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“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

El cine de robos y atracos es por lo común violento y los perpetradores de estos robos son unos asesinos despiadados que no dudan en matar a cuanto se interponga en su camino.

Pero hete aquí que en la entrega de hoy me voy a referir a atracadores amables, ladrones elegantes, muy solventes en su oficio pero que son buenas personas y tienen un comportamiento exquisito y nada violento o, como mucho, se defienden del robo de terceros.

Las películas que trato son: El atracador perfecto (2022), de A. Ungar; La odisea de los giles (2019), de S. Borensztein; y The old man and the gun (2018), de D. Lowery.

EL ATRACADOR PERFECTO (2022). Película basada en hechos reales, obviamente teñidos de ficción. Pero lo que se vemos en la pantalla está inspirado en los hechos verídicos narrados en la obra “The Flying Bandit” del escritor Robert Knuckle. Está dirigida por Allan Ungar y cuenta las idas y venidas de Gilbert Galván, que robó casi 50 bancos durante un período de tres años, un récord en Canadá.

Comienza cuando Galvan (John Duhamel) fue encarcelado en Michigan (EE. UU.), pero se fugó, dirigiéndose al norte de Canadá y ocultando su verdadera identidad con el nombre de Robert Whiteman.

Galvan es un individuo amable, simpático, pero su condición de fugado le impide hacer amistades, hasta que conoce a Andrea (Elisha Cuthbert), una joven que trabaja en un refugio para personas sin hogar. Ella desconfía de los encantos de Robert (Gilbert). Pero finalmente sale con él y Andrea acabará embarazada.

Cuando Gilbert se entera, en uno de sus golpes, que va a tener un hijo, queda emocionado y entregado a la idea de tener una familia. Y para mantenerla vuelve con ahínco a sus atracos.

Gilbert tiene unas cualidades impresionantes para robar bancos, lo cual hace sin herir a nadie e incluso ganándose la simpatía de los cajeros y empleados/as de las sucursales. Es, en fin, es un ladrón inteligente y correcto que anhela mantener a su familia y vivir bien.

Al poco se alía con Tommy Key (Mel Gibson), un usurero, un tipo de apariencia bronca pero que es agradable en general. El prestamista Tommy lo convence para cometer atracos de envergadura. Pero sus golpes alertan a la policía y tendrá ingeniárselas para que no le atrapen.

La notoriedad creciente del protagonista y su manera de proceder provoca el interés del Detective Syndes (Nestor Carbonell), lo que dará pie a un juego del gato y el ratón entre ambos.

La dirección Allan Ungar es bastante precisa y mantiene la atención en un relato entretenido; igual el guion de Kraig Wenman, que sabe llevar una narrativa precisa para mantener el interés del espectador.

Buen reparto con Josh Duharnel como protagonista, convincente y audaz, incluso con vis cómica; muy bonita y expresiva Elisha Cuthbert, como su esposa; sensacional Mel Gibson como mafioso, un actor que es siempre un valor; Nestor Carbonell bien como el policía de pestañas llamativas.

La película tiene un tono agradable y por momentos tierno y romántico. Duharnel y Cuthbert forman una pareja con química, que se ven bien el uno junto al otro; son además personas venidas de familias desestructuradas e infelices infancias. Por su parte, Gibson tiene habilidad para profundizar y dotar de genuino sentido a la historia.

El “buen ladrón” es presentado en el filme de manera indulgente, lo cual resulta chocante o motivo de risa. Lo que salva al atracador es que nunca fue violento ni provocó ninguna víctima, ni siquiera porta armas.

Esto da para plantear cierto debate ético sobre si es lícito robar a una poderosa Banca que se lucra con la necesidad de sus clientes. De ser así, Galvan aparecería como un héroe, pues todos sabemos los beneficios de los bancos y todo eso, mientras aumentan los desahucios e impagos de hipotecas. ¿Estamos ante un Robin Hood? No, nuestro protagonista no reparte nada.

Tampoco hay remordimiento o arrepentimiento en él. En conclusión, es una película entretenida que roza lo que sería una cinta propia para TV. Pero tiene el valor de Gibson, por un lado, y la autenticidad de la historia por otra.

Más extenso en revista de cine ENCADENADOS.

LA ODISEA DE LOS GILES (2019). Sebastián Borensztein consigue con esta cinta una obra agradable y entretenida con un mensaje social que acierta a reflejar lo que fue la Argentina del “Corralito”, cómo los currantes, las clases medias y de ahí para abajo, mantienen el país con esfuerzo y tesón, PERO dominados por una gran casta de sinvergüenzas que mangonean a tutiplén. Como dice la copla de Carlos Cano: “esos gachós trajeaos que viven de na. Que lo roban, lo roban, con cuatro palabritas finas lo roban”.

Están narrados los acontecimientos por Fermín Perlassi (Ricardo Darín), uno de los protagonistas que viene a convertirse en la voz de muchos. Las palabras que abren la película dicen: "Según el diccionario, 'gil' es una persona lenta, a la que le falta viveza y picardía”. Aunque es sabido que el laburante honesto y gente que cumple las normas, termina siendo sinónimo de “gil”.

Un día, el abuso al que están acostumbrados los giles se convierte en una verdadera patada en los dientes, hasta decir ¡“Basta”! Esta cinta es un alegato a los sufrientes ciudadanos de cualquier lugar del mundo, pero con el subrayado de la ignominia que supuso en 2001 el cierre de los bancos a los ciudadanos argentinos: la nobleza del pueblo “versus” la voracidad y el latrocinio de quienes ostentan el poder.

En esos entonces un grupo de amigos y vecinos del pequeño pueblo de Alsina (Bs. As.) pierde todo el dinero que había conseguido reunir para reflotar unos viejos silos. Cuando descubren que sus ahorros volaron por la gran estafa perpetrada por un abogado y un gerente de banco, los giles deciden organizarse y pergeñar un plan para recuperar su dinero.

Llamativo guion de Sebastián Borensztein y Eduardo Sacheri, adaptación de la novela de éste último “La noche de la Usina” (premio Alfaguara 2016), libreto pleno de humor que sabe mantener el pulso en los momentos de mayor dramatismo, pero sin renunciar al tono gamberro del comienzo.

Se produce gran empatía del espectador con los pobres giles engañados; hay gags, chistes y diálogos muy graciosos y muy argentinos, desarrollados en clave tragicómica, un terreno en el que Borensztein se mueve con destreza.

Una película simpática, en un trabajo coral donde los villanos son malísimos; y entre los héroes de la función, un grupo de personajes encabezados por Darín, un tipo bueno duramente golpeado.

Gran reparto con Ricardo Darín a la cabeza (trabajo loable). Luis Brandoni genial, un señor que habla poco pero expresa sorna y dolor. Chino Darín (hijo de Darín) pasa bien el corte aportando una dosis de amor romántico. Especial mención merece el caricaturesco Andrés Parra como el malvado ladrón de pobres.

Comedia dramática, con pinceladas de thriller de atracos (robo perfecto), cine de suspense, western urbano que habla de la amistad y la solidaridad. Una cinta que deja un excelente sabor de boca, con un final de “justicia poética”.

Sugestiva la música de Federico Jusid junto a temas del rock argentino, como Luis Alberto Spinetta, Divididos u otros grupos. Buena la fotografía de Rodrigo Pulpeiro. Puesta en escena y montaje vertiginoso que se convierten en un slapstick criminal divertido y con bajo presupuesto.

Película que alterna gracia, guasa y chispa, y que nos obsequia con una trama fresca y ligera, que combina la intriga con la mirada social, a modo de fábula con mensaje. Película amable que reivindica la solidaridad y la nobleza.

 

THE OLD MAN AND THE GUN (2018). Película leve como la «levedad del ser» de Kundera, en la que Robert Redford hace su despedida actoral y del cine, supuestamente.

Es una cinta contra esta época nuestra de falta de educación y dificultades para encontrar una pasión absorbente en la vida. Contrariamente, el protagonista ladrón del film, Forrest Tucker, es un hombre pulcro, correcto, apasionado por robar y evadirse de la cárcel cuando lo pescan, vocacional y juicioso.

Hay igualmente otro aspecto que choca con el mundo actual donde los viejos no cuentan, son “invisibles” socialmente. Aquí es todo lo contrario, Tucker y amigos mayores forman la llamada “banda de los carrozas”, fichados y perseguidos, pero al menos alguien los tiene en consideración. Forrest es un atracador tan cordial y desinteresado, muy por encima de ladrón vulgar.

El director David Lowery, con un guion suyo, adaptación de un artículo del periodista David Grann sobre la historia del impenitente ladrón Forrest Tucker, teje una historia agradable, inteligente y simpática, con instantes de romance: el incansable y gentil atracador que nunca hirió a nadie, y que encuentra un amor otoñal.

El reparto y la película están sostenidos por un Redford icónico, uno de los actores más solventes de la historia del cine norteamericano, rostro surcado por el tiempo, de mirada azul y con aspecto de hombre sabio. Junto a él una Sissy Spacek con quien protagoniza escenas amorosas bellas e intensas. Sin olvidar la meritoria interpretación de Casey Affleck como el policía encariñado con el asaltante “carroza”.

La película es Robert Redford en su más amplia expresión. Muchos hemos ido a ver esta película por ser el adiós de un actor para la eternidad.

La cinta, a pesar de su tintura nostálgica, los adioses y todo eso, no renuncia al sentido del humor, que es un recurso importante en este testamento cinematográfico.

También creo ajustado decir que esta obra destila el aroma del cine independiente, del que Redford fue un gran defensor y todo un emblema para directores de este corte a través del Sundance Film Institute, el organismo creado en los ochenta para apoyar a nuevos directores.

La película cumple perfectamente este broche final de la carrera de Redford. Además, Lowery volvió a ver las películas más emblemáticas del actor antes de rodar esta, e incluye imágenes de archivo de otras cintas suyas, para recrear los atracos del Redford joven.

Esperamos los aficionados al cine que este cortarse la coleta, haya sido una ocurrencia que tiene margen para que lo volvamos a ver de nuevo.

Publicada en revista ENCADENADOS.