante la amenaza imparable de que su propia represión (religiosa, autoimpuesta o de otro tipo) se desate.

La división de la película en cinco capítulos, el último, ambientado en otra primavera, es impactante y efectivo, con una narrativa de la transición a la adultez, que queda subrayada.

Pero sin duda, Melliti y Herzi logran una alquimia singular entre actriz y directora al contar la historia de otra persona, una historia que, en cierto modo, también refleja la suya propia.

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A JIHAD FOR LOVE (2007). Documental, dirigido por Parvez Sharma, es un referente histórico al explorar la compleja intersección entre la homosexualidad y el islam, incluyendo testimonios de musulmanes queer de diferentes partes del mundo.

Documental audaz filmado en doce países y ocho idiomas. El cineasta (musulmán) gay P. Sharma se ha adentrado en los lugares donde el silencio resuena con fuerza, filmando con gran riesgo, sobre todo en países donde no era posible obtener el permiso del gobierno para realizar esta película.

Este fue el debut de Sharma y el primer largometraje documental del mundo que explora las complejas intersecciones globales entre el islam y la homosexualidad. El director se adentra en múltiples mundos del islam, iluminando historias diversas.

Recorre un amplio arco geográfico, presentando vidas de India, Pakistán, Irán, Turquía, Egipto, Sudáfrica, Canadá y Francia. Filmando siempre en secreto y como musulmán, Sharma realiza la película desde dentro de la fe, retratando el islam con el mismo respeto que los personajes.

Salen a la luz vidas de homosexuales que luchan para reconciliar su sexualidad con su fe. La obra ilustra las vidas de gente valiente y determinada, que negocian una relación con el Islam.

Documental que recoge declaraciones de varios gais y lesbianas que se reconocen profundamente creyentes, lo cual que entramos en el drama personal de cada uno de ellos, que nos plantea sus dificultades para realizarse como personas.

Al ser verdaderos creyentes y no estar dispuestos a renunciar a su fe se produce un drama religioso que les hace buscar una respuesta en el Corán y en las interpretaciones que se hacen. Lo más difícil en esta búsqueda religiosa es superar la ortodoxia.

Así mismo sufren un drama familiar, especialmente en relación con sus madres a las que demuestran un profundo cariño, en todos los casos, correspondido, pero debido a las opciones de emigración forzosa se ven privados del contacto directo de ese amor.

Pero en todos ellos está el miedo que sufren en sus países de origen, por una sociedad que les amenaza si no cambian de vida con la muerte en nombre de un Dios que dicen que es Amor.

Las imágenes no son buenas debido a la gran cantidad de desenfoques y borrones que se aplican a la cinta para que muchas personas no puedan ser reconocidas por miedo a la represión que pueden sufrir, no solo los homosexuales, también sus familiares.

 

AMAL (2025). Dirigida por Jawad Rhalib, esta película se desarrolla en Bruselas y narra la historia de una profesora que ayuda a una de sus estudiantes musulmanas, quien es acosada y amenazada por sospechas sobre su homosexualidad.

Amal, imparte clases y dice a sus alumnos: “Alá no tiene ni voz ni voto en mi clase”. En las primeras conversaciones se habla de la pena de muerte, religión, yihadismo, racismo, intolerancia y discriminación, pero el filme focaliza rápidamente el conflicto entre el credo islámico y la homosexualidad.

Monia, una de las alumnas, acaba por declarar que es lesbiana y se desata una fiebre homófoba que afecta a los alumnos de diversas creencias, de forma más determinante, ante las convicciones frágiles, cuando no miserables, de algunos de los profesores.

Filme valiente y formalmente correcto, realizado en una Bélgica soliviantada por los fanatismos, del signo que sean. El director belga-marroquí Jawad Rhalib filma las encendidas discusiones en clase y muestra que los profesores tampoco se entienden en sus reuniones, así como la actitud cerrada y beligerante de algunos padres musulmanes.

Tanto la maestra como la alumna son amenazadas, la segunda por su orientación sexual, la primera por difundir en clase los textos de Abu Nawas, un poeta persa bisexual del siglo VIII. En un recorrido agrio, nunca se impone la tolerancia.

Con tema candente en el momento crítico, la película dice más de lo que pueden decir la mayoría de las películas europeas contemporáneas.