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Hubo un tiempo en que el ex alcalde de El Puerto Hernán Díaz quiso que la plaza de toros fuese de primera categoría. Canorea y Barrilaro acababan de entregar las llaves del coso tras un complejo litigio con el ayuntamiento, y el regidor portuense anunció que en el año 94 la plaza ascendería de categoría. Aquello quedó en un titular de prensa porque los más viejos del lugar reconocerán que los años de Fernando Gago en la presidencia dieron mucho que hablar.

Han pasado varios presidentes y presidentas desde la etapa de don Fernando, hasta llegar a esta temporada en la que dos señores, Rafael Carrero y Raúl Capdevilla se han encaramado al pódium de la incompetencia para presidir festejos taurinos en plazas de segunda categoría. Si durante los días precedentes la concesión de orejas y vueltas al ruedo de reses fue la tónica habitual, lo de ayer se convirtió en el esperpento en su máxima expresión. Sabemos que el reglamento dice que la primera oreja la concede el público. Pero también dice que a los toros no se les debe tapar la salida en el caballo; que los avisos se darán a los diez, trece y quince minutos del inicio de la faena; que los espectadores permanecerán sentados durante la lidia…

Juan Ortega. / Bellido

Ayer hubo una puerta grande muy baratita. A pesar de que Juan Ortega está ungido por el don del arte, en una plaza donde se presume de la famosa frase de Joselito El Gallo no se puede salir a hombros por ejecutar una tanda de naturales en el ocaso de la faena, que por otra parte, fueron excepcionales. ¡Pero si es que no sonó ni la banda! Si llega a interpretar la cacareada Concha Flamenca, Ortega le corta el rabo al toro. [Los clarines del Reino: Juan Romero Viñas y Juan Antonio Tur Castro]




Pero para baratija la orejita de Manzanares ante el cuarto de la tarde, quinto en orden porque por delante actuó el rejoneador Ribeiro Telles. Ya dije en su primera actuación que el diestro alicantino no pasa por su mejor momento. Se le ve superado en el ruedo, aunque a su favor hay que decir que no tuvo suerte con los toros que le cayeron en suerte. Pero cortar una oreja por estar porfión y abusando del pico de la muleta con un toro que presentaba cierto peligro no hace más que certificar que en el palco se sienta un filántropo con unos vagos conocimientos de la tauromaquia.

Por su parte Pablo Aguado que ya dejó destellos de su calidad en sus actuaciones anteriores, recibió con el capote a su primero ejecutando verónicas de ensueño, arrastrando el percal a cámara lenta, parando los relojes, aunque el del señor presidente se paró desde que lo nombraron. Con la muleta anduvo muy torero con desplantes que rememoran el gracejo sevillano de Pepe Luis y Pepín Martín Vázquez. Intentó salir por la puerta grande cortando la oreja que le faltaba en el último de la tarde noche, pero aunque alargó en demasía el trasteo muleteril, el fallo con los aceros impidieron esa foto tan repetida de los toreros con el mayoral a hombros por la puerta real.

Ribeiro Telles. / Bellido

Aunque a la plaza de El Puerto asiste una masa de público que se conforma con muy poco, también cohabitan muchos aficionados que no se manifiestan porque no llevan pañuelo en el bolsillo ni vociferan como si les fuese la vida en premiar con orejas las faenas. Si se pudiera contabilizar los que están a favor y en contra de la concesión de trofeos nos llevaríamos una gran sorpresa. Lo vivido estos días en el coso portuense merece una gran reflexión. En principio, la autoridad competente que nombra a los presidentes los debe enviar al rincón de pensar. Al igual que pasa en el fútbol con los árbitros, los debe mandar al congelador. Alguien debe asesorar a la autoridad para que los que ocupen el palco de una plaza con la solera e historia como la plaza real, dignifiquen el cargo y por consiguiente, la categoría de la plaza.

Los presidentes deberían aparcar el postureo y ejercer verdaderamente el cargo. Presidir una corrida no se limita a sacar el pañuelo. Deben estar atentos a cuanto acontece en el callejón y en el ruedo. Ayer una vez más se pudo observar cómo los subalternos impedían que las mulillas engancharan al toro para que la petición subiese de decibelios. Habría que proponerles para sanción. Igualmente no vendría nada mal que ordenasen mayor diligencia al tiro de mulillas a la hora del arrastre del toro. Pero no, al parecer la única orden que dio el usía fue que la banda interpretase el himno nacional al iniciarse el festejo.

Cuando Paquirri estaba en el quirófano de la plaza de toros de Pozoblanco, y consciente de que llevaba un cornalón, y que aquella enfermería era un botiquín de playa, tuvo la sangre fría y la serenidad para decir estas palabras: “Doctor, la corná es fuerte, tiene dos trayectorias. Una pacá y otra pallá. Así que abra todo lo que tenga que abrir y lo demás está en sus manos”. Tome buena nota señora Delegada del Gobierno. La corná tiene dos trayectorias: Carrero y Capdevila. La plaza real está en sus manos. No deje que se desangre como le pasó al malogrado Paquirri.

 

FICHA DE LA CORRIDA

Un toro de Murube despuntado para rejoneo. Seis toros de Juan Pedro Domecq, correctamente presentados, faltos de raza, sosos y descastados. Casi media entrada.

RIBEIRO TELLES: Bajonazo contrario (oreja).

MANZANARES: Estocada desprendida (ovación y saludos); estocada (orejita del veraneante de Sevilla).

JUAN ORTEGA: Pinchazo y estocada (ovación y saludos); estocada caída (dos orejas del paisanaje).

PABLO AGUADO: Estocada algo tendida (oreja); dos pinchazos, media estocada y tres descabellos (silencio tras aviso).