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Aquel verano del noventa y cinco, la movida empezaba a las seis de la tarde, las caravanas de salida de la playa se juntaban con las que llegaban a cenar en la ciudad, y algunos, aguantábamos en la arena hasta las nueve para salir a las doce de la noche y evitar alguna de las colas.

De Jerez a El Puerto la caravana comenzaba sus colas más allá de aquel recinto dedicado a la morsa marina, y viniendo de Cádiz, Puerto Real saludaba a la caravana de peregrinación festiva. Día tras día, noche tras noche, la Joy, la Pacha, la 05, la Blue Parrot, El Jardín, la botellona de la plaza de toros, los encuentros en la rivera, el Convento, el Calamon o el Periscopio, el Pub de Antonio o la Caja de Pandora y mil y un tinglado, dejaban la ciudad con más mierda que el culo de un mandril.



El ruido reventaba los decibelios, que, por cierto, creíamos que era una bebida de moda, la policía no daba abasto porque pastaba. Empezó la era locomotora, y El Puerto, imparable, siguió así hasta el siguiente milenio. Eran tiempo confusos, en donde partidos puros, devotos, moralmente intachables, por encima de la moral religiosa, divina y humana, ayudaban a gobernar (no olvidemos que Hernán se aupó la primera legislatura con apoyo del PSOE y se hundió en la cuarta con apoyo del PSOE), y eso porque con el PP no se llevaba bien del todo. Y así transcurrió la historia, hasta que a El Puerto, la locomotora de la bahía, llego el partido formado por los Heavy, los malos de Mad Max, gente sin moral, sin control, fomentadores de la locura, bolso incluido, perniciosa y soez.

Miles de jóvenes se dieron cita este agosto en Las Banderas para bailar al ritmo de los festivales.

Gente sin escrúpulos que venden a El Puerto al primero que quiere montar su empresa (otros al menos sacaron su piso a pie de playa tras permitir seguir aprovechando la costa, al más puro estilo comunista de Puerto Sherry, que largaron su famosa Arboleda Perdida, donde se la cascaba aquel marinero de secano Por un puñado de Dolares). Gente que no duda en conducir al infierno a la joven sociedad, alejándola de los sanos conceptos del Manolo cómeme el coño, o de los cursillos de libertad sexual mientras no sea heterosexual.

El jodido Puerto rebosa, al más puro estilo de Sodoma y Gomorra, apartamentos turísticos llenos, apartamentos cutres llenos, hoteles a rebosar, bares colapsados, playas con tsunamis (aun buscan gente en el río San Pedro) como reclamo turístico de una forma de gobernar que más parece de libertinos que de carcas de derecha…

En fin, que ojalá en las próximas elecciones vuelvan los Pussycat de siempre con sus cabalgatas de muñecos hinchables, sus trabajadores expertos en absentismo, sus placidas noches sin ruido (que para llevárselo calentito no hay que formar tanto escándalo) y los ciudadanos decentes podamos dormir a pierna suelta, mientras, pensando en los polvorones, tocamos la zambomba al ritmo del tres por cuarto… pero de momento, por desgracia… disfrutemos lo votado y living la vida local.